31 de octubre de 2008 | | 2 comentarios

Variedades

Realmente no es que tenga mil motivos para no aparecer por aquí, si no simplemente dos: el estudio y el trabajo. Queda un hueco mínimo para otras cosas y algún entretenimiento ha de quedar relegado, esta vez le ha tocado al blog, para desgracia de los amantes de Sibelius en las inmediaciones de Pintor Rosales.

El hueco mínimo aún guarda ratos para el cine y para la poesía. Lejos quedan las series y la media de películas ha bajado sustancialmente, aún así, se me amontonan unas cuantas bajo el epígrafe
¡¿no me digas que no has visto la de...?! que últimamente se repite más de lo que quisiera, dejando al descubierto las lagunas que anteriormente podía, mal que bien, disimular. Son los efectos de frecuentar la compañía de un cultureta. Aún así, he visto cosas: Quemar después de leer, a lo Coen, Il y a longtemps que je t'aime, soberbia Kristin Scott Thomas y El niño del pijama de rayas, bonita pero sin llegar a la lágrima para la que suscribe, que no ha leído el libro.

Por otro lado está la poesía. Para disfrutar de ella en profundidad se necesita tiempo y tranquilidad, factores de los que ahora mismo no dispongo, así que sufro en silencio las consecuencias de no estar a la altura en la lectura que precisa Rilke o los simbolistas franceses que vendrán. Aún así, no me doy por vencida y sigo persistiendo en el intento desesperado de adaptarme a las circunstancias.

Como nunca está de más ver lo que la poesía pueda dar de sí en su modalidad escénica, el sábado 25 me fui a ver en compañía de poetas y no poetas a Gracia Iglesias, dentro del ciclo Poesía en escena organizado por el Centro de Estudios de la Poesía de Sanse. Ella misma aporta la crónica en su
blog.
Mientras el invierno sigue abriéndose paso a través del otoño, me quedo pensando en la cena japonesa que me espera esta noche, en la celebración familiar y en la visita nocturna al sur de la capital que me espera mañana para brindar por esos nuevos techos que esperamos sean capaces de soportar lluvias como las de estos días. Pienso en eso y en algún futuro viaje que ya va tomando sabor a vino tinto y por qué no...en quedarme encerrada durante unas horas entre cuatro paredes vacías.

27 de octubre de 2008 | | 0 comentarios

Réquiem por un móvil

No sabes cuánto te importa algo hasta que te lo quitan...un axioma con una connotación sentimental que bien puede extenderse a los elementos materiales que nos rodean y con los que mantenemos una feliz dependencia unilateral día a día.

Yo he tenido esa sensación cuando he dado por desaparecido mi móvil en extrañas circunstancias. Pudieran ser mis dedos dejándolo caer en cualquier abismo oscuro, una indeterminada mano negra deslizándose en mis pertenencias o lo más probable, la combinación de ambas: un desafortunado descuido y una persona en su día de suerte.

La necesidad y la dependencia se crean día a día, incluso con un teléfono móvil. Cada día lo alimentas con un poquito más de ti, al principio sólo llamas o escribes mensajes, pero más tarde acaba siendo un almacén inagotable de números, notas, mensajes, recordatorios, grabaciones y fotos. Todas ellas irreemplazables.

Con mi móvil se ha ido todo eso. No me preocupa el aparato, que dicho sea de paso, era estéticamente muy bonito y tecnológicamente muy bueno, ya que puede ser más mal que bien reemplazado. Tampoco me preocupa pasar unos días incomunicada, aunque ese tema esté solucionado gracias a la celeridad de las compañías telefónicas. Me duele el montón de mensajes que no podré releer, las fotos que no descargué a tiempo, la agenda que siempre tenía pendiente de hacer la copia de seguridad...y no tienen que decírmelo porque lo sé, no cuidar todo eso ha sido toda una inconsciencia por mi parte, pero así soy yo, dentro de mi programación, aún mantengo parcelas descuidadas.

Ahora tengo que adaptarme a un nuevo aparato y ando recopilando la información que está en mi mano. La otra, la información de valor incalculable que alguien habrá reseteado sin que le temblase la mano, estará flotando en ese terreno inhóspito al que van a dar los datos de soporte inestable.

22 de octubre de 2008 | | 3 comentarios

New York vs. Madriz

Está claro que, te guste o no, a Nueva York hay que reconocerle su mayor característica: ser "la ciudad" por antonomasia y es cosa frecuente que a veces me parezca que es la última estación inaugurada por el metro de Madrid por la cantidad de gente que conozco que ha pasado por allí. Sobre todo en los últimos dos años.

Nada es comparable y puede que la Gran Vía no sea Broadway, espejismo de neones y espectáculos, allá donde casi todos los turistas recalan para ver un musical a lo grande con entradas compradas en el último minuto a precios asequibles. Así que para aquellos viajeros de ultramar que se quejaban de que una fórmula así no existiera en España, ahí va un
enlace para tener en cuenta.

Porque a veces las buenas ideas también sobrevuelan el océano y recalan en el espacio intermedio que une a Europa con África.

20 de octubre de 2008 | | 1 comentarios

Los amigos de mis amigos son mis amigos

Es probable que llegue tarde aun fenómeno del que ya se ha hablado mucho, pero en el que hasta hace poco no me he visto inmersa. Sabía de Facebook lo imprescindible, que es una red social que te permite acceder a la información de todo aquel que se registre y que a su vez, te dé permiso para acceder a su página y que además, muestra los vínculos de todos las personas que tenga vinculadas y así hasta el infinito...una enorme tela de araña.

Visto así, la verdad es que no me apetecía mucho meterme en más rollos. Ya bastante hay con los blogs, con los blogs que se conocen a través de otros blogs y que al final enganchan como si fueran escritos por amigos tuyos de toda la vida a los que en realidad no conoces más que de leer sus quehaceres diarios, ver sus fotos de flickr y leer sus comentarios de twitter...al final como empieces a enlazar se convierte en un vicio y no acabas nunca, siempre hay alguien con algo interesante que contar.

Así que aunque al principio me resistí, cuando recibí el cuarto o quinto aviso de algún amigo que se registraba en Facebook, decidí darle una oportunidad. Como siempre, si quieres acceder a la información tienes que pasar por el trámite de registrarte, así que de repente he podido comprobar lo que es de verdad una red social y, aunque parezca exagerado, he sentido vértigo. No sólo debido a que de primeras puedes conocer a un montón de gente, sino a que casi sin indagar puedes encontrarte hasta con la última persona que no esperabas encontrarte sobre la faz de la tierra.

Coincide además que en estos días he tenido alguna conversación con alguien que discrepaba de las virtudes de Internet como una fuente poderosísima de comunicación e interrelación. Efectivamente, nadie puede quitarle mérito a su capacidad para poner en contacto a muchas personas a través de una pantalla, pero ¿qué hay de cierto en esas relaciones? El mejor ejemplo lo he encontrado en Facebook, en el comentario de una antigua compañera de instituto en la página de una amiga mía "qué bien encontrarte por aquí, cualquiera diría que vivimos a 300 metros y nos nos vemos nunca".

Juzguen ustedes mismos...¿son reales esas relaciones? ¿qué hay más allá de la curiosidad que nos puede suscitar mirar por un agujero, a modo de Gran hermano, lo que puedan hacer otras personas a las que realmente nos nos uniría nada si no fuera por un encuentro casual en la red?

Sinceramente, creo que en un alto grado, son relaciones que en la vida real jamás mantendríamos. De hecho, es muy probable que nos dé por ver las fotos que haya colgado alguien al que si nos encontrásemos en la calle, apenas dirigiríamos un tímido hola, por lo que da la impresión de que Internet acaba siendo un universo paralelo, diferente al que habitamos cada día, como si a todos nos permitiese tener una doble vida.

16 de octubre de 2008 | | 3 comentarios

Las prisas

Reconozco que desde hace mucho tiempo llevo a gala la alta rentabilización que le saco a las horas del día. Hace mucho que no sé lo que es perder el tiempo y aunque repito mucho eso de hay tiempo para todo si uno se organiza, no hay tiempo que perder o tengo que recuperar el tiempo perdido...empiezo a echar de menos tener unas jornadas más holgadas, poder elegir qué hacer o no hacer sin tener posteriores cargos de conciencia.

Sobre todo me doy cuenta de la mella que ha hecho en mí la cuadratura diaria a la que me someto cuando alguien me hace perder el tiempo. Puede parecer exagerado, pero el hecho de sacar tiempo de donde no lo tengo para acudir a una cita, que alguien me pida que aguarde durante un buen rato para posteriormente hacerme saber que he ido hasta allí para nada me cabrea, y sé que cabrearía a cualquiera, pero ya ni me molesto en tomármelo con filosofía.

Dicen que hay muchas razones por las que persistir en el objetivo, pudiera ser el objetivo en sí mismo, el dinero, la seguridad, la satisfacción.
Pero sobre todo, señores, hay un motivo por el que esto tiene que acabar como tiene que acabar: poder dejar de administrar de forma tan exagerada el tiempo.

12 de octubre de 2008 | | 1 comentarios

Los Secretos

Se podían haber quedado sobre el escenario Manolo García o Sabina o Fito. Se podían haber quedado tranquilamente y nadie se hubiera quejado del cambiazo, o sí, porque las entradas se agotaron en nada y estaba todo vendido y cuando se dice vendido se refiere a que al parecer no tuvieron que regalar un cuarto de aforo de la plaza para que aquello luciera como lució: lleno hasta la bandera con una media de edad que puede contar algo sobre la movida madrileña y no sólo de oídas.

Comenzaron con el obligado homenaje dentro del homenaje. Difícil era hacer un concierto aniversario y que la figura de Enrique Urquijo no planeara sobre el escenario, el coso y la grada, de ello se encargaron las imágenes proyectadas y las letras, que ahora tienen otra voz, pero que siempre tuvieron otra alma: nostálgica, triste y tan profunda que ha arraigado en el tiempo como sólo pueden hacerlo los buenos temas que acogen en su estribillo un puñado de sentimientos universales.

Enrique Urquijo podría haber estado allí, pero la vida es así y a los seres atormentados que son capaces de crear mientras intentan salir del hoyo, se los lleva para que lo que perdure sea su esencia desgarrada e introvertida. La posibilidad de que Enrique fuera hoy un compositor acabado y alejado de los escenarios sería motivo para que a más de uno se nos rompiera el corazón. Hay que creer en la muerte a veces, en la muerte digna acorde con la vida que se haya vivido, no lo digo yo, lo dice Rilke.

No me podría quedar con un solo tema, porque siempre queda algo que no he escuchado de Los Secretos, alguna canción inédita que no me llama la atención por su ritmo sino por su letra No creo que sea fácil perdurar 30 años con un éxito aceptable, sin caer en el ridículo, sin anclarse en los orígenes, adaptándose a las pérdidas. Así que gusten o no, tienen un mérito indiscutible.

10 de octubre de 2008 | | 5 comentarios

00:00 Viernes

Siete horas de sueño, siete horas de trabajo, siete las horas que debería dedicarle al estudio y que se quedan en poco más de la mitad, no he visto la semana, el cuerpo se acostumbra a todo, ya te queda nada, ¿tienes fecha?, cómo se nota la crisis, dicen los economistas ingleses..., me encantan tus ojos, Rilke nació en Praga, ¿por qué vas siempre en pijama?, este trabajo no me hace feliz, desde que no nos vemos, ¿tú tienes claro lo que quieres ser?, busco el Guardián entre el centeno, no puedes ir corriendo a todas partes, te comía, qué ganas tengo de que apruebes, la cinta de correr suena raro, qué bien te quedan los vaqueros, tengo que retocar esas poesías, necesito comer chocolate, qué frío hace en este lugar, tengo que fotocopiar el tema del poder judicial, voy a cortarte el pelo en capas más cortas, tenemos que darte una buena noticia, quiero una cocina como ésta, resérvame la elegancia del erizo, ¿cómo llevará el día?, el cuerpo aguanta lo que le eches.

7 de octubre de 2008 | | 1 comentarios

Invierno

Pues sí, ya tenemos aquí el invierno y ya sé que hay a quien le encanta poner las manos alrededor de una taza de chocolate caliente, arroparse bajo la manta, cantar bajo la lluvia, tirarse bolas de nieve, todo ello muy poético...pero definitivamente, no es mi caso. Se me congelan los pies y las manos y aunque no sea una frase para analizar morfosintácticamente, como bien dice Pereza, con los pies fríos no se piensa bien...en fin, admitamos que en Madrid el frío es desagradablemente seco, casi nunca llueve, casi nunca nieva, como mucho hay que conformarse con algo de viento recién sacado del congelador. Y la oscuridad...porque otra cosa no, pero levantarse con luz da otro rollo al comenzar el día, pero esta estrecha franja de luz entre las 10 y las 6 de la tarde a mí me sabe a poco.

Por las noches no hay problema. Me he comprado un nórdico de tamaño matrimonio bajo el que podrían dormir 7 que ya he he estrenado por mucho que mi madre me diga que soy una exagerá y que voy a criar pollos...me levanto sudando, pero bien calentita oye.

Supongo que a medida que pase el tiempo y entremos oficialmente en el invierno todo tomará un cariz más agradable, pero es que ahora, en ese intervalo en el que uno ve que debe abandonar la gabardina pero tampoco sabe cuando ponerse el abrigo, coincide que estoy pelada de frío porque en los edificios públicos no se pone la calefacción hasta noviembre. Así que aquí estamos, aguantando el tirón con varias capas. Esperando encontrarle el puntito romántico al frío.
Menos mal que hay quien me comprende y que este invierno creo que tendré quien me caliente las manos...

1 de octubre de 2008 | | 0 comentarios

Postales de Moscú

He de admitir que este verano he acabado un poco decepcionada. La estadística de postales recibidas ha caído drásticamente. No sé si es que mis amigos han viajado poco o que yo no he hecho los pertinentes recordatorios antes de que partieran hacia tierras lejanas y ciudades desconocidas, pero el dato es negativo.

Está claro que es mucho más rápido mandar un mensaje multimedia y que da cierta pereza comprar una postal, escribirla y entenderse en algún idioma extraño para comprar un sello. Casi puede ser tildado de pasado de moda, pero el espíritu de la postal que recorre medio mundo hasta llegar a tu casa, no es comparable con nada.

Me he acordado esta mañana al abrir el buzón y toparme con la última y casi única postal del verano. Una bonita estampa de la Catedral de San Basilio de Moscú, uno de esos edificios de cúpulas coloridas que dan ese aspecto único a la Plaza Roja, aunque seguidamente, en el breve texto, el remitente me explica que la postal no se envía desde allí sino desde otra de las paradas del viaje: San Petersburgo, antigua Leningrado.

La nota curiosa la pone el manejo del ruso que ha debido adquirir mi querido amigo para que la postal llegase a su destino. Además no es la primera vez que pone su ingenio a disposición del servicio de correo, puesto que hace años quiso cumplir su promesa de enviarme una postal de Cuba y al no recordar el número de portal en el que vivo, utilizó el espacio para indicarle al cartero dónde se encontraba exactamente, algo así como: Avenida X, nº no me acuerdo, pero es el portal que está entre una agencia de viajes y una tienda de cocinas y en la esquina hay una tienda de frutos secos. Para rizar el rizo, añado que vivo en una avenida que fácilmente tiene 50 números.

Ni qué decir tiene que me quedé perpleja cuando ví que la postal llegó sana y salva a su destino, de hecho, prometí no hablar nunca mal del sistema de correos. He estado buscando esa postal porque, indudablemente, se merecía un post, pero debe ser de esas cosas que uno guarda tan bien, que luego no es capaz de encontrar.

Si alguna vez aparece, prometo mostrarla.