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27 de octubre de 2011 | | 0 comentarios

Downton Abbey

Aunque la oferta de canales sea cada vez más apabullante, hace ya tiempo que en mi caso, la televisión se redujo a las series, en su mayoría de producción estadounidense. Boyero ha dicho en numerosas ocasiones que el mejor cine se encuentra en la actualidad en algunas series, ficciones que enganchan por su calidad y por su variedad.

Soy fiel a unas tres o cuatro series según la época, en verano la cifra baja bastante y para mí, son puro entretenimiento. Un capítulo para acabar el día los días que puedo es ya una costumbre y algo que me encanta seguir, no me importa "engancharme", sobre todo cuando eso supone un buen rato y además la serie es de calidad.

Una de esas series que a uno le encantaría volver a ver desde el capítulo 1 sin saber nada es Downton Abbey, una serie ambientada en la sociedad británica del primer cuarto del siglo XX: clases sociales muy diferenciadas, una gran mansión, una gran familia, la I Guerra Mundial como telón de fondo, unos personajes sólidos y bien construidos...la serie tiene todos los ingredientes para que cualquiera se aficione.
En concreto, hay un personaje que me resulta apasionante. Maggie Smith es para mí la piedra angular de esta serie, encarna el clasismo de una manera impecable y es capaz de generar simpatía y antipatía a partes iguales, una actriz ganadora de dos Oscar que le da el toque final a esta ficción que parece que sólo tendrá 3 temporadas, una razón más para verla...nadie tendrá que perderse en culebrones de interminables tramas ya que cada temporada apenas supera los 8 capítulos.

24 de septiembre de 2011 | | 1 comentarios

Bolonia y Verona

Volver a Italia siempre es un placer, así que los cuatro días que hemos pasado en Bolonia y Verona han sido una forma estupenda de cerrar la carpeta vacacional y meternos de lleno en el nuevo curso que comienza cada septiembre.


Mis anteriores viajes por Italia han cubierto una parte de este país, pero es un sitio con tantas cosas por ver, que cualquier zona merece una visita. Conozco las ciudades principales, las apabullantes Roma y Venecia, lugares que tengo claro que he de revisitar alguna vez más en los próximos años y conozco también esa parte encantadora de Italia que es la Toscana gracias a un viaje que hicimos unas amigas en el que recorrimos las extensiones de viñedos parando en esos pueblos que nunca se olvidan: Lucca, Montepulciano, San Gimignano, Florencia por segunda vez de nuevo, Pisa...

Bajo la premisa de que Italia siempre merece la pena, aterrizamos en Bolonia un jueves con la idea preconcebida de una ciudad universitaria, con ambiente, con uno de los mayores cascos históricos de Europa y con el encanto único que le otorgan sus omnipresentes pórticos...y no defrauda. Lo bueno de esta ciudad es que es muy abarcable y lo mismo puede verse en una visita rápida de un día o también puede ser disfrutada de forma más detenida.

El recorrido turístico pasa por las dos torres, de las cuales, solo puede llegarse a lo más alto de la Asinelli, eso sí, la subida no es cosa fácil, pero la visión desde lo alto es imprescindible para valorar la ciudad roja que queda a nuestros pies. La plaza maggiore, lugar donde se concentran los palacios, el ayuntamiento y la catedral. En un lado también está la plaza de Neptuno, allí donde puede encontrarse uno de los sette segreti de la ciudad.

El misterio, por tanto, es recorrer la ciudad y perderse bajo sus pórticos, visitar el barrio judío y si hay tiempo y sobre todo, ganas, se puede subir al Santuario de la Madonna della madonna di Luca, situado en una colina de la ciudad al que se llega a través de un camino que empieza en
porta Saragossa y, he aquí lo curioso, está totalmente porticado y consta de 666 arcos. Las leyendas dicen que al traspasar el último arco puede pedirse un deseo y nosotros damos fe de que el camino se hace lo suficientemente duro como para merecer pedir un deseo si se llega hasta allí andando.

Italia y su gastronomía son en sí todo un mundo. Hay lugares donde uno sabe perfectamente que no va a pasar hambre y éste es un caso...de hecho, ocurre lo contrario, por lo general, uno sabe que volverá con mala conciencia de lo mucho que ha comido. De esta zona hay que destacar un tópico: el estupendo helado italiano, así como una comida y una costumbre. La comida: los tortellini, concretamente los típicos de Bolonia, los tortellini in brodo, con caldo de gallina, sencillamente deliciosos y la costumbre: el aperitivo. A partir de las 6 de la tarde es costumbre en casi todos los bares, que con la consumición, el cliente acceda a un pequeño buffet en el que podrá comer lo que quiera. La consumición puede ser más cara de lo habitual, pero contando con que uno puede acabar cenando de picoteo, compensa de sobra.

En Verona la visita fue más apresurada. Tomamos el tren regional desde la estación central de Bologna hacia Verona, situada a hora y media en la región del Véneto. Al ser sábado había mucho ambiente, muchas excursiones y mucho turismo, pero a pesar de ello, recorrimos su casco con aire medieval, entramos en su anfiteatro, llegamos hasta el puente de piedra donde pudimos ver el meandro del río Adigio y nos fuimos encontrando sin querer con los pasos de Shakespeare, porque Verona es ante todo, Romeo y Julieta.

El balcón es una de esas cosas que no dejan de ser legendarias y que por ello, uno no quiere irse sin verlo con sus propios ojos, pero la realidad dista a veces mucho de ser como la imaginamos. Las hordas turísticas hacen que lugares como éste pierdan mucho encanto, sobre todo por el llamado "callejón de los enamorados" que da al patio de la casa de Julieta y que está lleno de pintadas y de chicles que lo han convertido en un lugar simplemente asqueroso. Supongo que ante las malas costumbres poco puede hacer un organismo que se dedique a salvaguardar el patrimonio, pero desde luego, yo hubiera puesto un centinela con tal de que la puerta de entrada al monumento no desmereciera tanto.

Hasta aquí la crónica italiana. Oficialmente damos por cerrada la temporada veraniega. A ver si el año que viene el balance viajero es tan bueno como éste.

15 de agosto de 2011 | | 2 comentarios

Verano low cost 3ª parte: Estocolmo


El gran viaje de este año ha sido a Estocolmo. Una semana completa en tierras suecas, con un billete low cost, alojamiento low cost y un tiempo estupendo que nos ha permitido patear mucho y disfrutar de todas esas horas de luz que tienen los países nórdicos en esta época del año.

Estocolmo es una ciudad asequible para el turista, muy llana, bien comunicada. Si se tiene ganas, se pueden hacer grandes distancias andando. La orientación es un poco complicada debido a que en muchos puntos, si se mira a cualquier lado, uno siempre ve una frontera de agua, y es que esto es debido a que la ciudad está compuesta por 14 islas unidas por más de 50 puentes. Así que lo mejor para el turista es, más que nunca: un mapa.


Estocolmo, capital de Suecia, nos ha sorprendido con un tiempo amable, a ratos caluroso y sólo un día de lluvia y cielos grises que cambian por completo la tonalidad de la ciudad. Como viven sumergidos en un largo invierno, no son muy frecuentes las persianas, así que en verano a uno le aborda una sensación de extrañeza cuando se despierta por la luz y mira el reloj pensando que pronto será la hora de levantarse y la realidad es que está amaneciendo a las 4.30.

Su primer idioma es el sueco, muy difícil de entender para el extranjero que tiene que guiarse por Stortorget, Götgatan, Södermalmstorg y demás lugares imposibles de memorizar para un momento posterior, pero todo tiene solución y la mayoría de la gente se entiende perfectamente en el segundo idioma universal: el inglés. No nos ha hecho falta preguntar mucho, pero el sueco es amable y muy cordial y muy guapo, sobre todo en su género femenino. Constatamos fehacientemente que el mito de la sueca es una realidad y que están dotadas de una genética envidiable.

Para visitar la ciudad, compramos la Stockholm card, una tarjeta turística que incluye la visita a puntos de interés y el transporte, por lo que compensa la inversión siempre y cuando se vayan a visitar muchas cosas, hay de 24, 72 y 120 horas. Entre esas mejores visitas que se pueden hacer hay muchas posibilidades ya que puede varíar según el número de días que se va a estar en la ciudad, pero como imprescindibles diría que no hay que perderse:

El Vasa Museet, un barco naufragado que fue rescatado y que se expone en toda su integridad en un museo hecho a su medida. Es una visita obligada, el museo está muy bien estructurado y la vista imponente del barco es impresionante.

El Stadshuset. El Ayuntamiento y su salón azul donde se celebra cada año la cena en honor a los premiados por el Nobel. Es una visita guiada que merece la pena.

El Museo Nobel. Es sencillo y en su mayor parte interactivo, pero para los que gustamos de tener ese bagaje cultureta es muy interesante ver quién ha sido premiado y por qué.

El Palacio Real. Por su importancia dentro de Gamla Stan, aunque a nosotros ya nos pilló con cierto cansancio y no le dedicamos más tiempo que el imprescindible en recorrer las estancias. Hay un cambio de guardia dos veces al día. Nosotros tuvimos que hacernos a un lado para dejar paso al Porsche impresionante del Príncipe Carlos Felipe de Suecia, que ya es casualidad.

Skansen. Un parque temático, zoológico y de entretenimiento en general. No soy una gran aficionada al mundo animal, pero he de reconocer que es un espacio único, sobre todo si se visita con niños. Además de una parte dedicada a especies animales de todo tipo, también hay una parte dedicada a reproducir la vida tradicional sueca: casas, personajes vestidos con trajes tradicionales que muestran oficios antiguos. Es bastante curioso y bonito.

Kaknastornet/el mirador de Slussen/Skyview. Yo soy muy aficionada a ver la panorámica de las ciudades y en Estocolmo, con esa disposición curiosa de islas comunicadas, es muy conveniente verlo desde arriba para poder apreciarlo en su totalidad. En nuestro viaje sólo subimos a la Kaknastornet, que es la torre de la televisión, desde la cual se ven las islas. En el caso del mirador que hay en Slussen, la panorámica se centra en Gamla Stan, Östermalm y Djugarden. Al Skyview fuimos, pero con tan mala suerte que estaba cerrado, estaba más a las afueras, así que no sé si merece más la pena la panorámica o la atracción en sí, unas esferas de cristal que suben por un edificio con forma de globo.

Además, a nosotros nos dio tiempo a ir a palacio de Drottningholm, un Versalles en tamaño más reducido pero igual de interesante, sobre todo por la visita al Teatro más antiguo del mundo y también cogimos un tren que nos llevó a Uppsala, una ciudad universitaria a 40 minutos al norte de Estocolmo, donde pudimos ver su catedral, la universidad, su castillo rosa y el jardín botánico.

No cabe duda de que además de estas atracciones, museos, etc. El turista tiene que pasear mucho por las islas principales. Gamla Stan se presta a ser pateada de arriba a abajo, su calle principal es Vásterlangatan, hay que pasear por la plaza principal: Stortorget y las calles que hay por detrás en dirección al Palacio Real.

Östermalm me encantó. Es la parte más rica de la ciudad, se nota en los edificios y en su particular milla de oro. Disfruté mucho paseando por sus calles y viendo sus tiendas de ver pero no tocar. Hay un mercado absolutamente fascinante que se llama Östermalm Saluhall por el que merece la pena dar una vuelta sólo por ver los pescados frescos y los productos típicamente nórdicos en todo su esplendor, si se tiene la oportunidad, también se puede comer en alguno de los puestos.

Södermalm, al sur de Gamla y conectado por Slussen, es un barrio que ha resurgido como lugar de moda. Su calle principal es Gotgatan, llena de tiendas, cervecerías, centros comerciales...sin duda es allí donde está el ambiente de Söder. Nuestro alojamiento estaba aquí, un albergue llamado Zinckensdamm, como la parada de metro más próxima. Del lugar sólo decir que era grande, limpio y cumplía con la función esperada, dar alojamiento para el descanso. El viajero ha de saber que aunque pueda llegar a Estocolmo con un billete muy barato gracias a las compañías low cost, el alojamiento es prohibitivo: una habitación con dos literas con baño compartido cuesta aproximadamente 60 euros la noche. Hagan cuentas si la idea es ir a un hotel con una cierta categoría.

Creo que en Suecia he tomado contacto con un país avanzado, que conserva su estado del bienestar. Se nota en los precios, un nivel de vida alto que obliga a que sus ciudadanos tengan unos sueldos acordes y se nota también en ciertas actitudes, la tasa de natalidad es más alta y es un país muy cómodo para viajar con niños o ir con ellos, además de que por lo que yo he observado, lo más común es ver a cada sueca con dos niños, por lo que deduzco que la conciliación de la vida y el trabajo debe ser una quimera hecha realidad. Están muy concienciados con el cuidado del medio ambiente y con la utilización de productos ecológicos. Como tienen poca densidad de población da gusto ir en plena temporada alta y no tener ninguna sensación de agobio ni tener que hacer ninguna cola y por último, tienen ese horario comercial hasta las 6 que hace que uno se plantee por qué en España se trabaja de 9 a 22 horas y no tenemos ni por asomo, esa economía y esa calidad de vida.

Cuando se tomen unas cortas vacaciones, 4 días es suficiente, piensen en Estocolmo.Yo por mi parte lo recomiendo y me voy preparando para la siguiente y última parada del verano low cost, pero para eso todavía hay que esperar hasta el 15 de septiembre.

1 de agosto de 2011 | | 0 comentarios

Burdeos

Verano “de bajo coste”. La hucha vacacional se está repartiendo por diferentes lugares a los que afortunadamente, llegan las compañías con condiciones restrictivas, a saber: maletas enanas, nerviosismo generalizado por si la maleta no cumple las medidas establecidas y no cabe en el “molde” a requerimiento del personal de tierra, asientos estrechos, probabilidad de anulaciones, retrasos y cambios y un vuelo que parece una tómbola por la cantidad de cosas que pretenden venderte, pero por ahora, contentos con la experiencia de que todos los destinos de este verano comiencen en Barajas.

El primer destino fue un vuelo de apenas una hora con destino Burdeos con Easyjet. Allí nos esperaban cinco días con la encantadora familia política que nos agasajó, cuidó y procuró alojamiento mientras nos repartíamos entre celebraciones familiares ingentes y algo de turismo.

Los franceses cortan fatal el jamón y pongo en duda su gusto para dirimir la calidad de una sangría, pero la verdad es que tienen ese punto vitalista, ese amor por la comida y el buen vivir que en poco les diferencia de sus vecinos españoles. La zona se presta a ello: extensiones kilométricas de viñedos, cada uno de ellos con su chatêau correspondiente, diferenciando bien las denominaciones de origen y sobre todo, sacándole partido a la marca Bourdeaux en sus botellas. Por muy simple que parezca, ante ciertos pueblos y parajes, yo sólo podía decir: esto es…muy francés…siendo ese francés un calificativo sumamente positivo.

Dentro del marco general de la zona destaco tres cosas: Saint Emilion, la torre de Montaigne y Burdeos. Saint Emilion y su difícil pronunciación para una negada en el idioma galo, es un pueblo delicioso entre viñas, con una impresionante iglesia monolítica y un fervor único por el vino. El paseo por el pueblo y sus callejuelas es digno de aprecio y las tiendas-bodegas donde puede comprarse el vino son de absoluto diseño, con un cuidado de la estética bien enfocada al turista que llega con el bolsillo lleno o una visa oro. Ya que la botella se nos quedaba fuera de alcance, al menos no nos fuimos de allí sin tomarnos una copita de vino.

Atravesando pueblos, donde la envidia es una de esas casitas de una sola planta con un inmenso jardín, llegamos a la torre de Montaigne, rodeada por un jardín con un paseo central flanqueado por árboles. Montaigne pasó aquí su vida, ahí tenía su lugar de descanso y de trabajo, interesantísimas son las anotaciones que él mismo ejecutó en los techos de su despacho. Un entorno precioso, en el que hay que destacar la “vivienda” que había junto a la torre y que corresponde a un particular que a buen seguro debe tener una cuenta corriente bien saneada y algún título nobiliario para cuidar semejante palacio.

Por último, la ciudad que se ha ganado un nombre gracias a la fama de sus vinos que empezaron siendo de consumo propio y acabaron siendo aclamados de forma internacional: Burdeos. Me comentaron que en esta ciudad viven las grandes familias ricas que tienen viñedos en Saint Emilion y por ello, no extraña que sea ésta una ciudad señorial, con todos sus edificios muy parecidos con sus típicos tejados alineados y lisos, con algunas grandes construcciones neoclásicas que nos trajeron reminiscencias de París. La orilla del Garona ofrece una bonita panorámica de Burdeos y la calle Sainte Catherine, la avenida comercial más larga de Francia y una de las más largas de Europa, es una vía de varios kilómetros de gente y comercio, merece la pena verla desde alguno de sus puntos más altos para apreciar la longitud y la multitud.

Alrededor de ella, un barrio donde se concentra el encanto de los bares y rincones donde podemos encontrar que un antiguo garaje que ahora es un cine, es la plaza donde se concentran los estudiantes “burgueses e intelectuales” de la ciudad, o lo que podríamos definir como los gafapastas de aquí.

Una curiosidad es la catedral con su torre separada, el suelo no ofrecía una estabilidad que asegurara que la torre no fuera a derruirse, así que nos encontramos el campanario construido a varios metros. A cada paso podemos encontrarnos la constatación de que Burdeos también es una importante ciudad de paso del Camino de Santiago.

Se nos quedó corta la visita a Burdeos, pero como intuimos que habrá próxima vez, para entonces se queda un paseo más extenso y sobre todo, disfrutar del trayecto de los tranvías desde la terraza de un café mientras nos tomamos un vino…de Burdeos, por supuesto.

El final de julio lo disfruté en la playa que acostumbro a visitar sin falta desde hace más de 20 años, con un tiempo regulero y casi raro para esta época, pero hice lo que más me gusta hacer allí, tirarme en la arena mañana y tarde y desconectar.

El verano low cost no acaba aquí, la siguiente crónica: Estocolmo.

19 de abril de 2011 | | 0 comentarios

Semana Santa 0 - Puente de mayo 1

Este año el resultado está así: Semana Santa 0 - Puente de mayo 1. No nos va la penitencia, pero sí las torrijas y la comida de Viernes Santo, que en mi casa es como si no fueras a comer más en tu vida pero sin carne. Es lo que tiene la Cuaresma, que menos filetes, la tradición permite que te pongas hasta arriba de todo, así que menudo esfuerzo para los que nos rendimos a la gula sin miramientos a la primera de cambio.

Además, no sé cómo lo hemos hecho, pero tenemos la agenda a tope y una intensa vida social de la leche y no precisamente dedicada a los actos religiosos, eso es que además de la penitencia, tampoco nos va el recogimiento, así que ya estamos por el mal camino.

El puente de mayo nos vamos a Pamplona, que también se dice Pampelune en francés que es una palabra que me hace mucha gracia sin saber muy bien porqué, es un regalito para Uri por los 31 que le cayeron el mes pasado para que siga completando el mapa turístico de España.

La verdad es que no sé muy bien qué vamos a hacer todavía allí, la ciudad debe ser pequeña, los monumentos unos poquitos y tenemos bastante tiempo, así que todo indica que si nada lo remedia, pasaremos mucho tiempo en bares bebiendo caldos navarros y probando sus pintxos por la zona vieja. Yo por si acaso, me llevo aprendidos dónde se comen los mejores pintxos y que no se me olvide tomarme un patxarancito de sobremesa.

Qué esfuerzo tan grande - Pienso al mirar la foto. Ya les digo yo que no sé si vamos a ser capaces...

5 de febrero de 2011 | | 1 comentarios

Un placer en tres pasos

Un gracias enorme para aquellos amigos (léase Ismael) que viajan a Bélgica y te traen una muestra de exquisito chocolate belga para que paladees un rato la felicidad. ¡Gracias salao!

20 de enero de 2011 | | 0 comentarios

El día de la independencia

Frente a la estadística de días normales que tiene la vida, hay momentos que marcan un antes y un después y, sin duda, uno de esos días es el aquel en el que sales de casa con la intención de quemar una etapa.

En estos días me estoy trasladando de casa y estoy experimentando un montón de sentimientos encontrados, por un lado, uno no deja de sentir que ha llegado el momento, que como me dijo alguien el otro día abandonas tu casa pero vas a vivir tu vida, aquella en la que se acabaron las comodidades del todo hecho, pero que también pasa a ser tu territorio, tu feudo, con lo bueno y lo malo que eso conlleva.

Pero eso no evita que haya una nostalgia que te hace mirar atrás, añorar como nunca la habitación que abandonas y que para ti ha constituido el mundo entero, la casa en la que has crecido con tus hermanos y con tus padres. Ser la pequeña te hace decir adiós y mirar de reojo al que se queda, que sabe que la vida es así, pero eso tampoco evita la tristeza del nido vacío.

Pero al fin y al cabo...independencia y sobre todo...convivencia. Un nuevo compañero, unas nuevas costumbres y todo eso que cada cual te aconseja para la ocasión: paciencia, negociación, saber ceder y todas esas cosas que hay que poner en la base para que el resto del pastel no se tambalee.

Vamos a hacerlo lo mejor que podamos y vamos a intentar, sobre todo, ser felices en esta nueva etapa.

30 de diciembre de 2010 | | 1 comentarios

Fin de año y década

A cada año su acontecimiento. Si 2009 fue el año del trabajo, 2010 ha sido el año del piso. Tengo que decir que estos años se están desarrollando en torno a un elemento clave y otro montón de acontecimientos de otra índole. Mientras la primera mitad del año se desarrolló haciendo cuentas y cábalas bancarias, la segunda mitad dio paso a la acción, a los millones de cosas que hacen que un piso, además de tener paredes, sea habitable. No puede menospreciarse esa labor porque es ciertamente ardua, procura bastantes dolores de cabeza y deja maltrecho el bolsillo...vamos, que estamos encantados.

Este año se ha focalizado en eso, pero ahí están los viajes para hacer más ameno el devenir de los acontecimientos y permitir que desconectes por un momento de las responsabilidades. Dos viajes muy importantes, inolvidables por el contexto, por su tipología, por las circunstancias en las que se desarrollan...primero un viaje para uno mismo: el Camino de Santiago, un viaje de esfuerzo, con lo imprescindible en una mochila cargada a la espalda, de kilómetros en los que las relaciones personales se tornan distintas en pro de una solidaridad hacia el desconocido que sólo suele verse en este tipo de circunstancias...un viaje con un punto de partida y un punto de llegada, a veces me cuesta convencerme de que tengo esos 185 kilómetros en las botas y también en la retina.

Y un viaje para vivirlo con otro...París. Maravillosa, impresionante, sin cabida en un epíteto. Una ciudad para los sentidos, para los sentimientos, para el cuerpo y el alma sin me lo permiten. París es un lugar para enamorarse, a pesar del estereotipo y lo manido de la imagen...no se puede evitar, es así y creo que Uri lo supo. Otro de los momentos estupendos que viví con él fue el fin de semana en Alicante como regalo de cumpleaños. He de reconocer que si este año tiene una banda sonora, ésta es la de Sabina.

Esos son los elementos que se sitúan estratégicamente en un año y lo localizan en la memoria con el paso del tiempo. Pero 2010 también fue el año en el que la familia tuvo salud a pesar de los achaques y aumentó con otro chico (y ya van cuatro), Hugo, que se adelantó y me pilló concluyendo la etapa siete que concluía en Arzúa.

2011 tiene el augurio de ser un año animado e intenso. Comienza la convivencia, lo que se traduce en cambio y sobre todo en la certeza de que hay pasos que se dan y que no permiten vuelta atrás. Son años de trasformaciones vitales tan importantes que es difícil no sentirse asustado o incluso, a veces, abrumado, pero también y sobre todo, esperanzado. Pero entre toda esta vorágine también hay hueco para la emoción, los acontecimientos sumamente alegres que les ocurren a los que están a tu alrededor. Qué bonito es oír ciertas noticias.

Sea como sea, 2011 nos pilla con planes y proyectos, con ganas de que las cosas salgan bien, de que todas las empresas emprendidas, en todos los sentidos de la palabra, prosperen y que el tiempo mientras pase nos vea alegres, satisfechos y juntos.
¡Feliz año a todos!

27 de noviembre de 2010 | | 1 comentarios

Remembering

Parece que todo vuelve y tal es así que dicen las revistas de moda que ahora estamos viviendo un momento muy "ochentero", es decir, que vuelven las rayban de pasta de colores y las hombreras.

Lo mejor de todo es que se rescatan cosas que nunca pierden vigencia. Una tiene sus debilidades y aunque no esté profundamente marcada por los 80 ya que nací en el mismo año que comenzaba la década y mis recuerdos de juventud se remontan más bien a los 90, tengo la vaga consciencia de que siendo bien jovencita mi hermana alquiló Dirty Dancing para que la viésemos en VHS una tarde. A sabiendas de que esta película se estrenó en el año 87, es bastante probable que yo lo viera en el 89 o 90 tranquilamente. Pues bien, cada cual tiene sus rarezas y la mía es que a partir de ese momento he debido verla unas 20 veces y sospecho que no soy la única. Hay quien tiene Grease, hay quien tiene Ghost, hay quien tiene La Princesa prometida y yo tengo debilidad por las películas de baile, incluso en la actualidad me trago cualquier cosa donde haya unos bailecitos, ya sea una peli moñas de Richard Gere o una de Chayanne que han puesto 500 veces en la televisión, incluso caí en la fatal trampa de ir a ver Dirty dancing 2, que fue como recibir una puñalada en el corazón.

Bueno, lo curioso de todo esto es que esta misma tarde mientras ojeaba la prensa digital de nuevo, he visto que los Black Eyed Peas han remasterizado la famosa canción de la película que todo el mundo ha oído alguna vez y que se llama Time of my life, y no he podido evitar escucharla. No es que sea fan de los Black Eyed o que me encante la música electrónica, pero tengo que reconocer que este grupo me cae muy bien y que me parece que saben hacer las cosas con bastante gusto, por lo que la versión tiene su aquel.

Pero aquí no acaba esto. Sigo leyendo y en un hecho sin precedentes, vuelvo a encontrarme con Dirty Dancing de nuevo, porque resulta que la que fue protagonista antaño, Jennifer Grey, una chica que yo no he vuelto a ver en más películas y por la que no había mostrado más interés, ha ganado el ¡Mira quién baila! americano frente a la hija de Sarah Palin nada menos.

Y ante esto, ¿qué puedo hacer yo? Bueno, pues de primeras, sentir curiosidad por saber cuál es el aspecto de la señorita después de tantos años y ver cómo baila y se defiende en unos brazos que no sean los de Patrick Swayze. Pues bien, entro en el enlace de ABC news y no doy crédito a lo que veo porque la mujer que baila lo mismo puede ser Jennifer Grey que su prima la de Arizona, en cualquier caso, es alguien que durante todos estos años se ha criogenizado o ha vendido su alma al diablo o ha encontrado el elixir de la eterna juventud.


Desde luego su paradero no ha sido desconocido, bastaba con llamar una por una a las clínicas de estética de América para encontrarla en alguna...¡madre mía! pero ¿habrá algo en esta mujer que sea suyo de verdad? Eso sí, la mujer baila muy bien, aunque sea una pena que ya no lo haga con el estupendo tipo de tupé y chupa de cuero.
Todo esto me recuerda que tengo que hacerme con una copia de la peli en DVD.

19 de octubre de 2010 | | 1 comentarios

Mad Men

No es que tenga una serie para cada día de la semana, pero casi...y de hecho, para remediar cualquier intento de acercamiento a la televisión y a su espantosa programación (princesas de pueblo sobre todo) me ciño a ver series. Concretamente, hasta hoy seguía 4 series y desde hoy sólo 3: Mad Men, The good wife, Mujeres Desesperadas y Anatomía de Grey. Las dos últimas para los días de vaciado mental...cuando ya no doy para más y necesito no pensar, las otras dos las saboreo como se saborea el mejor cine.
Siempre hay series y SERIES. A lo largo de unos cuantos años he visto varias series que por una razón u otra, no se me olvidan y las recomiendo encarecidamente, una de ellas es A dos metros bajo tierra, absolutamente genial y la otra es Lost, pero el fenómeno que la hizo tan famosa ya parece un poco pasado. En este momento ya estoy en disposición de añadir otra que alcanza la categoría de fascinante: Mad Men, por su trama, por su escenografía, por su marco histórico y por el personaje que lo centraliza todo: Don Draper...un galán de los de entonces pero en el momento actual.



Acaba de terminar la cuarta temporada en Estados Unidos y ha sido espectacular. Las temporadas, de apenas 13 capítulos, se hacen cortas al final, pero los guionistas saben conducir la historia y darle los giros precisos. De hecho esta última temporada se podía ver sin haber visto las tres anteriores, la trama prácticamente empezaba de cero. Los Mad Men son los publicistas de la calle Madison de Nueva York en una época de traje, cigarrillos y whisky en el que la publicidad comenzaba a ser el gran imperio que es hoy.
La escenografía de los años 50 en el vestuario, en los modos y costumbres y en las grandes diferencias de género son otro de esos prodigios que enganchan, tanto que están propiciando una vuelta a esa época en las tendencias de moda de esta temporada. Mad Men ha trascendido la pantalla hasta dar el salto a las revistas como Vogue y además, ha sido la gran triunfadora de los últimos Emmy.
En definitiva, si buscan un entretenimiento con sustancia, no lo duden: Mad Men.

28 de septiembre de 2010 | | 5 comentarios

París y...la comida

Siguiendo con la serie París y...Antes que los impresionantes monumentos, que los peculiares cementerios y que cualquier otra cosa, ha de resaltarse que la "cuisine française" es un tema merecedor de todo tipo de elogios. No es de extrañar que hayan sido siempre por delante en estos temas hasta que el fenómeno español comenzó a tontear con las estrellas michelín que siempre han sido de su propiedad: tienen materia prima y buen gusto, un tándem infalible.

Me parece absolutamente fascinante la capacidad francesa para cuidar el detalle. No puedo decir que haya estado en un restaurante francés fuera de serie o en el mejor restaurante de París, pero en la variedad está el gusto y dentro de nuestra capacidad adquisitiva, hemos disfrutado de todo aquello que debería enmarcarse dentro de la categoría de "cosas que debes comer cuando estás en París". Porque disfrutar de París no es sólo sentarse en un restaurante con servilletas de tela, es mucho más, ya que si hay algo que saben hacer los parisinos es comer por la calle.

Aquí va un pequeño resumen de las cosas que probamos en París y apuntaré dos ó tres sitios en los que hemos comido o hemos comprado cosas y que nos han resultado especialmente interesantes por si alguien quiere tomar nota ya que yo me volví loca preguntando a todo el mundo sobre dónde comer y qué comer. A algunas hemos ido por recomendación y a otras, por simple casualidad, unos eran mejores y otros, simplemente normales.

Las crèpes son una de esas tentaciones que te persiguen en cada esquina. Me parece difícil elegir un lugar especial para las crèpes porque la verdad es que creo que el misterio está en comerse una en el lugar que más te apetezca: sentado en un banco, paseando o contemplando la Torre Eiffel...si a eso simplemente le añades una crèpe rellena de nutella...pues poco más hay que añadir. Nosotros las probamos por primera vez en Les Marais, en un sitio coqueto llamado La cidrerie du Marais donde pudimos sentarnos, con platos y tenedores. Nos apetecieron dulces: una de plátano y chocolate y otra de helado de nueces con salsa de frutos rojos y almendras, exquisitas e inacabables.


Pero también hay crepes estupendas en sitios a pie de calle y en puestos ambulantes. Hay sitios muy buenos en la Rue Mouffetard. Concretamente nos hablaron de un local en el que no había sitios para sentarse, así que entre esa descripción y la recomendación de la guía Lonely Planet, fuimos a parar a Chez Nicos, un local que servía unas crepes gigantescas y baratísimas. La única pega es que la masa de la crèpe ya estaba hecha (no sé si generalmente es así o también las hacen en el momento), sólo hace falta calentarla y le ponen lo que quieras, pero aún así estaban muy buenas.

Ya mencioné el tema pastelerías, ese mundo maravilloso que yo pensaba que sólo existía en mis sueños de glotona y que en realidad existe y ¡de qué forma! No pudimos dejar de caer en la tentación y además, con alevosía, porque en vez de dosificar, visitamos dos pastelerías seguidas y lo probamos todo en una misma tarde. Una de las pastelerías la encontré por casualidad en la web 11870 antes de irnos cuando buscaba cosas cerca del apartamento en el que nos alojábamos. Se llama Des gateaux & du pain. Es una tiendecita de diseño que vende pan y pasteles como si fueran joyas de la corona. Les pedí si podía hacer fotos a través del intérprete, pero nos dieron una negativa por respuesta, así que os remito a una página en la que tuvieron más suerte. De allí nos llevamos un pastel de chocolate y una hojaldre de manzana. El pastel de chocolate nos costó 8 € y era un delirio: chocolate sobre chocolate y cubierto de chocolate, la tarta de manzana era bastante más ligera y también bastante más barata.




De aquí nos fuimos a otra pastelería muy cercana: Pierre Hermè, famoso por un dulce típico parisino: los macarons, unos dulces que son como dos galletas unidas con crema de diferentes sabores. Son pequeñitas y en esta tienda, vas eligiendo por colores, los cogen con unas pinzas como si fueran de cristal, te lo meten en una bolsa transparente y te cobran alrededor de 1.5€ por macaron. El resultado fue desigual, unos me gustaron mucho y otros me gustaron menos, pero la textura de la galleta es muy delicada y a la vez crujiente. Una amiga me ha dicho después, que son archiconocidos los macarons de Ladurée.


En este viaje nos dimos el capricho de hacer un crucero por el Sena con cena incluida. Lo malo es que reservamos en uno de los primeros turnos y a eso de las siete de la tarde estábamos cenando, pero la verdad es que cuando uno lleva andando desde las 9 de la mañana y se ha comido unos sandwiches en los Jardines de Tullerías a la 1 del mediodía, a las 7 se come lo que le pongan por delante...y así fue. Pensamos que la cena del crucero sería poco significativa, pero la verdad es que no estuvo mal, elegimos un salmón con una salsa con eneldo que estaba bastante correcto y lo acompañamos con una copa de champán de aperitivo y una botellita de vino blanco. El tema del crucero es una de esas cosas que todo el mundo recomienda y en las que merece la pena gastarse los eurillos con cena o sin ella, eso es lo de menos, ya que en el fondo pagas por un rato la mar de romántico.




Un sitio interesante que nos recomendaron en Montmartre fue Le relais gascon, un restaurante situado en el número 6 de Rue des Abbesses especializado en ensaladas gigantescas servidas con patatas salteadas al ajo que están buenísimas. La salade gascon que rpobamos lleva foie y pato y está verdaderamente buena. Muy recomendable para cuando se vaya a visitar el Moulin Rouge y el café de Amelie porque está a dos pasos. Además, si se tiene suerte y se consigue una mesa junto a los ventanales de la planta de arriba, hay unas bonitas vistas del barrio.


Una noche salimos a buscar un sitio para cenar y tras la paliza, los pies no nos daban más que para llegar al primero que había a la vuelta de la esquina, que resultó ser el Au coin Pasteur. Aquí probamos el pòt au feu y el confit de pato y estaba bastante mejor lo primero que es una especie de cocido, que lo segundo. Lo mejor del restaurante era que el camarero era encantador. Se nos olvidó la cámara, así que no hay testimonio gráfico.

La zona con más ambiente de París es el quartier latin, que es la zona que rodea a la Sorbona. Hay todo tipo de restaurantes y sitios para tomar algo y las noches de viernes y sábados hay mucho bullicio. Aquí cambia un poco el rollo de café con cristaleras impoluto y súperelegante y hay más tascas. Íbamos sin una idea fija y acabamos comiendo dos fondues: una de carne y otra de queso en un restaurante de cuyo nombre no quiero acordarme, sólo sé que estaba en la rue Mouffetard y supongo que este lapsus es debido a la antipatía de la mujer que nos atendía.

Por último, la gran sorpresa. Voy a reconocer públicamente que no sabía lo que era un croissant hasta este viaje. Es decir, sabía que forma tenían, el color e incluso había probado unos cuantos a lo largo de mi vida, pero "saber", lo que se dice "saber", no tenía ni p*** idea de lo que era un croissant de verdad: crujiente, caliente y épatant, tampoco le hicimos miramientos al pain au chocolat. Ójala todos los días desayunáramos como lo hicimos aquel último domingo en París...yo creo que mi vida sería mucho más feliz.

París y su comida...un aliciente más, si es que le hacía falta alguno.

11 de septiembre de 2010 | | 1 comentarios

Sombra aquí y sombra allá

Tengo abandonado el blog, pero al menos sigo enlazando regalos, que no está mal. De un post sobre el regalo de Uri, a otro sobre el regalo que me hicieron mis amigas y que no había disfrutado hasta ahora: un curso de automaquillaje en M.A.C.

Me encantan los potingues y fijarme en los looks de las revistas, pero la verdad es que diariamente no paso de un poco de maquillaje y rimmel para despejarme la cara de recién levantada. Cuando salgo o tengo algo especial me esmero un poco más y la verdad es que más o menos me apaño, pero de ahí a conjugar tres sombras en el ojo y tener idea de cómo se utiliza un corrector, una prebase para sombras o qué es un iluminador, pues como que no.

Así que ayer me fui con mi bono y previa cita al stand de M.A.C. en el Corte Inglés, dispuesta a que me actualizaran un poco y que de paso, me hiciera la pelota, ya sabéis, todo eso de: tienes una piel divina, qué pestañas más estupendas, te voy a poner corrector pero apenas lo necesitas y esas cosas, que bueno, pueden ser más o menos verdad, pero que mientras estás en un tocador, te las crees.

Una de las maquilladoras del stand se colocó el cinturón con un millón de brochas y comenzó a elegir un montón de productos que iba poniendo en el tocador según veía mi tipo de piel. Así que, grosso modo, esto es lo que me aplicó para conseguir un look estupendo: Crema hidratante, acondicionador labial, base de maquillaje, corrector para las ojeras, prebase para las sombras de los ojos, iluminador para definir los pómulos, tres tipos de sombra marrón cada una aplicada de una forma y con un pincel distinto y un toque de sombra negra, eye liner negro para delinear el ojo por arriba y por abajo, lápiz de ojos negro para la línea interior del ojo, colorete y por último, brillo labial.

El resultado: pues estupendo para salir de allí, colocarse un Armani, irse a una fiesta Vogue, pasar por el photocall y recibir un premio, pero la realidad era otra bien distinta: tenía reunión de vecinos. Así que cuando aparecí todos me miraban como si la del 1ºE fuera una vedette...en fin...que no se hagan ilusiones.

Realmente el precio del curso de automaquillaje te lo reintegran en productos de la marca, así que tienes la oportunidad de llevarte alguna de esas cositas que te han puesto y que te quedan tan estupendas, lo malo es que si pretendes llevártelo todo, ya puedes preparar la tarjeta. Así que lo más difícil es decidir qué llevarte: no era usuaria de productos M.A.C. hasta ahora, así que tenía que elegir qué era a lo que más partido podía sacarle.

La conclusión del curso es que para un buen resultado, son imprescindibles las herramientas, es decir, que el truco está en los pinceles, pero a la vez, también es importante el producto. Así que al final, me llevé un estuche con un juego de pinceles que además me dijeron que había tenido una suerte loca porque no suelen tenerlo y que, cuando los tienen, están todos reservados (una suerte de 56€), la prebase para las sombras y el eye liner negro.

Salí de allí con mis cositas y con las instrucciones del maquillaje apuntadas para que practique cuando quiera, con unos cuantos € menos, pero estupendamente guapa, la verdad. Así que a partir del lunes me pasearé por los Campos Elíseos con el rabillo del ojo bien definido, para honrar como se debe a Madamemoiselle "Coco" Chanel.

22 de agosto de 2010 | | 0 comentarios

Alicante

Mi cumpleaños dejó para más adelante uno de esos regalos que una vez recibidos, uno está impaciente por que lleguen. Uri me había regalado las entradas para ir al concierto de Sabina en Alicante el día 14 de agosto, así que aprovechando que yo estaba por allí, cogió un vuelo y vino a pasar el fin de semana.

Las entradas del concierto también incluían el alojamiento en el Meliá Alicante, un megahotel entre el puerto y la Playa del Postiguet al más puro estilo turismo de Levante, con sus recepciones brillantes, sus tarjetas para todo, innumerables habitaciones, salones, ascensores y restaurantes, en definitiva, un mundo para bolsillos de americana y bolsos Gucci.

Al mediodía nos acercamos a comer a una taberna recomendada por la guía de 11870, a la que siempre acudo cuando voy a un sitio que no conozco y que una vez más, ha resultado ser 100% acertada y útil. Se trataba de la Taberna del Gourmet (Carrer Fernando, nº 10), un sitio que te recibe con un enorme cartel en el que indica que es Premio Nacional a la mejor barra del año 2009. La entrada es una barra de bastante amplitud en la que se puede tomar algo y al fondo, el local se divide en dos plantas con mesas a modo de restaurante.

La decoración frente a la barra estaba hecha con cristaleras decoradas con productos tradicionales y grandes pizarras en las que se podían leer los platos y sugerencias, así como los innumerables tipos de vinos. Dentro de la barra, había un espacio en el que el cliente puede ver la elaboración de las tapas y raciones frías. La carta era extensa, así que por elegir algo, probamos la ensaladilla de la taberna, los huevos rotos con patatas y el rulo de cabra con hierbas y miel de níspero. De postre, el helado de vainilla con toffee. Todo buenísimo. Como apunte curioso, uno de los camareros que nos atendía, nos comentó que en ese momento, al fondo del restaurante, estaba comiendo Benicio del Toro, que estaba esos días rodando una película en Alicante, así que antes de irnos pude hacer un barrido visual por la sala y le ví en la última esquina del local, casi de espaldas. Sinceramente, esperaba encontrarme al Ché y más bien me encontré a un tipo con camiseta negra y gafipasta, en fin, no deja de ser curioso ese tipo de casualidades, uno no siempre se topa en un bar con un galán con Hollywood.

Encantá de la vida

Por la tarde estuvimos en la Playa del Postiguet, playa urbana con hamacas y arena finísima donde el sol no acompañó demasiado pero sí lo suficiente como para darnos un buen baño. Después de eso, tocaba prepararse para ir al concierto.

De camino a la Plaza de toros de Alicante, teníamos otro sitio apuntado donde hacer un alto en el camino para picar algo antes de entrar. Se trata de El Foc (Carrer Tomás López Torregrosa, nº 13), otra taberna un poco más modesta que la que habíamos visitado al mediodía, pero con mucha solera. Como eran poco más de las ocho, conseguimos una mesa, pero cuando nos fuimos una hora después, el sitio ya estaba completo, así que debe ser uno de esos sitios muy conocidos entre los alicantinos. La taberna encalada con estilo rústico también ofrecía ensaladas, tostas y sobre todo, una amplia variedad de vinos, así que elegimos un par de tostas, una de focaccia de roast beef de caballo con ceboll, otra de solomillo y un hojaldre de queso de cabra con mermelada de tomate.

La entrada a la Plaza de toros no tiene nada que ver con las colas monumentales de Las Ventas, una entrada mucho más tranquila puesto que la plaza es más pequeña. Convencí a Uri para ver el concierto sentados en vez de estar de pie en el coso, así que cogimos un buen sitio casi frente al escenario.


Puntualísimo, a las 10 en punto comenzaron los acordes. Sabina saltó al escenario con un “Buenas noches Alicante” y cantando Tiramisú de limón, a partir de ahí seguiría Viudita de Cliquot y después, una sucesión de clásicos como Medias negras, Pacto entre caballeros, Aves de paso, Llueve sobre mojado, Peces de ciudad (una de mis favoritas), Y sin embargo, Por el bulevar de los sueños rotos, Contigo…Sabina hace un buen repaso a su carrera y sabe hacer pausas para que su voz, ya bastante cascada aunque inconfundible, aguante las dos horas cuarenta minutos que dura el espectáculo. Su acompañamiento toma las riendas del espectáculo en varias ocasiones, su fiel guitarrista Pancho Varona canta Conductores Suicidas, Antonio García de Diego canta la genial Amor se llama el juego y su nueva corista Marita Barros se arranca con Como un dolor de muelas y escenifica con Sabina muchas canciones de forma bastante digna. Por cierto, que a esta chica, que parece que ha salido de la nada, la recuerdo perfectamente de aquel concurso que emulaba a la primera edición de OT que se hizo en Telecinco y que se llamaba Popstars. Otra curiosidad más.

Feliz, Feliz

Eché de menos un poco más de movimiento en la plaza de toros, cierto es que las canciones de Sabina son en su mayoría nostálgicas, pero hay unas cuantas en las que el público podía haberse arrancado más. No obstante, Sabina jugaba con su fina ironía y acertaba en los comentarios, los adaptaba a Alicante (incluso cantó la primera estrofa de Contigo en valenciano) y no paraba de dedicar canciones e incluso el concierto entero a sus amistades. Con dos bises el concierto llegó a su fin con La del pirata cojo y con Pastillas para no soñar.

A la mañana siguiente no nos perdimos el desayuno buffet del hotel. Para los que no frecuentamos esas categorías hoteleras, las mesas repletas de cualquier cosa que te pueda apetecer al levantarte nos sigue pareciendo un espectáculo en sí mismo, y así acabó el maravilloso fin de semana, desayunando junto a la cristalera que daba a la Playa del Postiguet, con unas estupendas vistas, huevos fritos con bacon y unas tortitas con chocolate de pecado mortal un domingo por la mañana.

Las vistas de la ventana y de la mesa. Difícil elegir cuál era mejor.

P.D. Gracias infinitas Uri.

4 de agosto de 2010 | | 0 comentarios

El veraneo

Me quedan 48 horas para decir: Me largo, ahí os quedáis. Aunque no hace tanto que tuve vacaciones, recordemos que eso fue a principios de mayo y las dediqué a hacer 185 kilómetros del Camino de Santiago, así que de descanso, nada de nada.
Así pues, queda la tanda anual de vacaciones en Levante con la familia. No es que sea mi destino vacacional favorito porque me encantan las playas desérticas como a todo hijo de vecino y ésta precisamente no lo es, pero significa estar con mi familia, en mi segunda casa, en la playa a la que llevo yendo los últimos veinte veranos, que se dice pronto, por lo cual, es un lugar al que siempre me apetece ir y como tal, me voy con ganas de desconectar, de descansar y de coger aire para el largo y crudo invierno.
Me llevo el portátil para ver si consigo encontrar wifi y estar mínimamente conectada, me llevo unos cuantos libros para pasar el rato y sobre todo, me llevo mucha paciencia, porque durante unos días ejerceré de tía con dos fieras...Creo que los libros de la universidad se quedan aquí, este año la convocatoria de septiembre me parece que queda anulada...creo que me he ganado un verano sin tocar un libro y que ya remontaré el año que viene.
Entre medias, Uri se viene de visita y disfrutaremos del regalo que me hizo por mi cumpleaños: concierto de Joaquín Sabina y noche en un hotel de ensueño...Dolce vita, ni más ni menos.
Lo dicho, nos vemos a la vuelta, al menos con otro color más saludable.

20 de julio de 2010 | | 2 comentarios

La vie en rose

Hay un algo en esos restaurantes que se eligen con una intención. Anticiparse a la esencia de los viajes a través de la gastronomía típica del lugar es una forma de recrearse en el futuro, en lo que aún no se ha visto, aumentar las expectativas e ilusionarse con este tipo de elecciones es obligado y casi mágico.

En septiembre me espera París, oh là là, la ciudad de las luces, del amor, de la Gioconda, de Rodin, de la torre Eiffel, de los Campos Elíseos...y como mi impaciencia puede más, decidí celebrar mi cumpleaños en el bistrot más puramente francés que pudiera conseguir en Madrid y que pudiera adaptarse a mi bolsillo.

Lo encontré. Se llama
Le petit bistrot, hay varios, pero el que visité está en la Plaza de Matute, a cinco minutos de Santa Ana, lindando con la Calle de las Huertas. La entrada, separada del local mediante una cortina ya hacía presagiar que durante las siguiente dos horas podía imaginarme en Montmartre sin problemas. Los camareros amabilísimos tienen ese acento tan marcado que ni siquiera Uriel pudo reprimir hablar en francés, la composición de lugar era completa...madera, pizarras con referencias a vinos franceses y un ambiente de luces tenues muy íntimo.

Para comenzar, un aperitif, un Pernord Ricard antes de pasar a las copas de vino tinto. Para compartir una divina ensalada de magret de pato y como platos principales, Muslo de pato confitado, patatas al bacon y ajo dulce y Berenjena y Tomate relleno de conejo gratinado al Parmesano. Como colofón, Tarta Tatín de Manzanas caramelizadas con helado de vainilla.

Les aviso de que si esto no es más que una pequeña imitación de París, yo voy a querer quedarme a vivir allí.

17 de julio de 2010 | | 0 comentarios

Treintena

De tus deseos serás dueña. Yo de polvo cogido le mostré un puñado: cuantos tuviera de cuerpos ese polvo, tantos cumpleaños a mí me alcanzaran, vana, le rogué. Se me pasó pedir jóvenes también en adelante esos años: éstos con todo él me los daba, y la eterna juventud, si su Venus padecía.” La Metamorfosis. Ovidio.

Ha llegado el cambio de década, el abandono de esa juventud que se materializa tanto en los veinte y que procura alargarse más allá. Soy joven, sí, no lo niego, pero ya no de esa forma indudablemente juvenil, valga la redundancia.

En lo que va de año, he visto a los que han pasado esta barrera echar un vistazo atrás como nunca antes, y no es para menos, es inevitable reaccionar haciendo balance, intentando sacar conclusiones. Los treinta llegan con un claro matiz nostálgico propio de los cambios de década, el tiempo pasa muy deprisa y se constata con cada cero que coincide con tu efeméride.

Pero lo importante es saber que se cumplen años, que las cosas están en el sitio que debieran estar, que mirando a tu alrededor es fácil localizar y poder mirar a los ojos a aquellos que hacen que tu vida sea plena. También es importante tener la sensación de haber aprovechado el tiempo, señal inequívoca de que se ha vivido.

Espero de los treinta tantas cosas como esperé de los veinte, aunque el tiempo te cambie y ya no le pidas lo mismo a la vida. Ayer era acabar los estudios, encontrar un trabajo, quizás incluso encontrar un amor, hoy sin embargo, los objetivos difieren hacia el progreso profesional, la salud de los tuyos, la estabilidad económica y la consolidación de esa relación, quizás incluso formar una familia.

Llegan los treinta con una carta de dimensiones sentimentales inimaginables, con unas tartas preciosísimas que da pena comerse y con muchas ganas de brindar por lo que todavía nos queda por delante...ójala sea mucho, todo bueno y en la mejor compañía.