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30 de diciembre de 2010 | | 1 comentarios

Fin de año y década

A cada año su acontecimiento. Si 2009 fue el año del trabajo, 2010 ha sido el año del piso. Tengo que decir que estos años se están desarrollando en torno a un elemento clave y otro montón de acontecimientos de otra índole. Mientras la primera mitad del año se desarrolló haciendo cuentas y cábalas bancarias, la segunda mitad dio paso a la acción, a los millones de cosas que hacen que un piso, además de tener paredes, sea habitable. No puede menospreciarse esa labor porque es ciertamente ardua, procura bastantes dolores de cabeza y deja maltrecho el bolsillo...vamos, que estamos encantados.

Este año se ha focalizado en eso, pero ahí están los viajes para hacer más ameno el devenir de los acontecimientos y permitir que desconectes por un momento de las responsabilidades. Dos viajes muy importantes, inolvidables por el contexto, por su tipología, por las circunstancias en las que se desarrollan...primero un viaje para uno mismo: el Camino de Santiago, un viaje de esfuerzo, con lo imprescindible en una mochila cargada a la espalda, de kilómetros en los que las relaciones personales se tornan distintas en pro de una solidaridad hacia el desconocido que sólo suele verse en este tipo de circunstancias...un viaje con un punto de partida y un punto de llegada, a veces me cuesta convencerme de que tengo esos 185 kilómetros en las botas y también en la retina.

Y un viaje para vivirlo con otro...París. Maravillosa, impresionante, sin cabida en un epíteto. Una ciudad para los sentidos, para los sentimientos, para el cuerpo y el alma sin me lo permiten. París es un lugar para enamorarse, a pesar del estereotipo y lo manido de la imagen...no se puede evitar, es así y creo que Uri lo supo. Otro de los momentos estupendos que viví con él fue el fin de semana en Alicante como regalo de cumpleaños. He de reconocer que si este año tiene una banda sonora, ésta es la de Sabina.

Esos son los elementos que se sitúan estratégicamente en un año y lo localizan en la memoria con el paso del tiempo. Pero 2010 también fue el año en el que la familia tuvo salud a pesar de los achaques y aumentó con otro chico (y ya van cuatro), Hugo, que se adelantó y me pilló concluyendo la etapa siete que concluía en Arzúa.

2011 tiene el augurio de ser un año animado e intenso. Comienza la convivencia, lo que se traduce en cambio y sobre todo en la certeza de que hay pasos que se dan y que no permiten vuelta atrás. Son años de trasformaciones vitales tan importantes que es difícil no sentirse asustado o incluso, a veces, abrumado, pero también y sobre todo, esperanzado. Pero entre toda esta vorágine también hay hueco para la emoción, los acontecimientos sumamente alegres que les ocurren a los que están a tu alrededor. Qué bonito es oír ciertas noticias.

Sea como sea, 2011 nos pilla con planes y proyectos, con ganas de que las cosas salgan bien, de que todas las empresas emprendidas, en todos los sentidos de la palabra, prosperen y que el tiempo mientras pase nos vea alegres, satisfechos y juntos.
¡Feliz año a todos!

26 de mayo de 2010 | | 2 comentarios

Etapa 9: Pedrouzo - ¡Santiago!

El último día sólo hay una idea: llegar. Esa mañana te pones en marcha sabiendo que el final de la etapa es el final del viaje y que al final del viaje está Santiago, que vas a entrar en la ciudad y que vas a llegar a pie hasta la Plaza del Obradoiro y te acuerdas de que lo que te empujó a hacer el camino era la imagen que tenías grabada del verano pasado cuando viste llegar a otros peregrinos y te dijiste: yo también quiero hacerlo. Es una mezcla de emoción porque sabes que el momento va a ser único, pero también de ganas de llegar para soltar la mochila y al fin, descansar.

Aquella etapa fue personalmente la peor y creo que mis compañeras de viaje también sufrieron lo suyo, Bea con dolor inguinal y Noelia con el mismo tendón que yo y también la rodilla. El tendón de aquiles del pie derecho me martirizaba, inflamado, dolorido...Y eso que la etapa es un regalo: 17 kilómetros que a esas alturas ya son pan comido. Si ahora mismo pudiera volver atrás, me encantaría poder haber hecho esa etapa sin cojear, disfrutándola más.



La entrada a Santiago es absolutamente decepcionante. El camino va paralelo a la autopista, pasa cerca del aeropuerto y la llegada al Monte do Gozo, donde antiguamente los peregrinos caían de rodillas al ver la catedral realmente tiene poca belleza. La entrada a la ciudad era como decía Noelia: entrar en Madrid por Vallecas. El casco histórico tarda en aparecer y pronto te encuentras en la Plaza de Cervantes y calle abajo por la rúa de la azabachería, tras pasar el túnel donde siempre suele haber un gaitero que acaba de darle sentido completo a la entrada triunfal, vas a dar a la Plaza del Obradoiro donde llega el momento de emocionarse y de soltarlo todo para tumbarse a admirar la catedral.

Es indudable que es un momento irrepetible, precioso, cualquiera que sea tu motivo para haber llegado hasta allí. Y lo curioso es que por mal que se haya pasado, el tiempo se lleva enseguida las malas sensaciones para dejar únicamente lo bueno de esta experiencia. Ahora mismo el recuerdo del viaje es increíble.

Después de aquello nos fuimos a recoger los correspondientes certificados y compostelas y a comprobar la imaginación de la iglesia a la hora de poner nombres en latín. A continuación nos fuimos a buscar alojamiento y a partir de entonces...una ducha, descanso y por la tarde, paseo por Santiago y unos ribeiros por la rúa do Franco. Por la noche habíamos quedado para cenar en un sitio en los aledaños de la Plaza de Cervantes. Así que allí fuimos, con las pintas aún peregrinas, a cenar y a tomarnos unas copas después. La noche acabo de madrugada, al día siguiente había que seguir madrugando, nos esperaba el abrazo al santo y la entrada en la catedral que aún no habíamos visitado.

25 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 8:Arzúa - Pedrouzo

Aquella mañana echamos a andar más pronto que nunca. Cuando miré el reloj al salir de Arzúa eran las 7:40 de la mañana. -Dios - pensé - ¡qué horas! También es verdad que nos dejamos el desayuno para más adelante y fueron pasando los kilómetros y las fuerzas mermaban hasta que apareció ante nosotros un oasis. En mitad de la nada, en uno de esos pueblos diminutos, alguien había reconstruido una vieja casa y la había convertido hacía escasos meses en una cafetería casi de diseño a pie de camino. Acostumbrados a los bares de pueblo, a las tabernillas gallegas, aquel sitio era como un espejismo y no es ninguna exageración.

Estábamos preocupadas con la nube de ceniza. Nos habían comentado que el impronunciable volcán islandés había vuelto a la carga y que esos días los aeropuertos del norte de España no operaban con normalidad, que el de Santiago de Compostela había estado cerrado todo el fin de semana. En definitiva, que no sabíamos muy bien si íbamos a poder volver a casa en avión o había que buscar alternativas.

El camino parecía dar una tregua. Después de los 30 del día anterior, pensar en los 20 kilómetros de este día no asustaba nada, pero la tendinitis empezó a hacer aparición. Cuando te salen ampollas, además del dolor más o menos soportable, el verdadero problema pasa a ser que cambias la pisada y que a continuación aparecen las molestias musculares: los gemelos duros como piedras, las rodillas que se resienten y en mi caso, ese peculiar mordisco en la parte trasera del pie que te indica que el tendón de aquiles anda tocado.

Por el camino nos fuimos encontrando con una manifestación de trabajadores de la construcción que hacían el tramo hasta Santiago como protesta para conseguir la jubilación a los 60 y a la entrada de Arzúa andaban montando jaleo e incluso la televisión gallega estaba grabando la marcha. De vez en cuando un megáfono estruendoso rompía la tranquilidad.
Como ya he mencionado, durante el camino, como las etapas están tan marcadas, era muy fácil coincidir casi todos los días con las mismas personas, sobre todo, si vas parando con asiduidad en los albergues públicos. Así que la tarde anterior, sabiendo que aquella era la última etapa antes de llegar a Santiago y perdernos la pista, quedamos en alojarnos todos juntos en algún albergue con cocina y comer y cenar juntos.

Miguel, el peregrino coruñés que se nos había unido la jornada anterior, nos acompañó durante todo el día hasta Arzúa, pero cuando llegamos allí, él siguió andando los 17 kilómetros que quedaban hasta Santiago porque tenía la obligación de llegar el martes por motivos personales. Nosotras nos quedamos y finalmente, el grupo al completo se quedó en el albergue de la Xunta que tenía cocina y que fue bastante permisivo con el tema de la hora de apagado de luces.

Por la tarde, fuimos a dar un paseo por Arzúa y a tomarnos un café en una terraza. De nuevo lucía el sol y por allí aparecieron los jubilados malagueños que se sentaron con nosotras a hacernos compañía. Fue la última vez que compartimos un largo rato con el profesor de Filosofía y con los dos orientadores escolares con los que no parábamos de reírnos.


Para comer, el italiano Franco, que había comenzado su andadura en Lourdes, hizo una pasta buenísima. Era muy curioso ver cómo llevaba en una riñonera de la que no se separaba, tres tarros de especias que eran el toque secreto y desconocido para el resto. Por la noche se repitió la misma operación con un risotto con gulas y gambas y unas botellas de vino. Parecía mentira, pero a pesar del cansancio, el ambiente era de auténtica celebración. No era para menos, el Camino tocaba ya su fin.

24 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 7: Palas de Rei - Arzúa

Esta etapa traía una mala noticia: 28,8 kilómetros. Pero también una buena, que era bastante llana y pasaba por Melide, donde se come el mejor pulpo de Galicia...así que quien no se conforma es porque no quiere.


La llegada del lunes se notó en que la cantidad de peregrinos volvió a bajar. Una etapa tan larga da para todo: para ir por camino, por carretera general, por carretera comarcal, por pueblos, por zonas industriales...
Llegamos a Melide a media mañana, creo que eran en torno a las 11.30. Aunque parezca mentira, a esas horas sí que apetece comerse un señor plato de pulpo, sobre todo si tiene esa pinta y las raciones son así de grandes. Al llegar, nos fuimos directamente a Casa Ezequiel, que es el sitio más famoso que indican todas las guías, un local enorme lleno de mesas corridas y donde lo único que faltó fue un buen ribeiro que acompañara...pero cuando te quedan 13 kilómetros, lo del vino se perdona para no hacer eses por el camino o caerte y ponerte de barro hasta las cejas.


En aquellas raciones de pulpo nos acompañó Miguel, un chico de Coruña, médico que acababa de hacer el MIR y que viajaba solo antes de comenzar la residencia. Le habíamos conocido brevemente en el albergue de Portomarín y cuando llegó, le hicimos hueco en la mesa para que se sentara con nosotras. Este chico súper agradable nos acompañó el resto de la jornada y también la siguiente, aunque él se dio una paliza antológica y siguió hasta Santiago porque tenía que llegar el martes y nosotras hicimos noche en Pedrouzo para llegar el miércoles.


Al principio no creíamos que completaríamos la jornada y pensabamos quedarnos en un albergue a tres kilómetros de Arzúa donde nos habían dicho que había un albergue bastante bueno y hacerlos al día siguiente, pero finalmente nos vimos bien y seguimos adelante hasta Arzúa. Un poquito antes de llegar, aprovechando que paramos a descansar, recibí la llamada de mi madre anunciándome que había sido tía por cuarta vez con casi un mes de adelanto, supongo que no se me olvidará nunca porque son situaciones curiosas, tú allí en mitad de la nada, con el único objetivo de llegar a pie a tu destino, tan lejos del mundo cotidiano...

Cuando llegamos a Arzúa, la guía ponía que tenía 300 habitantes, pero me da a mí que se les olvidó poner un 0 más porque es un pueblo bastante grande para la zona. El albergue estaba muy bien, al parecer es el albergue que está ubicado en el edificio más antiguo en el camino, un caserón de piedra totalmente reformado. Nos duchamos y optamos por pasar por el supermercado para comer algo.

Ese día estábamos literalmente molidas, el final se palpa, pero aún quedan dos jornadas y tienes que seguir tirando. El dolor de cuerpo era muy intenso...daba igual que el completo extraño de al lado durmiera a diez centímetros de ti o que roncara como un oso...simplemente dormías.

21 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 6: Portomarín - Palas de Rei


25 kilómetros y tres cuartas partes del trazado volvían a ser cuesta arriba, así que nos pusimos en marcha muy pronto. Con nuestras caras de sueño volvimos a atravesar el río Miño, esta vez para salir de la ciudad.


Teníamos un cielo totalmente gris, amenazando permanentemente con llover, pero también había unos paisajes increíblemente bonitos.
A Noe no se le escaparon algunas instantáneas irrepetibles que sólo se ven cuando uno tiene el privilegio de ir andando y poder pararse a observar tranquilamente.

En esa etapa seguramente Bea y Noe andarían ya por no sé qué estrofa de la canción que hicieron sobre el Camino basándose en el "No puedo vivir sin ti" de Coque Malla que yo no había escuchado nunca y que estos días no paro de tararear...la canción quedó muy chula y las dos tienen mucho mérito.


Llegamos a Palas de Rei al mediodía, un pueblo corriente. Nos habían dicho que había dos albergues en el pueblo, uno muy nuevo, pero que estaba muy lejos del centro del pueblo, que era por donde podías ir a comer o a tomar algo durante toda la tarde y otro en el mismo centro del pueblo que era más viejo y estaba peor. Decidimos ir al del centro y cuando llegamos, nos encontramos a una hospitalera muy antipática. Cuando estábamos a punto de registrarnos vimos salir a una peregrina japonesa a la que ya habíamos visto en otras ocasiones para preguntarle si las únicas duchas que había eran mixtas y sin puerta, la hospitalera le dijo que sí, así que nos miramos y cuando a continuación nos dijo que a esas horas ya no quedaba tampoco agua caliente, decidimos que esa noche también dormíamos en el albergue privado de enfrente.


En el albergue privado dormimos en una habitación de once, pero la habitación era amplia y no estaba mal. La mayoría eran extranjeros y de mediana edad, así que esa noche hubo que tirar de tapones de los oídos de nuevo. Por allí andaba un Steve Urkel inglés que parecía recién salido de Oxford al que volvimos a ver en un bar de Santiago. Un tipo curioso que llevaba en la mochila hasta un antifaz para dormir.


En aquel albergue volvimos a encontrarnos con los jubilados malagueños que nos recomendaron ir a comer a un mesón, pero cuando llegamos a las 4 de la tarde ya no nos dieron de comer, así que buscamos una alternativa. A esas horas ya no sientes ni hambre, aunque si te ponen un plato delante, literalmente devoras.

Por la tarde llovió mucho y apenas salimos del albergue para cenar un sandwich. El resto del tiempo: descanso, internet, unas cervezas y la única porción de tarta de santiago que comí en el camino por puro antojo.

20 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 5: Sarria - Portomarín

Fuimos las últimas en salir del albergue de Sarriá y no debían ser más de las 8.30 de la mañana. Se notaba la paliza del día anterior, el dolor crónico en los pies iba creciendo y además llovía. Atravesamos Sarriá, la ciudad más grande del camino después de Santiago, que el día anterior no tuvimos fuerzas para visitar.
Nos sorprendió la marea de gente que nos íbamos encontrando y que emprendía la ruta hacia la salida del pueblo. Grupos grandes con los que comenzamos a andar en romería bajo la lluvia. Había dos razones para el crecimiento espontáneo de peregrinos, era sábado y hay mucha gente que completa el camino en etapas de fin de semana y en Sarria está el kilómetro 115, por lo que la gente que quiere hacer el mínimo trazado para obtener la Compostela, suele empezar desde aquí.

La salida del pueblo transcurría por un precioso bosque autóctono, pero la lluvia dificultaba el disfrute. Fueron pasando los kilómetros y volvimos a encontrarnos sin un lugar para desayunar hasta que apareció una especie de área de descanso en el kilómetro 108 que consistía en una caseta llena de máquinas de autoservicio. Era lo que había, así que aquel día, el desayuno pasó sin pena ni gloria.

El camino estaba lleno de obstáculos y pasamos por un montón de pueblos casi desiertos. El camino se nos hizo largo hasta Portomarín. Una de las veces, paramos en casa de un tipo de acento francés que tenía las puertas de su finca abiertas, con un cesto con frutas y un banco para quien quisiera parar a descansar.

Al final del camino, pasado el mediodía, nos encontramos con Portomarín, localidad a orillas del imponente Río Miño, que me pareció enorme. Para recibir al peregrino, esta ciudad tiene unas empinadas escaleras, de esas de lanzar un largo suspiro cuando ya piensas que no puedes más.

Nos alojamos en lo más alto del pueblo: el albergue de la Xunta. Esta vez las 100 plazas se dividían en dos habitaciones de 50 plazas cada una. Un albergue correcto en el que pudimos descansar y hacer la colada. El precio de la lavadora era un poco abusivo, pero merece la pena el momento en el que sacas la ropa y huele a limpio...pequeños placeres que descubres cuando lo único que tienes es una mochila y tres mudas de ropa.

El resto de la tarde la pasamos evitando la lluvia bajo los soportales del pueblo haciendo lo que más apetece a última hora: tomar unas cervezas y echarnos unas risas jugando a adivinar con mímica y dibujos situaciones que nos habían pasado en el Camino...el momento fue total. Por allí volvieron a aparecer de nuevo los jubilados malagueños.

19 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 4: Triacastela - Sarria

Con esta etapa llegó el cambio radical del tiempo, así que nos enfundamos las capas que nos cubrían incluyendo la mochila, con las que parecíamos jorobados de Notre Dame y dragones chinos y salimos a la lluvia.

La tarde anterior habíamos estado analizando la etapa porque tenía dos variantes, una corta hasta Sarria por San Xil que tenía 18 kilómetros y una larga, pasando por Samos para ver el monasterio benedictino, de seis kilómetros más. Por la tarde decidimos que haríamos la corta pero no sabemos cómo ni porqué, cuando ya llevábamos un buen rato andado, nos dimos cuenta de que nos dirigíamos a Samos y que ya no merecía la pena dar la vuelta.

Como salimos sin desayunar y no teníamos prevista esa ruta, tuvimos que andar sin nada en el estómago hasta que llegamos a un pueblo en el que una señora que tenía en su casa una especie de sala que servía como tienda de comestibles, bar y centro social, nos dio de desayunar. La mujer lo debió flipar cuando le pedimos pan con jamón y tomate, pero era muy maja e hizo lo que pudo, y nos puso sobre la mesa el pan y el tomate partido como para ensalada por lo que nos hicimos el pan tumaca a nuestra manera. Lo más gracioso fue cuando nos preguntó que si nos gustaba el pan, que era muy bueno y que era de un pueblo a unos cuantos kilómetros, le preguntamos que si lo bajaban todos los días porque la verdad es que sí que nos gustaba y la señora nos contestó que no, que sólo lo bajaban los lunes...en fin, sólo apuntar que estábamos a viernes.

Hacia las 12 llegamos a Samos, al Monasterio Benedictino, que la verdad es que merece la pena. Como la última visita guiada era a las 12.30, decidimos quedarnos a verla. Después, tal y como nos recomendó el Padre Agustín en el Monasterio, comimos unos bocadillos en Samos y echamos a andar de nuevo.
A partir de este punto volvían a abrirse dos alternativas, un camino por carretera que no nos recomendaban por su peligrosidad y otro por camino, así que seguimos por el camino aunque éste eran dos kilómetros más. Nos calló una chupa de agua increíble y nos refugiamos en una caseta con conejos y unas patatas gigantes que luego resultaron ser calabazas. Cuando escampó, seguimos un camino que se volvió interminable según pasaban las horas. Como tuvimos que parar varias veces, ésa fue la etapa más larga en duración y en la que llegamos a destino al límite de nuestras fuerzas. Ahí apareció mi segunda ampolla.

La meta estaba en Sarria, donde nos alojamos en el albergue privado A Pedra, todo un acierto y un lujo: una habitación sólo para nosotras tres. Después de una ducha que es el verdadero elixiar del peregrino, bajamos derrotadas a tomar unas cervezas y a cenar al bar del albergue, allí coincidimos en la misma mesa de nuevo con los tres jubilados malagueños y una pareja que iba haciendo las etapas y cuando llegaba a destino, cogía un autobús para volver al principio de etapa a recoger el coche, así no tenían que cargar con mucho peso en la mochila. El dueño del sitio era también un hombre encantador que incluso me subió la chaqueta a la habitación cuando me la dejé en el bar.

18 de mayo de 2010 | | 2 comentarios

Etapa 3: O'Cebreiro - Triacastela

Después de la subida, llega la bajada, así que después de un buen desayuno en O'Cebreiro comentando la sinfonía de ronquidos del día anterior, nos pusimos en marcha para completar los 21 kilómetros de recorrido hasta Triacastela. Muy pronto llegamos a la monumental estatua del peregrino.


Al principio de esta etapa vuelve a haber un ascenso importante: el Alto del Poio, a cuyo final hay un negocio que es el mejor situado de España, imagínense una cuesta infernal y al final, un bar donde no hay peregrino que no pare allí para recuperar fuerzas con un buen bocata después del repecho.

A continuación comienza un descenso de 673 metros, por lo que las rodillas también sufren lo suyo. A pesar de ello, recuerdo que fue un camino bastante agradable, sobre todo por el tiempo, ése sería el último día de sol, los siguientes nos acompañarían las nubes y los chubascos. También fue el día en el que descubrí mi primera ampolla, a la que seguirían otras dos más.

Llegamos a Triacastela al mediodía, justo a tiempo para comer churrasco al solecito de una terraza. Recuerdo que pasaba el tiempo y no había quien nos levantara de allí. Nos alojamos en un albergue privado de nuevo porque nos habían comentado que el municipal no estaba muy bien, pero luego resultó que no, que el de la Xunta estaba muy bien y que las habitaciones eran sólo de cuatro personas. No obstante, no estuvimos mal, dormíamos seis y teníamos acceso a Internet, que para matar el tiempo en esas tardes sin nada que hacer más que descansar, no está nada mal.

17 de mayo de 2010 | | 2 comentarios

Etapa 2: Trabadelo - O'Cebreiro

La etapa reina del Camino fue nada menos que nuestro plato entrante. Como habíamos caminado 10 kilómetros la tarde anterior, la subida a O'Cebreiro se convertía en una etapa de 18 kilómetros en vez de los brutales 28 cuesta arriba.

Nos levantamos muy temprano y desayunamos como solía ser costumbre, en el siguiente pueblo que encontrábamos cuando hubiéramos andado un poco. Lo mejor de aquella etapa fue un tiempo primaveral y poder caminar sin ninguna molestia todavía, pero las cuestas arriba eran constantes, primero con la subida a La Faba y después, con la subida a O'Cebreiro por terrenos pedregosos y muy incómodos.

O'Cebreiro es el primer pueblo de Galicia, de ahí su simbolismo dentro del Camino. Pasas de los 500 a los 1296 metros en esa etapa, casi 800 metros de desnivel nada desdeñable y que con mal tiempo pueden ser muy complicados, de hecho, a pesar de que ese día lucía el sol, nos dijeron que hacía poco que había nevado.



Lo primero que recuerdo de la llegada a O'Cebreiro al mediodía fue nuestro encuentro con los tres jubilados malagueños, salieron a nuestro paso para preguntarnos si la llegada había sido muy dura y estuvimos hablando un momento, nos hicimos unas fotos mutuamente y luego nos los volvimos a encontrar en Sarria y en muchos más sitios.

Tras la llegada nos fuimos directamente al albergue que quizás sea el que más recordaremos pasado el tiempo. Un edificio de piedra en bastante buen estado donde dormimos en la misma sala 78 personas aquella noche. Por las fechas, la cantidad de mujeres es muy escasa y que sean españolas es una rareza, así que la noche fue una sinfonía de ronquidos tremendos a los que la gente abucheaba directamente.

Por la noche, mientras cenamos, conocimos a los sevillanos, un padre con sus dos hijos con los que también coincidiríamos hasta el final y que tenían una capacidad increíble para ir agrupando a la gente con la que se iban encontrando.

16 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 1: Villafranca - Trabadelo

Nuestro punto de partida del Camino fue Villafranca del Bierzo. Nuestra idea era comenzarlo en Ponferrada, una etapa antes, pero antes del viaje, cuando repasamos los kilómetros, nos dimos cuenta de que no habíamos reparado en una etapa que tenía nada menos que 40 kilómetros y que necesariamente, teníamos que partir en dos, y que por lo tanto, nos faltaba un día.

El día 4 de mayo cogimos un autobús en la estación de Méndez Álvaro a las 10.30 de la mañana y llegamos a Villafranca a las 16.15, hacía un sol espléndido y tomamos la sabia decisión de cargarnos las mochilas y comenzar a andar aquella misma tarde con la idea de quitarle 10 kilómetros a la etapa del día siguiente y que es la más dura del camino francés: la subida a O'Cebreiro.

Con esos diez kilómetros llegamos a Trabadelo, un pueblo pequeñísimo donde, a falta de albergue municipal, nos alojamos en el privado Crispeta y que era más bien una casa rural. En la habitación dormíamos ocho en literas y allí conocimos a Ingrid, una mujer alemana que venía desde la frontera con Francia y que nos explicó que venía con un grupo de mujeres que habían padecido cáncer de pecho. Una mujer encantadora a la que nos encontramos casi todos los días en algún punto del Camino hasta llegar a Santiago.

15 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

El Camino de Santiago (Conclusiones)

La verdad es que una vez aterrizada y puesta delante del ordenador para relatar cómo han sido las vacaciones más cansadas de mi vida, es difícil saber por dónde empezar, así que elijo de forma aleatoria empezar por las conclusiones y después iré contando etapa a etapa.

La primera conclusión que traigo del Camino es que es duro de c*****s. Seguramente la belleza de este viaje está en que si no fuera por este recorrido a pie, habría sitios que no pisarías en la vida y paisajes que te perderías, pero indudablemente todo eso tiene un precio y se ajusta al dicho "sin dolor, no hay gloria" que tanto gusta decir a los peregrinos. La primera semana es la mala, lo dicen los que para mí, tienen un mérito que no alcanzo a medir y que empiezan el camino en la frontera con Francia o incluso más lejos, dicen que después de esa semana, el cuerpo se acostumbra. Yo he estado caminando ocho días y no puedo asegurar que mi cuerpo se hubiera acostumbrado del todo a recorrer como mínimo 20 km. durante muchos más días.

La culpa de que el camino se vuelva en ocasiones tortuoso no es de la capacidad física, ni del cansancio, ni de las incomodidades de vivir con lo básico metido en una mochila que pesa, sino los pies con ampollas, los músculos doloridos y las lesiones que acaban apareciendo por estas causas. Si no fuera por esto, el camino no tendría pegas, porque el cuerpo se adapta a todo y aguanta lo que le echen.

También me habían comentado que el camino francés es un negocio. Ciertamente, hay pueblos que si no fuera por el camino, estarían totalmente abandonados, por lo que su existencia es una necesidad económica para Galicia, pero también es cierto que hay etapas en las que puedes estar algunos kilómetros sin encontrar un sitio donde parar, vamos, que aquello no es Las Vegas. Lo que es evidente es que hay descompensaciones, por ejemplo: los albergues de la Xunta cuestan 5€, hay albergues mejores y otros que necesitan ser reformados, pero en todos tienes un colchón, una ducha (el agua caliente no es un factor seguro) y un lugar donde descansar algunas horas, el precio es más que razonable. Si decides irte a un albergue privado para dormir con menos gente y cuyas instalaciones suelen estar más cuidadas, el precio nunca será superior a 10€. Sin embargo, un café en Villafranca te cuesta 1,5€ o por ejemplo, el llamado menú del peregrino que hay en todos sitios como casi única opción si quieres comer caliente, tiene un precio único de 10€ vayas donde vayas. Ni caro, ni barato, simplemente descompensado.

Por el camino, te vas encontrando a gente de todo tipo. En nuestro caso íbamos tres y la verdad es que todo han sido ventajas, tener con quien hablar, buen rollo y un estado físico muy similar. Creo que el camino puede complicarse mucho si vas con alguien que no tenga tus mismas condiciones porque siempre hay alguien que va a acabar quemado porque no puede tirar más o porque siempre tiene que andar despacio. Nos hemos encontrado a mucha gente que iba sola, pero al final nadie acaba solo porque como las etapas están tan marcadas, en los albergues te acabas encontrando todos los días con las mismas personas y se acaba haciendo grupo, en nuestro caso, así ha sido. Acabamos 20 personas haciendo comida y cena comunitaria en el último albergue y cenando juntos en un restaurante el día que llegamos a Santiago. Quizás no nos veamos más en la vida, pero conocer a gente es una de las cosas bonitas del viaje, entre otras muchas, hemos conocido a tres jubilados de Málaga que nos han hecho pasar momentos increíblemente divertidos.

Y la conclusión final es que es un viaje que queda en el recuerdo para siempre, simplemente por el esfuerzo que se hace, por los malos ratos que se pasan y que hacen que luego seas capaz de recordar más vivamente los buenos momentos, por esa entrada triunfal en la Plaza del Obradoiro cualquiera que sea tu motivo para haber llegado hasta allí. Doy por seguro que ningún peregrino olvida ese momento.

1 de mayo de 2010 | | 1 comentarios

Cuenta atrás a la aventura

Ya nos queda muy poco para unas cuantas cosas, por un lado ya están vistos los fallos del piso con buen resultado: algún fallo más grande que espero se solucione y otros menores. Es algo ilusionante, claro, y me apetece que llegue la entrega de llaves y demás historias, pero por otro lado, me alegro de que se me haya cruzado en estas fechas un viajecito...me sirve para pensar en otras cosas que no sean números y para airearme, que cuando empiezo con el run-run de las preocupaciones me pongo muy pesada.

Así que estos días estoy ultimando la equipación, algo que no se acaba nunca. Parece que para hacer el camino basta con cuatro cosas y salir andando, pero no es así, como te pongas a visitar foros y opiniones, al final metes la casa entera en la mochila y luego queda elegir las cosas, porque puedes comprártelas muy baratas, sí, pero como no quieras ir muy de cutre, la equipación deportiva puede ser muy cara.

El viaje apetece mucho, aunque ya sabemos los inconvenientes que nos podemos encontrar: mi tendinitis en la pierna derecha lleva días sin dolerme absolutamente nada, veremos cuántas jornadas aguanta, me gustaría que todas, pero creo que desgraciadamente acabará apareciendo aunque espero que lo haga de forma leve. Los bichitos son otro punto conflictivo, parece ser que por mucha limpieza que exista, la realidad es que los peregrinos vamos transportando los bichos del camino a los albergues y es imposible librarse de ellos. Rezaremos por que no se meta ninguno en el saco.

El cansancio y el sueño...con la ayuda de los antihistamínicos, que son puros somníferos, espero caer como un saco de patatas todas las noches. Si me molestan los ronquidos, espero que con los tapones sea suficiente. No espero nada en concreto del camino, hay quien busca soledad, encontrarse a sí mismo y todo eso...yo sólo espero pasármelo bien, que la experiencia merezca la pena, disfrutar del paisaje y las cosas típicas y que mi cuerpo aguante lo que tenga que aguantar. A todos nos gusta viajar cómodamente, pero si soy sincera, la idea de un viaje con lo básico me resulta muy atractiva.

Aquí se queda la tramitación de la hipoteca, el foro de futuros vecinos con los últimos rumores y la mesa de trabajo donde se irán apilando día a día las tareas. Ahí se quedan, que yo...me voy.

A la vuelta, como siempre, crónica exhaustiva.


15 de abril de 2010 | | 0 comentarios

Credenciales

Ya se va acercando ese día de mayo que será día de partida a la aventurilla. Poco a poco nos hemos ido haciendo con la equipación gracias a que hemos podido tomar prestado de aquí de allá (por cierto, gracias a todos porque no sé si todavía queda alguien a mi alrededor que no me haya dejado algo) y al Decartón, que para algunas cosas, aunque sinceramente no todas, no tiene competencia.
Así pues, estamos en fase de entrenamiento y de concienciación de lo que parece que va a ser el camino: madrugones, dormir con tropecientas personas en literas (si es que no tenemos problemas de masificación peregrina) y las caminatas en torno a los 25 km. diarios con los utensilios básicos colgados a la espalda.
Parece un plan poco apetecible, pero les puedo asegurar que las tres que nos aventuramos, tenemos muchísimas ganas, que es lo fundamental y estos días andamos mirando foros, pidiendo opiniones, repartiendo peso entre las mochilas y por último, el otro día nos acercamos a la Asociación de Amigos del Camino de Madridpara hacernos con la credencial.
Ahora mismo está en blanco, pero al final del camino estará repleta de sellos que nos habrán puesto en aquellos sitios por los que habremos pasado a fin de que podamos demostrar que hemos hecho andando al menos los últimos 100 km. del recorrido y que se nos reconozca como peregrinas a la llegada a Santiago.
Por ahora no nos imaginamos todo lo que está por suceder, sabemos que el tramo del camino francés que vamos a recorrer es un negocio económicamente muy rentable, pero aún así, seguro que encontramos tranquilidad, naturaleza, gente de todo tipo y dificultades. Por otra parte no he encontrado todavía (y creo que he leído todos los foros habidos y por haber) una mala opinión de nadie que haya hecho el camino sobre la experiencia y a duras penas cuesta averiguar si hay alguien que no lo ha acabado.
Así que, como se dice entre peregrinos para dar ánimos: ¡ULTREIA!

31 de marzo de 2010 | | 1 comentarios

Ascensos a la sierra madrileña

Los sabios consejos del buen peregrino recomiendan preparar el Camino de Santiago con unas buenas caminatas que nos ayuden a acostumbrar el cuerpo y los pies a recorrer largas distancias. Con esa premisa, el domingo 28 de marzo nos dirigimos hacia la sierra madrileña para hacer una ruta por el Parque Natural de Peñalara.

Con una hora menos de sueño por el cambio al horario de verano y con cierto retraso sobre la hora establecida, la ruta comenzó hacia las 11 de la mañana y los once excursionistas o domingueros, nos encaminamos hacia la cumbre con la idea de llegar a la laguna de los pájaros, a cinco kilómetros del punto de inicio.

Tuvimos la suerte de disfrutar de un día soleado, sólo se oscureció con unas nubes que finalmente no fueron una amenaza y nos encontramos un recorrido lleno de nieve, lo que incrementó el grado de dificultad de la marcha. Ciertas subidas fueron bastante duras para las piernas de los excursionistas, pero a cambio, el paisaje era precioso y la temperatura ideal, bastaba con una capa de ropa y en algunas ocasiones, se podía estar en manga corta. Para los que no frecuentamos la montaña y no practicamos deportes de invierno, la sensación de pisar la nieve y notar como cruje bajo los pies es una maravilla.


Dos horas de subida y cinco kilómetros después, llegamos a la helada laguna de los pájaros, fue el momento del descanso, la admiración del paisaje y el avituallamiento: bendito bocadillo de tortilla. Tras el inpass, comenzamos el descenso, más ligero quizás pero no menos peligroso, la nieve cuesta abajo es en muchas ocasiones una trampa.


El descenso fue significativamente más corto, se hizo en hora y media y a la llegada a meta, nos esperaba un café al sol de la sierra madrileña, fin de un domingo estupendo y preludio de un lunes de piernas cansadas que no tiene tanta importancia cuando la semana que sigue es tan breve como ésta.

Primera toma de contacto para el camino y parece que nos encontramos en plenas facultades.
* El estupendo reportaje fotográfico es del hombre que se esconde bajo el pseudónimo de Justin.

17 de marzo de 2010 | | 2 comentarios

Síntomas primaverales

Empieza a asomar el buen tiempo. Ya tocaba, porque el largo y frío invierno empezaba a tener pinta de nunca acabar. Ahora llegarán las alergias y demás molestias primaverales, pero al menos yo estoy encantada de salir de casa a plena luz del día para ir a trabajar, una de esas cosas sencillas que a uno le dan la vida.

Como Uri está en las Américas en uno de esos viajes que a uno siempre le apetecería hacer pero para el que no siempre se dan las circunstancias, le sustituyo y hago doblete por las tardes en la recepción de una escuela de música. Yo, que soy analfabeta musical por completo, paso las tardes escuchando de fondo los violines, los pianos, el canto...pensando en lo gratificante y ameno que debe ser saber tocar un instrumento. Ya saben, la típica sensación del que no está dotado para un arte y aún así admira al que posee esa habilidad, aunque no se dedique profesionalmente a ello, aunque sólo le sirva para entretenerse...vamos, tiene que ser una delicia.

Con un escenario tan idílico como el buen tiempo y la música de fondo he de comenzar a hacer lo que tengo pendiente: andar. En mayo me espera un tramo del Camino de Santiago entre Ponferrada y Santiago de Compostela, siete jornadas de larga andadura por tierras leonesas y gallegas, así que mis pies ya pueden ir acostumbrándose al kilometraje.

Mi modelo de bota, aunque es de otro color

Por el momento he dado el primer paso lógico: comprarme unas botas que no tenía y el siguiente paso es no cometer el error de estrenarlas en el camino, aunque aún así, temo que saldrá a relucir mi faceta de pupas. Sé que la experiencia va a ser dura, lo dice todo el mundo, así que intentaré estar mentalmente preparada para el sufrimiento y trabajaré sobre mi lado más quejica para que sea llevadero.

A pesar de todo, me apetece mucho hacerlo, creo que tiene que ser una experiencia única en la vida independientemente de la motivación con la que se haga y además casi nadie se retira, así que aunque sea sólo por orgullo, tendremos que hacer lo imposible, porque si no, no habrá llegada triunfal a la Plaza del Obradoiro y sin eso, no habrá post.

21 de febrero de 2010 | | 3 comentarios

De viajes pasados y futuros

Debió ser en el blog que tenía montado antes de que éste existiera dónde hablé un par de veces del viaje que hicimos a la isla de Madeira en septiembre de 2006. Un viaje que recuerdo con especial viveza hoy, cuando despertamos con la noticia de que la isla entera y en especial su capital, Funchal, se encuentran arrasadas y da mucha tristeza ver las imágenes de las riadas de lodo llevándoselo todo a su paso.

Vista aérea de Funchal tomada desde el teleférico

Si parafraseo al estilo de los folletos de viajes, Madeira es un jardín flotante y no hay mejor definición, porque es todo vegetación y también paisajes áridos como el de Pico do Areiro y levadas, pura naturaleza y caminos imposibles y cuestas que daba vértigo subir, especialmente cuando se conduce un megacoche alquilado de seis plazas. Recuerdo que me enteré de que no había playa casi cuando nos íbamos, eso lo he contado mil veces, y que nadie nos avisó de que es un viaje para ir con los aperos de senderismo y ganas infinitas de andar. Íbamos de turistas con deportivas y las verdad es que nos hubieran venido bien unas buenas botas de trekking. Aún así, echamos el resto en las levadas, parques naturales que en otras épocas canalizaban el agua de la lluvia desde las alturas del centro de la isla para abastecer las poblaciones de la costa y que hoy, han aparecido anegadas.


Alguna subida mortal por los alrededores del Pico do Areiro que te dejaba sin aliento

Recorrimos la isla durante siete días, incluso cogimos un ferry para ir a Porto Santo, una playa que decían paradisíaca, aunque concluimos que esta opinión no era tanto por su calidad sino por su emplazamiento remoto o su tranquilidad. Caminamos, mucho, por las levadas y vimos sus acantilados (los segundos más altos de Europa tras los Irlandeses) y disfrutamos del clima y nos reíamos con la cantidad de canarios que había en esa isla porque no llegábamos a entender la afición a salir de una isla para meterse en otra. También nos hartamos de pedir espetada, una brocheta gigante de carne o pescado, especialidad en cualquier sitio e hicimos lo típico más típico...tirarnos por una de las enormes cuestas de Funchal en una especie de trineos, ahí fue tomada una de las autofotos más divertidas de la historia.


Madeira fue un gran viaje, además dio la casualidad de que hubo cierta mezcla y algunos no nos conocíamos, por eso también recuerdo algunos roces de la convivencia, pero en general, fue estupendo. Esperemos que pronto se recuperen de la catástrofe y sean de nuevo el destino turístico a tener en cuenta para cualquiera que no sepa muy bien dónde ir, no quiera ir muy lejos, y quiera hacer un viaje de naturaleza que se le quedará grabado.

Hablando de viajes, parecerá mentira, pero ya están siendo programadas un par de viajes con mayúsculas de esos que llevan largo tiempo siendo esperados. Por un lado, el Camino de Santiago, que ya tiene fechas confirmadas en mayo y que me apetece muchísimo hacerlo desde que el año pasado estuvimos en Santiago de Compostela y me quedé prendada de la idea de llegar como peregrina y más en año Xacobeo. Ahora toca ponerse las botas e ir haciendo los pies a las grandes distancias que nos esperan entre Ponferrada y la catedral, esperemos que en mayo no haya avalancha.

Por otro lado, y no menos esperado, en septiembre nos espera París. Una ciudad que no conozco y que tengo muchas ganas de patearme de arriba a abajo, para ello tendremos una semana, así que seguro que las caminatas del camino me vienen bien para estar bien entrenada y batir records.

26 de agosto de 2009 | | 3 comentarios

Galicia

Del sur portugués y pasando por Madrid-Barajas, cambiando en 24 horas de maleta y de compañía, aterrizamos en el noroeste español: Santiago de Compostela en vuelo hiperbarato, para comenzar desde ahí un periplo que iba a abarcar desde Ribadeo, población fronteriza con Asturias, hasta la frontera natural constituida por el Río Miño más allá de las Rías Baixas.

Santiago fue una explosión de sorpresas, una ciudad de esas que tienen encanto, particularidad, que aúnan arte, tradición, gastronomía y hordas de turistas que se dejan llevar muy fácilmente por el fervor religioso. Es imposible no pensar en lo que debe estar pasando por la cabeza del peregrino que ya lleva las botas colgadas en la mochila porque ha completado el camino y se sienta a contemplar la fachada de la Plaza del Obradoiro con satisfacción. Bicicletas, mochilas, ruido, trasiego de gentes en la catedral, hecha por y para el pueblo, donde cualquiera es capaz de aguantar estoicamente hora y media para ver la oscilación del botafumeiro, donde todo el mundo tiene cabida y se llama a las cosas por su nombre, como cuando el cura recibe con toda naturalidad a los fieles laicos, que en Santiago, si no se es devoto, es casi obligado serlo.

De Santiago me quedo con todo, con la catedral y con su Rúa do Franco: París-Dakar compostelano, con las cubiertas de la catedral que no pudimos ver debido a un fallo de coordinación entre oficinas de turismo y con esa comida de órdago y ribeiro en un sitio del que daré gustosa cuenta a quien quiera ir, no vaya a ser que el secreto se propague demasiado.

Tras coger un coche de alquiler con la compañía Hertz (ojito con las cláusulas demoledoras que te imponen al hacerte entrega del coche), pusimos rumbo a Ribadeo, paramos en Mondoñedo, y de allí llegamos a la Playa de las catedrales, una preciosidad que sólo puede disfrutarse plenamente en bajamar durante unas horas al día, hicimos noche en un hotel rural nuevo y decorado con mucho gusto.

Al día siguiente recorrimos parte de la mariña lucense, San Martín de Mondoñedo, el monasterio más antiguo de España, Foz, Viveiro y el punto más septentrional de España: Estaca de Bares. Por la tarde, fuimos a parar a las inhóspitas aguas caídas del Río Sil camino de la casa rural, casi un pazo en mitad de la naturaleza, donde la primera visión de la mañana a través de la ventana eran unas vacas.

La tercera jornada la iniciamos en San Andrés de Teixido, un marco incomparable al que merece la pena llegar a pesar de las carreteras, para admirar las vistas y perderse en un minúsculo pueblo lleno de encanto, después Ferrol y A Coruña, con su preciosa Plaza de María Pita y la mítica torre de Hércules, para encontrar el descanso en la Costa da Morte, muy cerca de Muxía.

A la mitad del viaje iniciamos el descenso hacia las Rías Baixas en el mismo punto de partida donde contradictoriamente hace mucho tiempo estaba el fin: Finisterre y desde allí visitamos los pueblos pesqueros de Muros, Noia y Rianxo e hicimos una parada en Porto do Son, en el Castro de Baroña, gran descubrimiento arqueológico junto al mar que nos dejó obnubilados, tanto que una de las últimas paradas: el poblado de Santa Tecla, nos impresionó menos de lo habitual. La parada y fonda la hicimos en Cambados.

El penúltimo día, a pesar de que los planes pasaban por comer en O Grove, acabamos dando el salto y visitando sitios con más interés que el puramente gastronómico y fuimos a Baiona, lugar que habitaba en nuestra total ignorancia y que es una preciosidad, donde de paso nos tomamos una mariscada propia de reyes y después, nos acercamos a Santa Tecla, lugar que impresiona algo menos cuando ya se han visto otros castros, pero que no deja de ser imprescindible visitar gracias a las reconstrucciones que dan una idea de cómo vivían los antepasados celtas.

Esa noche dormimos en Vigo, en un hotel bastante aparente hasta que subías a la habitación y veías como el baño se inundaba en el intento de darte una ducha. Así que si alguien se deja caer por Vigo, que tache el hotel México de su lista.

La última jornada maratoniana transcurrió entre Vigo, ciudad poco turística y muy industrial (qué vuelta para omitir la palabra "fea"), Combarro, con sus preciosos hórreos asomados al mar, que celebraba una oportuna feria del marisco con sus gaitas y muñeiras y finalizó en Pontevedra, a pleno sol, en sus calles y parques, donde la última siesta del viaje fue una pequeña muestra de lo que en conjunto fueron estos días: una delicia, palabra cursi pero adecuada, sobre todo cuando se ha visto dormir plácidamente y eso nos ha procurado descanso y se han conocido fisuras y novedades que engrandecen y nos permiten seguir adelante.

He vuelto con una idea clara, el año que viene, Xacobeo, sería un gran año para calzarse las botas y hacer el camino, el ambientillo y la experiencia creo que merecen mucho la pena y tengo por seguro que las vacaciones del año que viene van a requerir una gran dosis de austeridad por mi parte. Eso sí, habrá que buscar la manera de evitar los meses de mayor calor y afluencia, ya que no volverá a ser Xacobeo hasta 2021.

Hasta aquí el parte vacacional, se supone que septiembre viene cargado de novedades laborales, pero todo es una incógnita por el momento. Si quieren ver más fotos, llegarán pronto al enlace de flickr.