14 de mayo de 2008 | | 2 comentarios

Sin secretos

Las buenas canciones perduran en el tiempo, se enredan en la memoria del oyente, superan la indiferencia de los medios y se transmiten mediante el boca-oído, premian a sus autores con la gloria de haber hecho feliz a algún oyente, o a miles...

Eso pone en el libreto de la edición especial con motivo del 30 aniversario de Los Secretos que hoy me llevo a casa para escucharlo en los ratos tontos en los que entre hoja y hoja, bostezo y bostezo, se me vaya el santo al cielo.

Cierto es que en mi memoria, hay momentos que sólo caben en una canción de Los Secretos, y que en su inmensa mayoría son atisbos tristes del pasado, lógico si tenemos en cuenta la línea melancólica del repertorio del grupo. Pero mi teoría es que son canciones de las que te hacen tocar fondo para luego resurgir de tus cenizas y poder pasar a otras notas más animadas, una especie de transición musical para la superación de dificultades. Algo similar me pasa con Revólver.

Me hubiera encantado ver en directo al grupo original, pero he tenido que conformarme con ver en acústico a la formación que, desde el fallecimiento del alma del grupo, lidera Álvaro Urquijo. Excelente concierto, buenísimo sonido en el Conde Duque en el 2003, pero sin Enrique, algo descafeinado.

Son 4 CD's entre audio y video, pero voy a empezar por buscar qué corte hay que poner para que cuando monte en el coche suene Cambio de planes.

13 de mayo de 2008 | | 4 comentarios

Pasapalabra

Considero, modestia aparte, que no tengo un vocabulario pobre, pero lo cierto es que muchas veces leo y me doy cuenta de que en castellano, aun siendo nuestra lengua materna, puede pasarnos como con otro idioma que no manejemos a la perfección, que eres capaz de leer y entender ciertas palabras que, sin embargo, nunca utilizas, bien porque no te vienen a la cabeza, porque son excesivamente antiguas, o porque si se te escapan, corres el peligro de que nadie te entienda y te mire con cara de ¿mande?, excepto cuando tu interlocutor es un cultureta digno de que le otorguen sillón en la RAE y tienes que andarte con cuidado de recordar y emplear en la conversación el máximo de palabras en desuso para estar a la altura.

Hace poco me ví envuelta en una de esas conversaciones bibliotecario-cenutrousuario (va por
frikitecaris) que quedan para el anecdotario. Una adolescente de aproximadamente 14 años, leyó en la carátula de un DVD que iba a llevarse en préstamo, que esa película era una visión mordaz de no sé qué cosa...la chica me preguntó ¿qué es mordaz? y en ese momento se activaron conjuntamente el María Moliner que llevo dentro y el orgullo opositor de no fallar la respuesta bajo ningún concepto.

- ¿Mordaz?...estoooo...¿sabes lo que es irónico?
Gesto negativo con la cabeza
- ¿sabes lo que es sarcástico?
Gesto negativo con la cabeza
- ¿y satírico?
Gesto negativo con la cabeza

En ese momento yo estaba por decir pasapalabra, pero no quería que la muchacha se quedara con la duda, así que lo intenté por la vía simple, la definición inventada sobre la marcha.

- Algo contado con un humor muy fino, con un punto de maldad.

La chica asintió tímidamente, cogió su DVD y se fue, no sé si entendió algo en ese momento o si tuvo que ver la película para comprender el significado de la palabreja en cuestión.
Luego me asaltaron las dudas de no saber si yo con 14 años sabía el significado de aquellas palabras o si por el contrario, las nuevas generaciones vienen sin el disco de expansión de vocabulario mínimo necesario para desenvolverse en la vida. También me arrepentí de no haber sacado el carácter que precisan estas situaciones, haberme recolocado las gafas, reajustado el moño y haberle dicho que ya que estaba en la biblioteca se dirigiera a la estantería donde crían polvo los diccionarios.

Tuve mis razones para no hacer ese movimiento, de lo contrario, me apuesto lo que quieran a que hubiera tenido que enseñarle in situ cómo se busca en uno de esos libros gordos que vienen ordenados por orden alfabético, o peor, no hubiera aceptado acompañarme en esa aventura del saber alegando que prefería llegar a casa y buscarlo en Internet.

10 de mayo de 2008 | | 0 comentarios

Testamento vital

Amén de los desagradables enfrentamientos que se han producido en el blog, esta semana he asistido al milagro de Lázaro, ese de levántate y anda.
Después de una estancia hospitalaria, alguien que había dado por perdida su calidad de vida debido a una dolencia que le impedía dormir, andar o subir una escalera sin que ello no fuera un acto de sufrimiento, ha vuelto a sentir que su cuerpo vuelve a ser en parte lo que era gracias a la neurocirugía. Últimamente estoy que canto loas a la sanidad pública.

Sin embargo, las horas de pasillo en un hospital dan para mucho. Conocí a una mujer de 40 años, editora de una famosa revista para mujeres, que había sufrido un repentino mal del que se había salvado milagrosamente con el extraordinario mérito de no haber visto mermadas sus facultades, algo casi inexplicable para los médicos.

Conocer a esa mujer, un caso que podría ser cualquier otro, verla sobrellevar una situación refugiándose en la ironía para no desesperar, me ha recordado que llevaba ya algún tiempo dándole vueltas a lo del testamento vital.

No es que esté pensando en posicionarme ideológicamente. Por norma general, estoy a favor de todo aquello que suele provocar controversia en la sociedad y que tiene como fin que cada uno pueda elegir qué hace con su vida y con su cuerpo. Si no que estoy pensando en la seria posibilidad de tramitarlo.

Me gusta ser muy cuidadosa con ciertas cosas hasta el punto de que me gustaría tener controlado todo aquello que pueda afectar a mi persona. Tener por seguro que en caso de una mala situación, nadie va a tener la responsabilidad moral de decidir por mí, librar de esa carga a familiares y amigos anticipándome a las circunstancias.

Lo que me frenaba hasta ahora era la idea de tramitar algo sobre lo que no tengo conocimiento real, por lo general tenemos el conocimiento implícito de la muerte, pero ésta no entra en nuestros planes y por eso resulta complejo firmar las condiciones en las que uno no querría seguir viviendo.

Ver a esta mujer me ha hecho ver que la cruda realidad es que no siempre hay una suerte inaudita para todos, que estar en perfectas condiciones hoy no exime a nadie de verse sorprendido y que aunque uno no suela imaginar su muerte como parte de su vida cotidiana, mucho menos imagina quedar en un limbo sanitario y legal en el que poco o nada se pueda hacer.
No creo que el testamento vital tal y como está legislado sea la panacea, pero la realidad es que, por ahora, es el único trámite que nos ampara.

8 de mayo de 2008 | | 9 comentarios

Blablabla

No soporto la indiscreción. Me pone mala que un amigo (nº 1) que es a su vez amigo (nº 2) de otro amigo (nº 3) me cuente lo mucho que se han reído los amigos nº 1 y 2 con los detalles de una conversación que mantuve con el amigo nº 3 y en la que yo sepa, ninguno de los amigos nº 1 y nº 2 estaban presentes. ¿Fenómeno telepático?, no, más bien fenómeno indiscreto. Debería cantarme una de Alaska...¿a quién le importa?...pues a mí, que no lo soporto y se me hincha la peligrosa vena de estar chinada.

6 de mayo de 2008 | | 3 comentarios

Buenas causas

No se me ocurriría hacer campaña para convencer a nadie de algo de lo que yo no estoy absolutamente convencida y aunque los usuarios de este blog puedan contarse con los dedos de las dos manos (contando con activos y pasivos, eso creo), no voy a desdeñar la oportunidad de servir a un fin social.

Yo, donante activa, que cumplo cuando puedo con el ritual de donar cada 3 meses y no pierdo la oportunidad de convencer a los que me rodean de que la donación debería convertirse en un deber ético, acabo de volver a recibir la noticia de escasez de sangre que me llega cada pocos días por mail, sms o cualquier tipo de soporte publicitario.

Entiendo las fobias, el mal trago, las circunstancias de cada uno, pero no entiendo a esas personas perfectamente sanas que van periódicamente a hacerse un análisis de sangre para conocer su estado de salud y no son capaces de hacer exactamente lo mismo por el bien de otros pacientes enfermos que puedan necesitarlo.


Acabo de leer, otra vez, que los bancos de sangre están bajo mínimos en la Comunidad de Madrid, que se están demorando operaciones por ello y lógicamente, aunque la noticia haya perdido impacto debido a su repetición cíclica, me ha pillado en ese momento delicado en el que la misma donación que yo hago periódicamente con el simple ánimo de ser solidario con un ciudadano anónimo, me gustaría que se revirtiera mañana en una persona próxima en caso de necesidad.

Piénsenlo, sólo son 15 ó 20 minutos de su tiempo para una buena causa.

4 de mayo de 2008 | | 6 comentarios

Hablemos de...

Me había pertrechado de cosas para el fin de semana y al final lo que más me ha absorbido ha sido una serie que no había pensado ver y un libro que no había pensado leer.

El libro Sexualmente reúne anécdotas sexuales de una conocida presentadora, Nuria Roca. Un libro de los que se leen apenas cuentes con una neurona despierta, facilito, de los de pasar hojas rápido porque ningún capítulo excede de las dos páginas.



Nuria habla en primera persona en todas las historias sexuales, así que queda en manos del lector imaginarse que todas las virguerías y experiencias son de cosecha propia. Si así fuera y como diría un amigo mío y poniéndome un poco brutita y en la línea narrativa que sigue Roca, esta muchacha tendría más vicio que la sábana de abajo. Lo que me queda claro después de leerlo, es que esta chica tan mona y correcta que ha querido dar la campanada editorial con un manual de "todo lo que cabe en el sexo es normal y más si lo hago yo" no es que esté muy liberada, sino muy leída y documentada, que no es lo mismo.

Además de eso, con la cantidad de series que hay, el blog Espoiler de Hernán Casciari en El País es un buen lugar para escoger alguna serie nueva que ver aparte de las fijas, sobre las que algún día haré mi particular top ten.

Una de ellas, Tell me you love me, me llamó la atención y como se bajaba en un pis pas, ya casi voy por la mitad de una serie de temporada única, lo cual me asegura que el enganche no va a ir más allá del último capítulo. Hace ya tiempo que vi Californication, una serie que los americanos prometían como una apuesta sexual arriesgada. Lo cierto es que la serie está bien, y el registro de Duchovny me encanta, pero el resto es puro márketing, nada comparado con ésta.



Tell me you love me trata sobre 4 parejas que por diversas circunstancias se enfrentan a una crisis y acuden a una terapeuta de parejas. El guión está muy bien, con historias independientes lo suficientemente amargas como para pensar que pueden ser reales como la vida misma, en las que destaca el alto, explícito y muy abundante contenido sexual, lo que hace que esta serie no sólo hable de las relaciones de pareja sino que también las muestre.



Unos vuelven de viaje y otros llegamos al fin de un puente que nos ha sabido a poco. Qué quieren que les diga, la verdad es que no hay ninguna gana de poner un pie en el lunes. A partir de esta semana y por diversas circunstancias, dosificaremos los ego-post. Ya les contaré.

2 de mayo de 2008 | | 1 comentarios

Elegy

Vi Elegy, la película de Isabel Coixet que tenía tantas ganas de ver, en V.O. tal y como recomendaba mi particular guía del ocio.

Me he rendido a los pies de la directora catalana que me hizo llorar tanto con Mi vida sin mí. Me he rendido al cuarto oscuro de la casa del Profesor Kepesh, a su forma de coger el rostro a una mujer para besarla y sobre todo, me he rendido a los pies de Ben Kingsley, a su cabeza de modelo perfecto para esculpir un busto de bronce, a su elegancia impecable que le hace merecedor de todas las conquistas que quisiera atribuirse y que yo me creería.

Consuela, a ratos bellísima y a ratos físicamente imperfecta según lo precise el guión, me ha reconciliado con Penélope en este registro donde aporta la madurez de la que Kepesh no está dotado hasta que el animal moribundo no desarma su coraza.

La vista a otro lado para no sufrir, el camino que se sigue sin mirar atrás, el abandono del dolor como si fuera ajeno a nosotros como forma de supervivencia, la renuncia a lo que puede darnos la felicidad suprema porque conlleva el riesgo de perderlo. Esa mirada de Kepesh es un recordatorio de la inseguridad que lleva implícita la condición humana ante la que cada cual debe adoptar la actitud que más le compense.
La de Consuela, por el contrario, es de esas miradas que amarran a los que huyen.