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22 de diciembre de 2011 | | 2 comentarios

Un final...

¿feliz? ¿Cómo en las películas? - Podría ser.

Hasta donde sé, el tiempo es el que marca el ritmo de nuestras vidas, la mayoría de las veces de forma vertiginosamente increíble, por ello, la frase más oída de los últimos días del año puede llegar a ser ¿pero cómo se ha podido pasar tan rápido? Un año es un año, muchos días, muchas noches, muchas horas de trabajo y de esperar a que pase el tiempo...un año tras otro y el tiempo vuela, otra vez con la cuenta atrás y con los buenos propósitos, otra vez con las esperanzas a remojo para que todo vaya bien a partir del año que viene. Menos mal que tenemos cada 31 de diciembre para salir de ese bucle que sería la vida si no hubiera por donde ir fraccionándola.

Y ahora las cuentas particulares...qué se le pide a un año, qué se rememora de otro...2011 se va con la verdadera forma de hacerse mayor: irse de casa, con la experiencia vital de hacerse a las maneras y a las formas y a las etiquetas y a las manías y a las obviedades y extrañezas de otro. 2011 se va con un año dedicado a organizar cómo organizarse, con tiempo para sentirse mal porque no hay tiempo...con la sensación de haber vivido mucho tiempo una vida y tener que acostumbrarse a vivir otra. Un año de cambios.

Un año de viajes adaptados al bolsillo: una escapada a Pamplona, una semana en la estupenda ciudad de Estocolmo, un fin de semana largo en Bolonia y Verona, un puente en un hotel termal impresionante en Soria...Ahí quedan las fotos, el recuerdo, nuestros pasos sobre las ciudades, nuestros pasos por el mundo...juntos.

Me gustan los años pares, así que 2012 me suena bien. De todo lo que ocurra a partir de hoy poco se sabrá aquí, en este blog que comenzó en marzo de 2008 y que a su vez daba continuidad a otro blog que ya ni recuerdo cuándo empecé, por lo que supongo que han pasado 4 ó 5 años. Vuelvo la vista y creo que me hubiera gustado escribir otro tipo de cosas, haber tenido más constancia. Uno siempre quiere ser mejor, obtener otros resultados, pero somos los que somos y tenemos las cualidades que tenemos, por lo que éste es el inestimable resultado de unas cuantas horas frente al ordenador contando pequeños trocitos de mi vida, lo que me ha sucedido en este tiempo (y lo que me ha pasado por encima), lo que he disfrutado, he reído, he leído, he querido y he viajado...no puedo pedir más...sólo que este blog no desaparezca del espacio virtual y esté ahí cuando yo quiera releerlo porque en el fondo es un diario, una hoja escrita olvidada en alguna parte, una confesión escuchada a través de una rendija...un placer que me he permitido durante un tiempo pero que me pide darle fin porque un blog sin continuidad no tiene sentido.

Muchas gracias a todo el que haya llegado hasta este blog y hasta esta entrada por arte de buscador o de forma voluntaria. En el aire queda cualquier posibilidad de escribir de nuevo y empezar alguna vez desde cero. Quizás, quién sabe, algún día me atreva con unos versos. Con tiempo y con ganas de darle rienda suelta a la poesía, todo es posible.

Gracias por haber sido testigos de mi paso por la red. Gracias
ad infinitum por presenciar este final feliz...como en las películas.

11 de septiembre de 2011 | | 0 comentarios

11/09/2001 - 11/09/2011

11 de septiembre de 2011. Los medios de comunicación se han afanado en recordar con especial ímpetu la efeméride, todos los años se repiten las imágenes y las historias, pero todos sabemos la importancia que otorgan las décadas, los decenios, los centenarios, los siglos, a un acontecimiento.

Nueva York, 2011. Atentado contra las Torres Gemelas. El mundo tal y como lo conocemos vivió el acontecimiento mediático que más impacto ha tenido en la sociedad en los últimos años. Cada día se repiten los conflictos, las guerras, las hambrunas, sobre todo en países tercermundistas, pero ese día,
la diferencia fue claramente la siguiente: el gran gigante capitalista, líder del primer mundo, fue atacado en su epicentro. El terrorismo islámico como nunca antes se había podido prever ni imaginar, voló el centro financiero de la ciudad más emblemática de los Estados Unidos en una acción que fue a la vez, amenaza y hecho consumado.

Todos guardamos memoria de ese día, por la dimensión irreal del hecho, al igual que guardamos una memoria desgraciadamente vívida sobre los atentados de Madrid el 11 de marzo de 2004. Una desgracia así, tal y como podemos percibirla ahora de forma inmediata y milimétrica, no se nos olvida nunca.

Estos días los medios andan recopilando experiencias, puntos de vista y supongo que en un intento por analizar cómo se recuerda el terror y el espanto diez años después, preguntan ¿Qué estabas haciendo cuando ocurrió el atentado contra las torres? Leer las experiencias te obliga a hacer memoria sin que esto te suponga mucho esfuerzo.

El 11 de septiembre de 2001 yo apuraba los días de un contrato de verano junto con otros compañeros de la diplomatura en la sección de documentación del periódico ABC. Salimos a las 14.30 de los edificios que la antigua Prensa Española, ahora Grupo Vocento, tiene en Josefa Valcárcel y me dirigí en coche a casa, llegué un poco de las 15 horas, mis padres estaban de vacaciones, así que fui a la cocina, encendí la televisión para ver el telediario de Telecinco que por entonces presentaba Angels Barceló. El telediario estaba acabando y contaba que había un incendio en una de las torres del WTC de Nueva York mientras mostraban las imágenes, unos segundos después, en la imagen aparecía un avión que se estrellaba contra la segunda torre. Yo, como tantas otras personas, no sabía si era una repetición o en verdad aquello estaba también sucediendo en la otra torre.


Vivir aquella noticia desde dentro de un medio de comunicación fue algo que no olvidaré. De aquel día guardo periódicos, suplementos especiales que se quedarán en una caja para la posteridad y también guardo una preocupación infinita por cómo se desarrollarían los acontecimientos tras un ataque frontal a la mayor potencia mundial del momento.

26 de junio de 2011 | | 0 comentarios

Mudanzas

Domingo por la mañana. Mala noche de sueño. No sé si las sábanas nuevas que andan un poco tiesas todavía tras dejar el envoltorio, no sé si los ruidos y silencios nuevos, no sé si el cansancio mismo de una mudanza que a estas horas ya va por su cuarto día. El caso es que no sé. Me levanto de la cama, ando por una casa que hemos estado acondicionando durante trece meses antes de que llegara esta primera noche en la que irse a dormir y despertarse. Busco algo de desayuno, miro los millones de libros y DVD que están repartidos por el suelo y me cercioro de que no hay nada en su sitio. Todo está por encontrarse. Como yo. Como nosotros.

Siento la aleta herida de los cambios. El piso nuevo, el barrio por descubrir y reconozco el corazón apretujado, contraído. Es algo muy personal, de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que mi punto inmaduro está en los grandes cambios y ahora que queda un tiempo largo por delante en esta casa, me vuelve el mismo sentimiento que cuando abandoné el hogar paterno hace unos meses. La independencia, esa salida necesaria en la vida, ha dado paso a otro traslado. Ahora que acababa de acostumbrarme a otro lugar, vuelven las cajas, los paquetes, el no saber dónde pusiste aquello, el a saber qué hacer con esto, el tirar lo innecesario para que no te estorbe.

Ahora que escribo esto admito que lo que me aterra es la palabra caja. Ese contenedor de apariencia sencilla encierra una multitud de significados. Las cajas que se llenan y se vacían, que llevan y que traen, que acercan y que alejan. Las cajas comunes o las compartidas. Las cajas frágiles que hay que dejar con cuidado en el suelo. Las cajas que van al trastero para ser profundamente olvidadas porque no tenemos el valor de tirarlas a la basura aunque sepamos que nunca jamás las abriremos. Todo cabe en una caja. Nuestra vida cabe en una caja. Pura verdad.

Para tranquilizarme me repito que todo volverá a su sitio, que todo acabará encontrando el lugar en el que sentirse cómodo y sentir que pertenecemos a esta casa, como podríamos pertenecer a cualquier otra y sin embargo la vida nos ha traído hasta aquí. Ante todo, me repito, todos sabemos que nuestro lugar no está delimitado por las paredes, ni por la puerta de entrada, ni siquiera por el número del portal. La realidad es que nuestro verdadero lugar ha de ser aquel en el que habita el que comparte con nosotros la etiqueta que identifica cuál es nuestro buzón.




23 de mayo de 2011 | | 1 comentarios

Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir

A estas horas de la mañana de un lunes, todavía estoy despertando. Me desperezo frente a la pantalla del ordenador cuando nadie me ve y bostezo involuntariamente cada 10 segundos. La apisonadora electoral parece que ha llegado a su fin, aunque queden coletazos de trabajo sobre la mesa. Esta mañana, el bucle electoral me ha pillado con el sueño profundo y con la insuficiencia de menos de 7 horas de sueño cuando se ha estado al pie del cañón durante 15 horas.

Ha sido más de un mes de inteso trabajo y aprendizaje, de toma de contacto con la realidad que muchas veces se oculta en un segundo estrato y que sólo se descubre cuando llega el momento de ponerse a trabajar en el relevo de una función que alguien conocía a la perfección y se posiciona tras tu nuca a la espera de ver cómo lo haces. Pensemos que hemos puesto toda la carne en el asador a la hora de acometer las responsabilidades que nos correspondían en el proceso electoral y que el mundo laboral tiene caras distintas según la ocasión, pero que estamos aquí para hacer un papel digno.

Entre tanto, mi primera experiencia electoral se ha convertido en inolvidable, ya no sólo por el carácter personal que pueda tener participar activamente en un proceso al que todo el mundo está convocado y por el que tantos han luchado activamente, sino también por la trascendencia que tiene para la sociedad la formación del Movimiento 15M. La verdad es que no tengo nada que añadir a lo que
el alba es difusa ha contado, tampoco puedo añadir nada al texto ¡Indignaos! de Herman Hesse o a lo que se puede leer al abrir los periódicos desde hace más de una semana. Lo que ví en la Puerta del Sol es un ejemplo de civismo, organización y heterogeneidad, las consignas son de todos, no sólo de unos pocos.

Como ciudadana y votante, espero que el movimiento continúe más allá de la acampada y de las concentraciones, más allá del resultado electoral que han arrojado las urnas el 22 de mayo. Espero que los cauces administrativos al alcance del indignado sean suficientes para impulsar esos cambios que se demandan y que considero necesarios para perfeccionar una democracia que ha de estar en constante evolución y no para mal.

Ojala podamos ver con nuestros propios ojos que otros políticos y otras formas de gobierno son posibles. Por encima de todo deseo, buenos profesionales que ejerzan la política desde la excelencia, la buena gestión, el interés general y empezar a castigar como se merece la corrupción. Sólo entonces pronunciaré la palabra político y no me sonará despectivo.

7 de abril de 2011 | | 0 comentarios

Slow life

El otro día leía en un artículo un decálogo de diez puntos para no cerrar un blog. Entre otras cosas, un punto básico era la actualización. A veces, uno abre un blog con la sana intención de contar muchas cosas, pero no siempre se tienen muchas cosas que contar, y desde luego, éstas no siempre son interesantes. El caso es que como este blog no tiene un objetivo que le obligue a estar actualizado, ni pretende tener una legión de seguidores que a su vez estén interconectados por facebook y twitter, he decidido conmigo misma que a pesar de la tentación de no sentir nunca más el remordimiento de tener una cosa medio abandonada, este blog no cerrará por el momento. Quizás no hacía falta una explicación, pero era una buena excusa para contar algo.

La realidad es que para tener algo que decir, hace falta tiempo. Tiempo para leer, para contrastar y para desarrollar una opinión. El tiempo es una de esas palabras que más repito en estos días: tengo la sensación de no tener el tiempo suficiente para hacer todas las cosas que querría y eso, en ocasiones, me resulta tremendamente frustrante, ya saben todo aquello de: si tuviera tiempo leería, si tuviera tiempo escribiría, si tuviera tiempo...ay! si tuviera tiempo...y uno ya no sabe si lo malgasta o es que aspira a hacer demasiadas cosas.

Desde el principio de los tiempos no quise echarle la culpa al típico "ahora que me he independizado no tengo tiempo para nada, tengo que hacer muchas más cosas en casa que antes no hacía...", siempre creí en la máxima de que si te organizas, hay tiempo para todo, pero ahora estoy dándole vueltas a que la clave es no ser demasiado ambicioso, no querer abarcar tantas cosas, hacer menos en más tiempo.


La verdad es que no sé de qué voy a poder prescindir o qué es lo que hay que hacer, pero lo que tengo claro es que yo lo que quiero es pertenecer al movimiento slow.

24 de marzo de 2011 | | 0 comentarios

Escribir

Me gusta abrir de vez en cuando una pequeña rendija y confesar: soy poeta. Me gusta escribir y sobre todo, adoro la sensación de estar inspirada, que el poema sale, que tengo una primera frase con potencia que merece la pena ser continuada, me gusta sobre todas las cosas tener un final redondo, de esos que giran y sorprenden y gracias al cual le doy a "guardar como" y lo releo al día siguiente.

He escrito enfadada, triste, enamorada, desenamorada, frente al ordenador, frente a la hoja en blanco, de cualquier forma y siempre lo he hecho para decir algo que no podía decir de ninguna otra manera, con un espíritu un tanto desesperado o terapéutico para desahogarme como primera causa, para recordarlo tiempo después como segunda y para ser leída por otros de forma muy selectiva siempre como última.

Pero aunque no soy excesivamente prolífica, últimamente mi actividad poética está de capa caída, en barbecho como se suele decir. El traslado, la mezcolanza de sentimientos fue el último buen momento creativo, canalicé muchas emociones por ese camino de la misma forma en que otros buscan otras vías de escape y me quedaron un buen puñado de poemas. Pero una vez ejecutado el paso, agoté el tema, es necesario encontrar otro.

Ahora aguardo sin nada que decir, quién sabe si eso es bueno porque nada convulso me afecta en este momento o malo, porque la tranquilidad del poeta se puede convertir en una necesidad insatisfecha y poco agradable. Es lo que puede denominarse como ansiedad poética.

4 de marzo de 2011 | | 1 comentarios

Wind of changes

Abandono, dejadez, falta de tiempo, desidia, falta de ganas, acumulación de tareas, falta de inspiración...son tantas las palabras y los conceptos que ninguno se ajusta a las circunstancias y a la vez, todos forman parte de este tiempo que ha transcurrido entre el chocolate belga de la anterior entrada y el día de hoy.
Los traslados en el tiempo y el espacio necesitan un tiempo para que te reubiques. Primero fueron las mil y una enfermedades que se fueron sucediendo y después, los exámenes y después...ya no hay después, hay un ahora más tranquilo, más relajado y sobre todo más situado.
Irse de casa es una amalgama indescriptible, una apuesta por el cambio, una necesidad de quemar una etapa y de empezar otra, pero sin embargo, hay veces que los cambios son complicados emocionalmente por lo que implican, por lo que suponen y por las consecuencias que se van descubriendo y ser muy maduro/a no evita que cueste gestionarlos.
Echar de menos, tener nostalgia, ganar en muchos aspectos...al principio la sensación es de estar desorientado...ahora poco a poco, vamos poniendo los pies y sabemos por dónde andamos y nos vamos identificando más con lo que tenemos que con lo que tuvimos, sólo es eso, cuestión de darse un tiempo y un margen para adaptarse a otros lugares, otras distancias y otras compañías.
En todos esos días raros ayuda el chocolate, el calorcito del sofá y el sueño cuando éste es largo y profundo, no pensar en los suspensos y sobre todo, darse tregua, no exigirse...o por lo menos, dejarlo para cuando estemos a pleno rendimiento.
Seguimos al quite, a la espera de un nuevo tema del que hablar.

13 de octubre de 2010 | | 1 comentarios

Historias de supervivencia

Imposible no emocionarse al ver cómo van saliendo uno a uno a la superficie los trabajadores de la mina en Chile que llevan atrapados desde el 5 de agosto. No me extraña que los compatriotas de todo el mundo se hayan apostado frente al televisor para ver cómo se obra ese milagro llamado rescate y se sientan identificados, orgullosos y emocionados.

Curiosa similitud la de esta historia con la que vivieron los supervivientes de la tragedia de los Andes. Busco información y me encuentro con que precisamente hoy se cumplen 38 años del accidente del avión que trasladaba al equipo de rugby desde Montevideo hasta Santiago. La coincidencia es estremecedora.

Sesenta y nueve días de dura espera, a expensas de lo que se decida y programe en la superficie. Una experiencia extrema para unos hombres que unos días bajaron para trabajar y se vieron obligados a paralizar sus vidas durante más de dos meses. Algunos de ellos no bajarán nunca más, pero apuesto a que la mayoría sí lo harán. Ójala que todo esto sirva para mejorar las condiciones de este colectivo en Chile y en cualquier país del mundo.

1 de agosto de 2010 | | 3 comentarios

La pulserita

Después de unos meses cantando vivas por la recuperación milagrosa propiciada por un botánico curandero sobre mi dermatitis nerviosa, acaba de llegar a mi vida la pulsera Power Balance, otra de esas cosas que te hacen pensar si hay cosas con propiedades realmente demostrables o no son más que un placebo.

Ha sido un regalo, así que como tal, ahora luzco en la muñeca derecha una pulsera amarilla de silicona que lleva incrustrada dos hologramas. En el paquete únicamente me indica que aumentan el equilibrio y la fuerza y que para ello, puedo hacer un par de pruebas. Nada más, no me dicen nada de cuál es el secreto para que las pegatinas me vayan a ayudar a alcanzar todo eso, así que me dirijo a la web y a diferentes páginas en las que me encuentro de todo: por un lado, constataciones de que son maravillosas y por otro, declaraciones de la engañifa en la que acabo de entrar.


El colegio de médicos, la OCU y demás organizaciones de las que en principio tendría que fiarme, me dicen que esto es puro márketing, las revistas deportivas y la marca, sin embargo, te explican que los hologramas tienen elementos electromagnéticos de la naturaleza que afectan al cuerpo y procuran los efectos antes mencionados: fuerza, elasticidad, equilibrio...y que se basan en principios utilizados desde hace mucho tiempo por la sabiduría oriental. En definitiva ¿producto de laboratorio o esoterismo?


Como ando bastante parca en conocimientos de ciencia, mi pregunta es ¿cómo es posible meter elementos electromagnéticos de la naturaleza en una pegatina plateada? pero obviamente, no llego a entenderlo, así que al final, como no me cuesta nada llevar la pulserita, eso haré...no vaya a ser que por mi escepticismo me quede sin semejantes beneficios.

5 de julio de 2010 | | 0 comentarios

Veraniadas

Tanto desear que llegue el calor y al final, cuando llega, uno enseguida se asfixia. Estoy en una de esas épocas de poco hacer, han acabado los exámenes satisfactoriamente, así que me limito a trabajar mi jornada reducida y por las tardes, organizo un poco la casa, vagueo, a veces voy al gimnasio y por lo general...pierdo el tiempo.

Será una situación deseada por la mayoría, pero yo ME ABURRO.

Debería hacer unas cuantas cosas: ver más tiendas de cocinas, leer más revistas de muebles, ponerme a organizar y a rematar ese libro de poemas, empezar a mirar ya qué asignaturas voy a intentar sacarme en septiembre, coger una guía de París, empezar a esbozar el itinerario del viaje, salir más a correr para no sentir el rechazo del espejo en bikini, acabar el libro que lleva un mes en el cabecero de la cama, escribir más en el blog o incluso ver más la tele.

PERO NADA.

No es cuestión de fuerza de voluntad ni de no saber qué hacer...simplemente holgazaneo como nunca en la vida había hecho...¿será grave?

1 de mayo de 2010 | | 1 comentarios

Cuenta atrás a la aventura

Ya nos queda muy poco para unas cuantas cosas, por un lado ya están vistos los fallos del piso con buen resultado: algún fallo más grande que espero se solucione y otros menores. Es algo ilusionante, claro, y me apetece que llegue la entrega de llaves y demás historias, pero por otro lado, me alegro de que se me haya cruzado en estas fechas un viajecito...me sirve para pensar en otras cosas que no sean números y para airearme, que cuando empiezo con el run-run de las preocupaciones me pongo muy pesada.

Así que estos días estoy ultimando la equipación, algo que no se acaba nunca. Parece que para hacer el camino basta con cuatro cosas y salir andando, pero no es así, como te pongas a visitar foros y opiniones, al final metes la casa entera en la mochila y luego queda elegir las cosas, porque puedes comprártelas muy baratas, sí, pero como no quieras ir muy de cutre, la equipación deportiva puede ser muy cara.

El viaje apetece mucho, aunque ya sabemos los inconvenientes que nos podemos encontrar: mi tendinitis en la pierna derecha lleva días sin dolerme absolutamente nada, veremos cuántas jornadas aguanta, me gustaría que todas, pero creo que desgraciadamente acabará apareciendo aunque espero que lo haga de forma leve. Los bichitos son otro punto conflictivo, parece ser que por mucha limpieza que exista, la realidad es que los peregrinos vamos transportando los bichos del camino a los albergues y es imposible librarse de ellos. Rezaremos por que no se meta ninguno en el saco.

El cansancio y el sueño...con la ayuda de los antihistamínicos, que son puros somníferos, espero caer como un saco de patatas todas las noches. Si me molestan los ronquidos, espero que con los tapones sea suficiente. No espero nada en concreto del camino, hay quien busca soledad, encontrarse a sí mismo y todo eso...yo sólo espero pasármelo bien, que la experiencia merezca la pena, disfrutar del paisaje y las cosas típicas y que mi cuerpo aguante lo que tenga que aguantar. A todos nos gusta viajar cómodamente, pero si soy sincera, la idea de un viaje con lo básico me resulta muy atractiva.

Aquí se queda la tramitación de la hipoteca, el foro de futuros vecinos con los últimos rumores y la mesa de trabajo donde se irán apilando día a día las tareas. Ahí se quedan, que yo...me voy.

A la vuelta, como siempre, crónica exhaustiva.


21 de abril de 2010 | | 4 comentarios

Paso previo: los fallos

¿Srta. Mentxu? - Sí, soy yo -
Le llamamos para comunicarle que el día 27 se realizará la visita para ver los fallos del piso.

Así empezó todo. Conatos de ilusión, de emoción y también preocupación a raudales. Todo eso cabe en una visita a ver los fallos y la evidencia de que queda muy poco.

El día que me compré el piso creo que no sabía ni lo que hacía: no tenía trabajo fijo ni sabía cuánto tardaría en tenerlo...simplemente pensé que en un par de años, necesitaría una vivienda en mi vida y que las cosas progresarían hacia donde yo deseaba. Los cálculos salieron bien. ¡Menos mal!

Ahora que se acerca el momento, todo se traduce a $$$$$$$. Lo curioso de todo esto es la facilidad con la que nos hipotecamos durante los próximos treinta años de nuestra vida y este enfrentamiento repentino con la cruda realidad que supone saber que el banco va a pasar a tener más dominio sobre ti que tú mismo.

Además he sacado otras conclusiones no menos valiosas: da igual las cuentas que hagas, que estimes en base a el peor de los casos, que hagas números por lo alto...la cantidad siempre será mayor de la esperada cuando eres tú el que tiene que abonarla y menor siempre que te la tienen que abonar a ti...así son los números.

Acojone señores, eso es lo que se me ocurre ahora. Este momento es una mezcla de crisis de madurez porque ya ha llegado el momento de volar, de sensaciones encontradas con respecto a lo que se ha de dejar y a lo que se ha de construir, de hacer números de forma constante hasta tener ganas de mandar la hoja excel a tomar viento fresco y de racionalizar como si estuviéramos en periodo de entreguerras para que todo llegue, para que todo cuadre...

Por eso, a veces no me extraña mi falta de emoción, es que el panorama es tan ambivalente que uno no sabe si reír o llorar.

En todo caso, tengo ganas de entrar por la puerta de esa casa y verla con mis propios ojos. Tengo la esperanza de que en ese momento, se me quiten todos los miedos.

9 de abril de 2010 | | 0 comentarios

Un viernes como cualquier otro

La verdad es que hacía mucho que no tenía una tarde así, de viernes tranquilo. Sólo empaña la escena la presencia de un libro de Macroeconomía que para más inri, no me cae mal, se me atragantan un poco los gráficos y tengo que volver una y otra vez a releer los conceptos para no perder el hilo, pero no está del todo mal esta materia que hasta la fecha no existía en mi vida.

Aparte de eso, todo está en orden, sospechosamente en orden. Supongo que alguien habrá vivido esas épocas en la vida en la que todo está bien, tan bien hasta que de repente todo se tambalea. La primera vez todo esto te sacude, pero las siguientes ya te acostumbras y empiezas a tener esa sensación que tengo yo...la de que todo está sospechosamente bien, lo que en términos económicos se traduce a un período de expansión y al que siempre le sigue un período de recesión, me temo.

Esta reflexión es la prueba irrefutable de que soy una pesimista al más puro estilo Woody Allen, pero no crean, que todavía queda un resquicio de esperanza, porque de vez en cuando me da por decir: bueno, mientras tanto, disfrutemos del momento. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para Mentxu.

Así que este fin de semana me invade el carpe diem y pienso en
esto y en aquello. También pienso en que mañana me estaré probando un maravilloso vestido para la boda del fin de semana que viene y espero con todas mis fuerzas entrar en él y que me iré de cañas con mis amigas un sábado por la noche. También pienso que esta noche me voy al cine a ver En tierra hostil y que espero encontrar un belicismo bien hecho y no cualquier cosa.

Por último, aunque el fútbol me da igual, espero que nadie tenga mala cara el domingo. Ya ven, me conformo con poco. Tan poco como que soy feliz cinco minutos mientras acabo de escribir este post con la nueva canción de Ismael Serrano de fondo. Ya lo decían las viejas inscripciones en latín de los relojes: Acuérdate de vivir.

26 de marzo de 2010 | | 0 comentarios

Infracciones

14.45 de un viernes que precede a la Semana Santa. Como este año nos reservamos para las vacaciones peregrinas de mayo vendremos el lunes, pero bueno, lo importante es que estos últimos minutos saben a gloria y que vamos poniendo el mecanismo en off.
Mañana me enfrentaré a la 2ª parte de un curso de Educación Vial y ya por fin me lo quito de encima. Hace unos meses cometí una torpeza y dejé el coche en un carga y descarga durante media horita y cuando volví el coche se lo había llevado la grúa, así que tuve que rescatarlo del depósito municipal y después, esperé pacientemente a que llegara la multa a mi domicilio.
La multa, como es obvio, no se extravió, ni desapareció por ciencia infusa por mucho que así lo deseé, así que cuando la recibí leí en la letra pequeña que podía conmutarla por un curso de educación vial siempre que fuera mi primera multa en ese municipio (para más inri ha sido mi primera multa en diez años como conductora) y que tuviera menos de 30 años. Como la grúa ya fue bastante sangrante, decidí que mi precaria economía no se merecía semejante varapalo, así que decidí optar por este curso y sentirme farruquito por unas horas.


Aunque mi temor era ser la abuela de un curso para quinquis que no se ponen el casco para ir en ciclomotor, la verdad es que la experiencia de la primera parte ha sido bastante distinta, somos más de veinte, creo que la media está en más de veinticinco años y el 80% están allí por exceso de velocidad.

Estos cursos tienen algo para que uno vaya con cierta desgana y pasotismo, pero la realidad es que hay una cosa cierta, sea el rollo que sea, aunque en este caso la verdad es que se refrescan ciertos conocimientos oxidados y se toma algo de conciencia necesaria, el ayuntamiento en cuestión deja de ingresar en sus arcas una cantidad de dinero nada desdeñable, a la vez que paga a un profesional para impartir el curso y pone a su disposición un centro.

Además de pensármelo dos veces la próxima vez que ignore una señal, creo que no hay que dejar de loar ciertas iniciativas.


15 de febrero de 2010 | | 2 comentarios

Chamanes II

Hace algunos meses que me hice un viajecito a Soria para visitar a un curandero - homeópata - quiromasajista médico - todo en uno, en Soria. De aquella jornada volví con la experiencia de haber pisado una consulta bastante peculiar y con un puñado de hierbas que debía tomarme en infusión, un remedio muy apropiado para esta ciencia infusa que es el arte de los curanderos.

Retomando el hilo para quien se haya perdido, mi problema era una dermatitis crónica de origen nervioso, es decir que en la consulta del dermatólogo de la Seguridad Social no habían encontrado la causa y mi diagnóstico fue vinculado a los nervios, que nada tiene que ver con que yo esté nerviosa a menudo, cosa que puede ocurrir a veces, pero no de forma permanente.

Lo que quise plasmar en aquel post fue que no albergaba muchas esperanzas de encontrar el remedio definitivo en esa especie de medicina tradicional después de dos años tratándome con cortisona. Sí que había ido a la consulta y pensaba seguir las pautas del señor por agotar todas las posibilidades, pero con la sincera opinión de que aquello no iba a funcionar y que lo dejaría cuando me cansara de hacer una infusión cada noche y tomarme otra en ayunas.

Bueno, pues aquí llega el resultado: curada al 90%. Hace semanas que no he tocado la pomada con cortisona y mis piernas, espalda, abdomen y hombros están libres de erupciones y de aquellos picores con los que lo único que me apetecía era arrancarme la piel a tiras. Sí que me han quedado marcas, de vez en cuando tengo alguna pequeñísima erupción, pero nada comparado.

En fin señores, soy libre y no saben lo feliz que me hace eso y lo agobiada que me sentía al ver que se me iba a quedar el cuerpo hecho un cristo con tanta herida. Así que sigo tan feliz con mis infusiones de por vida y como es de justicia, le agradezco al Doctor Carabantes (por si alguien lo busca en google y va a dar a este testimonio) que haya obrado tan magnífico milagro.

Hasta mi médico de cabecera lo admite: a veces esas cosas funcionan.

10 de febrero de 2010 | | 0 comentarios

Cosas que suenan

Mañana acaba esta corta época de exámenes. Ya voy guardando las expectativas y la mala sensación que me dejó uno de ellos, esperemos que mañana no se repita la experiencia. Cierro unos libros y abro otros, los que me esperan en el cabecero, la poesía surrealista de Desnos y una novela de esas que enganchan en la primera media hora. Ya es hora de pasarles las páginas.
A partir de mañana, se cierra el semestre escolar. Llega el carnaval y las fiestas de cumpleaños a las que hay que acudir disfrazado de no se sabe qué hasta última hora...o bueno sí, creo que ya tengo una idea...qué difícil es echarle imaginación y reírse del resultado sea cual sea...qué difícil quitarse este sentido del ridículo que creo que es el culpable de que no me haya disfrazado en unos cuantos años.

En fin, se acaba el tema estudiantil hasta junio, hasta entonces ya veremos qué trenes nos pasan por encima, qué hipotecas, qué entregas y qué desvelos...Por ahora las metemos todas en el cajón de la espera, ése que está justo encima del cajón de las mejores ocasiones, ése que siempre rebosa de cosas por hacer, de cosas por decir, de algunas también que suenan a triste como las palabras Washington o Nueva York, como la última canción que escuché en la radio y me hizo subir el volumen.

18 de enero de 2010 | | 3 comentarios

La valentía de la temeridad

Cuánto cuesta tomar a veces algunas decisiones. Hay ocasiones en las que uno se pierde entre tanta indecisión, entre tanto miedo a tomar un camino equivocado, entre tanto tiempo intentando dar un salto hipotético para adivinar qué es lo que será de nosotros si tomamos una u otra decisión.

Lo pensaba ayer cuando tenía frente a mí a dos personas que han decidido casarse sin haber llegado a cumplir el primer aniversario de su relación. Los veía y recapacitaba sobre lo que me contaban: la vida son fases, hay que tomar las cosas como vienen, estamos viviendo las cosas con la espontaneidad que queremos.

Porque una cosa es decidir sobre uno mismo y tomar decisiones sobre tu propia vida que pueden o no salirte bien y otra muy distinta es decidir compartir la vida con alguien. Es más, una cosa es compartir a ver cómo sale y otra, firmar un papel de por vida. Al margen de sentimientos, arrebatos y pasiones, que nadie discute, creo que en menor o mayor medida, todos llegamos a ese tipo de encrucijadas con pies de plomo. Lo hacemos, no porque no estemos enamoradísimos o nos estemos anticipando a lo peor como pesimistas patológicos, sino porque hemos visto cómo algunos han fracasado en el intento y eso, quieras que no, te pone en alerta. Ante eso, solemos encomendarnos al tiempo como único indicador de que las cosas se afianzan y fluyen.

Ayer veía a dos personas que se han olvidado de todas esas cosas con una facilidad asombrosa y están dando un paso importantísimo a la vez que les oyes decir que tener una relación larga no te asegura que todo vaya a salir bien como argumento irrebatible. Hay que darles la razón, aunque también habría que puntualizar, que una relación muy corta, tampoco te asegura nada. No sé a estas alturas sin son maduros o inmaduros, si son temerarios o por el contrario, muy valientes...el caso es que ahí están, olvidándose de los miedos, tomando la vida como viene, con lo difícil que a veces resulta hacer eso.

13 de enero de 2010 | | 3 comentarios

Artes culinarias

En relación directa con el tema pisos está el tema de las labores del hogar y en concreto, la cocina. Tantos años en casita acostumbrada a la deliciosa comida de mamá sólo me han servido para sobrevivir en verano con la nevera a tope de comida congelada y cocinando algún que otro plato que me ha dado por hacer. Lo bueno es que veo que todo el mundo está igual, haciendo cursos acelerados para no comer cocido sólo cuando vas a casa de tus padres; ahí está mi amiga Gema haciendo pasta por primera vez en su vida o Uri, que dice que ha hecho una tortilla de patatas y supongo que habrá que creerle...
Mi madre es una cocinera estupenda, de las que clavan las recetas de Arguiñano y se queja de que no tiene los electrodomésticos y las herramientas adecuadas cuando algo le sale mal, así que me ha instado un millón de veces a que aprenda a cocinar...hasta ahora mi respuesta era: no puedo, estoy estudiando. Ahora que el estudio quedó en un segundo plano resulta que me cambié al turno de mañana, así que cuando llego, el plato me espera metido en el microondas. Conclusión: me encanta comer, así que tendré que aprender unas cuantas cosas más sobre la cocina para defenderme dentro de unos meses.
Para solucionar este problema, estoy haciendo un libro de recetas. Me planto junto a mi madre con la cámara de fotos y fotografío hasta cómo pela las patatas. Me está quedando muy bien y además creo que con las imágenes me costará menos porque con la receta sola no me apaño, qué le vamos a hacer...
Lo siguiente será empezar a ir a comprar con ella, porque parece mentira, pero no distingo los pescados, ni las partes del cerdo ni nada de nada...un desastre...En fin...qué duro va a ser convertirse en ama de casa...

4 de enero de 2010 | | 3 comentarios

Torpedo's house

Adelantando que 2010 viene monotemático, acabamos 2009 visitando (que no inaugurando, que para eso hacen falta unas botellas) otra entrega de llave en mano: la del futuro hogar del torpedo.

Hace ya mucho que nos adentramos en el tiempo de los pisos, de las interesantes conversaciones sobre el alisado, el gotelé, el mobiliario, lo carísimas que son las cocinas, decidir la dureza del colchón, el euribor pa'rriba, el euribor pa'bajo...y el tema tiene visos de prolongarse en el tiempo, porque las entregas no paran y eso que la venta de vivienda no para de bajar.


Reconozco que he estado unos meses renegando un poco del tema debido al acojone que me produce la avalancha de números que se aproxima. Pero con la visita a este piso de dos habitaciones y estancias alargadas de mi amigo Ismael, he percibido que detrás de todo eso hay también un momento para el disfrute. Vamos, que por fin me he oído decir: ¡qué ganas!

En fin, ya seguiremos contando paso a paso cómo se van sucediendo las cosas, por ahora, esperamos ansiosamente la oferta hipotecaria del banco, después vendrán los defectos y por último la entrega de llaves, todo ello supuestamente debe sucederse de aquí a marzo...Por ahora, disfrutemos de las casas de esos amigos que al entrar siempre te dicen estás en tu casa y no pueden parar de sonreír de satisfacción. No es para menos.

27 de diciembre de 2009 | | 0 comentarios

Cuento de navidad

Gente, gente y gente.
Madrid, un hervidero navideño imposible de atravesar sin mirar al suelo a cada paso, sin dejar de agarrar el bolso por si las moscas. Un gorro de Papá Noel, unas orejas de reno, unas pestañas a lo drag queen...la Plaza Mayor atestada de pelucas barriobajeras.
- Ni se os ocurra ir al Mercado de San Miguel -
- Bueno, pues tiraremos hacia la Cava Baja -
El Madrid intenso de las horas del aperitivo se extiende hoy más allá de las 4 de la tarde. Vermut de grifo, queso manchego en Casa Paco, huevos rotos en la taberna de Lucio, ni fritos ni cocidos, casi sin hacer, con patatas y jamón.
- Chicas, otra ronda, que yo creo que con esto sólo no hemos comido -
Se va apagando el sol que daba razón de ser a las terrazas, que haberlas haylas en pleno diciembre. Se afila el frío, se estrenan las manoplas, se agarra el brazo del que esté más cerca para protegerse. Un café y tartas que no se sabe si son postre o merienda. Son ya las 6 de la tarde y hay quien descubre la nueva ubicación del Oso y el Madroño.
- ¿Os acordáis cuando se tardaba una hora en llegar a Sol?
- Hoy en Madrid, todos los décimos acababan en trece.