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6 de mayo de 2011 | | 1 comentarios

Pamplona

Un viajecito puede tener varias intenciones: patearse una ciudad sin dejarse un monumento por ver o pasearla tranquilamente, sin prisas, encontrando los rincones sin buscarlos. En el caso de la escapada a Pamplona, optamos por la segunda forma. Anduvimos, anduvimos y anduvimos poco pendientes de la monumentalidad de la ciudad y más bien atentos al relax y al disfrute.

Tenía ganas de ver Pamplona y me he dado cuenta de que su dimensión turística gracias a los Encierros más famosos del mundo es inmensa. Pamplona tiene un casco viejo marcado por el recorrido que hacen los astados cada julio en honor a San Fermín y adornado por plazas, una ciudadela preciosa y sorprendente y algunas iglesias de interés. Una ciudad que se ve en poco tiempo pero, he ahí lo interesante, que permite que el viaje se prolongue todo lo que el visitante quiera en sus bares, con sus populares pintxos y vinos.

El capítulo de los pintxos merece mención aparte. La cocina en miniatura, cuidada hasta el máximo extremo es un placer para los que no decimos que no a una barra. La calle Estafeta es el lugar idóneo, los bares cuidan mucho su estética y es un placer acodarse para recorrer con la mirada los platos. No es barato, el pintxo oscila entre los 2 y los 3 euros, pero un buen pintxo bien lo vale.

No podemos imaginarnos cuál es el desbordamiento que debe sufrir cada verano la ciudad que atrapó a Hemingway y que supo reflejar en las novelas Fiesta o en Muerte en la tarde. El escritor está presente en el Hotel La Perla, en la Plaza del Castillo y se acoda eternamente en un rincón del Café Iruña, que mantiene su peculiar estética de los años 20. Nunca hubo mejor promoción para una ciudad que ésa.

Por último, un descubrimiento de esos que sólo Internet permite hacer cuando estás buscando información sobre lo esencial en Pamplona. En el número 22 de la calle Estafeta, la pastelería Beatriz, un modesto local, guarda en su interior un tesoro: los garrotes más ricos del mundo, napolitanas en miniatura que desbordan chocolate. No piensen en el aporte calórico ingente del dulce, simplemente disfrútenlo…como hemos hecho nosotros durante esta escapada.

19 de abril de 2011 | | 0 comentarios

Semana Santa 0 - Puente de mayo 1

Este año el resultado está así: Semana Santa 0 - Puente de mayo 1. No nos va la penitencia, pero sí las torrijas y la comida de Viernes Santo, que en mi casa es como si no fueras a comer más en tu vida pero sin carne. Es lo que tiene la Cuaresma, que menos filetes, la tradición permite que te pongas hasta arriba de todo, así que menudo esfuerzo para los que nos rendimos a la gula sin miramientos a la primera de cambio.

Además, no sé cómo lo hemos hecho, pero tenemos la agenda a tope y una intensa vida social de la leche y no precisamente dedicada a los actos religiosos, eso es que además de la penitencia, tampoco nos va el recogimiento, así que ya estamos por el mal camino.

El puente de mayo nos vamos a Pamplona, que también se dice Pampelune en francés que es una palabra que me hace mucha gracia sin saber muy bien porqué, es un regalito para Uri por los 31 que le cayeron el mes pasado para que siga completando el mapa turístico de España.

La verdad es que no sé muy bien qué vamos a hacer todavía allí, la ciudad debe ser pequeña, los monumentos unos poquitos y tenemos bastante tiempo, así que todo indica que si nada lo remedia, pasaremos mucho tiempo en bares bebiendo caldos navarros y probando sus pintxos por la zona vieja. Yo por si acaso, me llevo aprendidos dónde se comen los mejores pintxos y que no se me olvide tomarme un patxarancito de sobremesa.

Qué esfuerzo tan grande - Pienso al mirar la foto. Ya les digo yo que no sé si vamos a ser capaces...

22 de agosto de 2010 | | 0 comentarios

Alicante

Mi cumpleaños dejó para más adelante uno de esos regalos que una vez recibidos, uno está impaciente por que lleguen. Uri me había regalado las entradas para ir al concierto de Sabina en Alicante el día 14 de agosto, así que aprovechando que yo estaba por allí, cogió un vuelo y vino a pasar el fin de semana.

Las entradas del concierto también incluían el alojamiento en el Meliá Alicante, un megahotel entre el puerto y la Playa del Postiguet al más puro estilo turismo de Levante, con sus recepciones brillantes, sus tarjetas para todo, innumerables habitaciones, salones, ascensores y restaurantes, en definitiva, un mundo para bolsillos de americana y bolsos Gucci.

Al mediodía nos acercamos a comer a una taberna recomendada por la guía de 11870, a la que siempre acudo cuando voy a un sitio que no conozco y que una vez más, ha resultado ser 100% acertada y útil. Se trataba de la Taberna del Gourmet (Carrer Fernando, nº 10), un sitio que te recibe con un enorme cartel en el que indica que es Premio Nacional a la mejor barra del año 2009. La entrada es una barra de bastante amplitud en la que se puede tomar algo y al fondo, el local se divide en dos plantas con mesas a modo de restaurante.

La decoración frente a la barra estaba hecha con cristaleras decoradas con productos tradicionales y grandes pizarras en las que se podían leer los platos y sugerencias, así como los innumerables tipos de vinos. Dentro de la barra, había un espacio en el que el cliente puede ver la elaboración de las tapas y raciones frías. La carta era extensa, así que por elegir algo, probamos la ensaladilla de la taberna, los huevos rotos con patatas y el rulo de cabra con hierbas y miel de níspero. De postre, el helado de vainilla con toffee. Todo buenísimo. Como apunte curioso, uno de los camareros que nos atendía, nos comentó que en ese momento, al fondo del restaurante, estaba comiendo Benicio del Toro, que estaba esos días rodando una película en Alicante, así que antes de irnos pude hacer un barrido visual por la sala y le ví en la última esquina del local, casi de espaldas. Sinceramente, esperaba encontrarme al Ché y más bien me encontré a un tipo con camiseta negra y gafipasta, en fin, no deja de ser curioso ese tipo de casualidades, uno no siempre se topa en un bar con un galán con Hollywood.

Encantá de la vida

Por la tarde estuvimos en la Playa del Postiguet, playa urbana con hamacas y arena finísima donde el sol no acompañó demasiado pero sí lo suficiente como para darnos un buen baño. Después de eso, tocaba prepararse para ir al concierto.

De camino a la Plaza de toros de Alicante, teníamos otro sitio apuntado donde hacer un alto en el camino para picar algo antes de entrar. Se trata de El Foc (Carrer Tomás López Torregrosa, nº 13), otra taberna un poco más modesta que la que habíamos visitado al mediodía, pero con mucha solera. Como eran poco más de las ocho, conseguimos una mesa, pero cuando nos fuimos una hora después, el sitio ya estaba completo, así que debe ser uno de esos sitios muy conocidos entre los alicantinos. La taberna encalada con estilo rústico también ofrecía ensaladas, tostas y sobre todo, una amplia variedad de vinos, así que elegimos un par de tostas, una de focaccia de roast beef de caballo con ceboll, otra de solomillo y un hojaldre de queso de cabra con mermelada de tomate.

La entrada a la Plaza de toros no tiene nada que ver con las colas monumentales de Las Ventas, una entrada mucho más tranquila puesto que la plaza es más pequeña. Convencí a Uri para ver el concierto sentados en vez de estar de pie en el coso, así que cogimos un buen sitio casi frente al escenario.


Puntualísimo, a las 10 en punto comenzaron los acordes. Sabina saltó al escenario con un “Buenas noches Alicante” y cantando Tiramisú de limón, a partir de ahí seguiría Viudita de Cliquot y después, una sucesión de clásicos como Medias negras, Pacto entre caballeros, Aves de paso, Llueve sobre mojado, Peces de ciudad (una de mis favoritas), Y sin embargo, Por el bulevar de los sueños rotos, Contigo…Sabina hace un buen repaso a su carrera y sabe hacer pausas para que su voz, ya bastante cascada aunque inconfundible, aguante las dos horas cuarenta minutos que dura el espectáculo. Su acompañamiento toma las riendas del espectáculo en varias ocasiones, su fiel guitarrista Pancho Varona canta Conductores Suicidas, Antonio García de Diego canta la genial Amor se llama el juego y su nueva corista Marita Barros se arranca con Como un dolor de muelas y escenifica con Sabina muchas canciones de forma bastante digna. Por cierto, que a esta chica, que parece que ha salido de la nada, la recuerdo perfectamente de aquel concurso que emulaba a la primera edición de OT que se hizo en Telecinco y que se llamaba Popstars. Otra curiosidad más.

Feliz, Feliz

Eché de menos un poco más de movimiento en la plaza de toros, cierto es que las canciones de Sabina son en su mayoría nostálgicas, pero hay unas cuantas en las que el público podía haberse arrancado más. No obstante, Sabina jugaba con su fina ironía y acertaba en los comentarios, los adaptaba a Alicante (incluso cantó la primera estrofa de Contigo en valenciano) y no paraba de dedicar canciones e incluso el concierto entero a sus amistades. Con dos bises el concierto llegó a su fin con La del pirata cojo y con Pastillas para no soñar.

A la mañana siguiente no nos perdimos el desayuno buffet del hotel. Para los que no frecuentamos esas categorías hoteleras, las mesas repletas de cualquier cosa que te pueda apetecer al levantarte nos sigue pareciendo un espectáculo en sí mismo, y así acabó el maravilloso fin de semana, desayunando junto a la cristalera que daba a la Playa del Postiguet, con unas estupendas vistas, huevos fritos con bacon y unas tortitas con chocolate de pecado mortal un domingo por la mañana.

Las vistas de la ventana y de la mesa. Difícil elegir cuál era mejor.

P.D. Gracias infinitas Uri.

20 de julio de 2010 | | 2 comentarios

La vie en rose

Hay un algo en esos restaurantes que se eligen con una intención. Anticiparse a la esencia de los viajes a través de la gastronomía típica del lugar es una forma de recrearse en el futuro, en lo que aún no se ha visto, aumentar las expectativas e ilusionarse con este tipo de elecciones es obligado y casi mágico.

En septiembre me espera París, oh là là, la ciudad de las luces, del amor, de la Gioconda, de Rodin, de la torre Eiffel, de los Campos Elíseos...y como mi impaciencia puede más, decidí celebrar mi cumpleaños en el bistrot más puramente francés que pudiera conseguir en Madrid y que pudiera adaptarse a mi bolsillo.

Lo encontré. Se llama
Le petit bistrot, hay varios, pero el que visité está en la Plaza de Matute, a cinco minutos de Santa Ana, lindando con la Calle de las Huertas. La entrada, separada del local mediante una cortina ya hacía presagiar que durante las siguiente dos horas podía imaginarme en Montmartre sin problemas. Los camareros amabilísimos tienen ese acento tan marcado que ni siquiera Uriel pudo reprimir hablar en francés, la composición de lugar era completa...madera, pizarras con referencias a vinos franceses y un ambiente de luces tenues muy íntimo.

Para comenzar, un aperitif, un Pernord Ricard antes de pasar a las copas de vino tinto. Para compartir una divina ensalada de magret de pato y como platos principales, Muslo de pato confitado, patatas al bacon y ajo dulce y Berenjena y Tomate relleno de conejo gratinado al Parmesano. Como colofón, Tarta Tatín de Manzanas caramelizadas con helado de vainilla.

Les aviso de que si esto no es más que una pequeña imitación de París, yo voy a querer quedarme a vivir allí.

7 de noviembre de 2008 | | 1 comentarios

Equipación

Todo viaje, por pequeño que sea, tiene su preparación. Hay quien se equipa para la temporada de esquí, quien piensa en abrigarse para ir al círculo polar y quien se informa del trámite de las vacunas necesarias para volar a Senegal. Parecen reportajes del Conde Nast Traveler, pero no es así, toda esa gente que hace esos planes existe, pulula a mi alrededor y parecen haberse confabulado para que yo tenga que aceptar mi ya de por sí dura rutina de opositora, como una especie de penitencia en la que al final no sé si veré la plaza o a dios, cual Santa Teresa de Jesús.

Ante estas duras pruebas de la vida, los verdaderos opositores acabamos desarrollando mecanismos de supervivencia, así que yo, persona seria a la hora de aprovechar al máximo las experiencias, estoy preparando concienciudamente mi próxima escapada para que no me pille falta de resistencia y pueda seguir el ritmo que sea necesario.

En un mes, con ocasión del puente de diciembre, pisaré tierras de La Rioja. Mis visitas al gimnasio se han espaciado notablemente, pero aún así, creo que mi fondo físico será suficiente para afrontar la ruta por los monasterios. Segura de esto, he decidido que debo poner todos mis esfuerzos en potenciar mi capacidad de ingesta de caldos de la tierra, así pues, ayer mismo comenzó mi entrenamiento con una botella de tinto crianza de 2005, añada calificada como excelente por el Consejo Regulador, acompañada de un buen plato de jamón, que sin ser necesariamente de la tierra, potencia su gusto y unas tostas para que la cata no resulte indigesta.

Así pues, durante todo este mes, seguiremos, cual my fair lady, ahondando en la práctica y en las buenas maneras enológicas y si todo sale bien, el señor de Pigmalión y yo seremos capaces de controlar las mejillas sonrosadas con la primera copa y nuestra dicción no decaerá con la segunda.

Queda, por tanto, demostrada la verdad incuestionable con la que abríamos el post. Todo viaje, por pequeño que sea, precisa de preparación.

*Imagen tomada de www.ginatonic.net

4 de noviembre de 2008 | | 6 comentarios

Comida japo

Pese a la mofa de alguno de los individuos que se asoma a este blog de forma absolutamente imperceptible, que te guste la comida japonesa no es un requisito para ser un cultureta gafapasta. De hecho, se puede ser así sin que te guste la comida japo o te puede gustar la comida japo sin tener ni una dioptría. Así es la idiosincracia del gusto.

Dicen que hay fiebre japonesa, que lo japo está de moda. Así que sin miedo a ser vituperada afirmo que si lo que está de moda es el manga, no me produce el menor interés, pero sin embargo, si hablamos de gastronomía japonesa, puedo decir que ha sido un descubrimiento que merece toda mi atención.

No hablamos de comida china, tampoco de comida asiática en plan general, ni tan siquiera nos referimos al wok. Hablamos de comida japonesa, con sus elementos básicos, arroz, pescado, mariscos, tallarines y un largo etcétera, que destacan por estar muy cuidadosamente elaborados y presentados. Obviamente, sabemos que gran parte de la comida japonesa se come fresca, así que a todo aquel al que le produzca aversión la palabra "crudo" que sepa a lo que se expone, pero también lo que se pierde: sabores en estado puro.

Apenas soy una iniciada, pero he de reconocer que la comida japo ma va enganchando y eso que al principio el arte de aprender a manejar los palillos no te ayuda mucho a disfrutarla. Puede que también haya tenido suerte porque, salvo en mi primera visita a un restaurante de estas características, siempre he ido con personas entendidas en la materia que saben lo que piden cuando abren la carta. Y eso, como no, otorga ventaja.

21 de agosto de 2008 | | 2 comentarios

Menorca II: Calas

Hablar de playas en Menorca es hablar de calas, lugares en los que sí se nota la temporada alta, ya que si uno quiere asegurarse un hueco en la arena tiene que madrugar. Casi todas las calas que mantienen su carácter salvaje tienen un acceso complicado, caminos sin asfaltar o carreteras de doble sentido por las que a duras penas cabe un coche. A veces se puede dejar el coche bastante cerca y otras es obligatorio darse una buena caminata. Lo mismo ocurre si se quiere acceder de una cala a otra cercana, por lo que además de las chanclas es imprescindible llevar calzado deportivo en el maletero. El sistema para controlar la afluencia de visitantes se realiza mediante la ocupación del parking de la cala, en cuanto el parking está lleno hay que dar media vuelta y buscar otro lugar donde extender la toalla. El tope máximo de hora de llegada en temporada alta está en torno a las 10 de la mañana.

La isla está rodeada de calas en su totalidad, cada una con su encanto. Constatamos que las que más éxito tienen son las del sur, pero hay calas en el norte que no desmerecen nada. Lo más acertado es elegir las playas en consonancia con la dirección que lleve el viento para asegurar el buen tiempo. Cabe mencionar que hasta este mismo año había que pagar para entrar en algunas calas dado que los propietarios de los caminos que llegan a ellas exigían una tasa por el tránsito de vehículos, pero después de muchos años de lucha se ha conseguido abolir esta injusta medida. Este fue nuestro recorrido:

Cala de Algaiarens: El aterrizaje a las 9 de la mañana nos aseguraba la mañana de playa, pero en previsión de que no tendríamos opción a entrar en ninguna playa del sur, el primer chapuzón en aguas baleares tuvo lugar en la zona norte. Una cala muy bonita y tan sólo un anticipo de lo que estaba por venir.

Santa Galdana: La parte más explotada turísticamente de Menorca. La cala es una maravilla, una concha de aguas muy tranquilas donde es un lujo sumergirse. Lejos del entorno salvaje de la mayoría, Santa Galdana se ha visto invadida por grandes moles de cemento a pie de playa que le restan encanto pero que han de existir en toda ciudad con costa. Más adelante volveríamos a Santa Galdana, pero esta vez como punto de partida para visitar unas cuevas en kayak.


Pregonda: El viento nos jugó una mala pasada la mañana que fuimos a Pregonda. Cuando llegamos a la cala, era imposible aguantar el aire, incluso una embarcación había encallado, así que nos fuimos por donde vinimos, un precioso paraje verde con arenas rojizas que nos hizo sentir muchísima pena por lo que podía haber sido un gran día. A cambio, y en vistas de que a esas horas no podríamos acceder a ninguna otra playa, aprovechamos para hacer turismo por Ciudadela y Mahón.

Macarella y Macarelleta: Las calas más famosas de la isla con bastante razón. El acceso es bastante complicado y existe la posibilidad de dejar el coche en un parking gratuito que está a 20 minutos andando o en un parking a 5 minutos por el que cobran 5€. Macarella es un entrante precioso de aguas color turquesa, pero pronto nos encaminamos a Macarelleta, una pequeña cala anexa a la que hay que llegar por un camino que dura en torno a un cuarto de hora y que en principio estaba calificada como playa nudista. Fuimos para echarle un vistazo pero no pudimos resistirnos a ese entorno paradisíaco y nos quedamos toda la mañana. A continuación está Cala Turqueta que también estaba en nuestro itinerario pero a la que no pudimos ir finalmente. Queda como plan prioritario para la próxima vez que viajemos a la isla.

Mitjana: Tiene dos parkings, ambos gratuitos. Uno junto a la playa y otro a un kilómetro, quien llega antes, se acerca más. La cala es una preciosidad, te brinda la posibilidad de acceder a un acantilado en el que hay unas vistas impresionantes y también se puede acceder mediante un camino a un entrante de mar en el que nos dimos un baño después de sortear algunas piedras sin que tan siquiera nos amilanara la presencia de medusas que toparon con alguna que otra pierna y mano sin llegar a mayores consecuencias.
Volvimos a esta playa de nuevo, pero esta vez, en vez de por tierra, lo hicimos por mar ya que hicimos una ruta en kayak desde la cercana Santa Galdana para ver las cuevas naturales. La ruta fue accidentada como todo deporte que se practica por primera vez y por la presencia de algo de viento. No obstante, y a pesar de que tardamos dos minutos en volcar una embarcación que nos habían asegurado que tenía casi nula posibilidad de vuelco, superamos las adversidades con mucho ánimo, algunas risas (sobre todo de los que pudieron ver la escena) y agujetas al día siguiente.

Cala Tortuga: Enclavada en la Albufera des Grau. Hasta el parque natural se accede a través de una carretera estrecha que llega hasta el final de la isla, donde está situado el faro, pero a partir de ahí, el acceso a las calas es a pie. El paisaje está protegido y es una maravilla y si se elige el camino que va bordeando los acantilados, las vistas son insuperables. Existen varias calas seguidas y nosotras optamos por quedarnos en cala tortuga por una recomendación. Allí pasamos la tarde y aunque Macarella, Macarelleta y Mitjana eran como estar en el paraíso, esta cala, un poquito más larga que las anteriores, me encantó.

20 de agosto de 2008 | | 0 comentarios

Menorca I

Leí hace poco en líneas de Rafael Reig que estamos demasiado acostumbrados a viajar a sitios que si bien nunca hemos visitado in situ, los reconocemos al momento casi como si ya hubiéramos estado allí. Decía también que ya no es fácil viajar por el placer de descubrir un lugar nuevo, sino de hacerse la foto en ese lugar que nos resulta tan familiar. Y es que parece que tiene razón, que en esta aldea global no hay rincón mínimamente interesante que no haya sido masivamente documentado.

Me viene a la cabeza esto ahora que voy a hablar de Menorca. Aprovecho que he abandonado la isla hace muy poco y que todavía conservo la euforia de la cantidad de detalles desconocidos que me han impresionado. Vengo dispuesta a describir lo que he visto por si alguien acepta un buen consejo y piensa en la isla balear como próximo destino vacacional. Quizás lo ideal sería no caer en la mala costumbre que apuntaba Rafael Reig y llegar a la isla sin ideas preconcebidas. Sólo así se disfrutará como lo he hecho yo, o nosotras, no olvidemos que en esta aventura éramos tres, que hemos empleado todos los superlativos que conocemos a medida que hemos ido recorriendo la isla.

Para entender ciertas cosas hay que saber que Menorca fue declarada reserva de la biosfera por la Unesco en 1993, lo que unido al fervor de sus ciudadanos por proteger a la isla de las hordas turísticas y urbanísticas hace que ni siquiera en la época de mayor afluencia de visitantes se perciba sensación de aglomeraciones ni multitudes, ni en las ciudades, ni en las playas.

Hay mucho por ver. Es imprescindible dedicar jornadas enteras, neverita en mano, a disfrutar de las calas, pero si el tiempo no acompaña o se prefiere otro tipo de turismo, hay muchas cosas que hacer: visitar las ciudades más grandes como Ciudadela y Mahón, con sus casonas, calles estrechas y sus respectivos puertos y también Fornells, en el norte. Hay puntos muy bonitos como Cap de Cavallería junto a Fornells y el punto clave de la isla como reserva de la biosfera: el parque natural Albufera des Grau muy cerca de Mahón. Es imprescindible pasarse un día a cualquier hora por Cova d’en Xoroi en Cala’n Porter, cueva con una bonita leyenda que existe desde tiempos inmemoriales en un acantilado y que según las guías es la discoteca más bonita del mundo, lo que no es ninguna exageración y visitar los monumentos prehistóricos, talayots y taulas repartidos por toda la isla, algo que no hemos podido hacer por falta de tiempo y que queda para una hipotética y deseada vuelta.

Nos fuimos con la recomendación gastronómica de probar el plato por excelencia: la caldereta de langosta, pero su precio, que no está al alcance de cualquier bolsillo nos hizo conformarnos con otras especialidades como el arroz con bogavante y el arroz caldoso a la marinera, más económicos e igualmente excelentes. Gracias a la recomendación de la oficina de turismo, recalamos en las Fiestas de Sant Climent donde probamos la bebida típica: gin amb limón, más comúnmente denominada como “pomada” y pudimos ver el jaleo, la fiesta típica de Menorca, donde se jalea a los caballos de raza menorquina al son de la música y que consiste en increpar al caballo sobre el que va montado un jinete para que se ponga sobre sus patas traseras mientras los mozos intentan sostenerle por la parte delantera el máximo tiempo posible.
Probamos también el queso menorquín, que los restaurantes utilizan en muchísimos platos y al igual que en Mallorca, en Menorca también es típica la ensaimada.

Menorca hay que recorrerla entera de norte a sur y de este a oeste por su única autopista central que une Ciudadela y Mahón y por sus estrechas carreteras secundarias. Los cinco días se nos han quedado un poco cortos, y aunque es difícil estimar el tiempo ideal para disfrutar de la isla que sin lugar a dudas sería un largo período, entre 7 y 10 días sería una buena opción para ver lo imprescindible.

Lo dicho, nos han quedado muchas calas por ver, muchos baños que darnos en esas aguas paradisíacas y muchos paisajes que disfrutar, pero tenemos la sensación de haberle sacado el máximo provecho a cada uno de los días. El regreso es un pensamiento recurrente que empezó a inundarnos antes de tomar el vuelo de vuelta a casa, por lo que deseamos que se cumpla. Mientras tanto, nos recrearemos en los máximos beneficiados de este viaje: nuestros sentidos, porque hay cosas que definitivamente no se pueden expresar, simplemente hay que vivirlas.

18 de abril de 2008 | | 3 comentarios

El placer de comer

Ante la proliferación de locales dedicados a la hostelería y la abrumadora oferta gastronómica, sospecho que no soy la única que está desarrollando su pasión por la comida según va pasando el tiempo.

Hay quien ve la comida como un mero trámite diario, pero particularmente, yo cada vez disfruto más de la acción cotidiana de sentarme a la mesa y por lo general, aprovecho cualquier celebración para ligarla a una comida, una cena o una cervecita con unas tapas. De este modo, a uno no le cuesta nada imaginarse un momento de felicidad rodeado de amigos compartiendo una mesa llena. El contenido puede ser variable, mi capacidad para saborear nuevos sabores y cocinas también se encuentra en pleno desarrollo.


Puede que aún pueda disfrutar de estas cosas porque puedo comer en casa a diario y cuento con el aliciente de que mi madre es una cocinera increíble, por lo que comer fuera una o dos veces por semana se convierte en un hecho excepcional que siempre está ligado al ocio. Lo mismo ocurre con los experimentos culinarios para emancipados durante los meses de verano, he de reconocer que aún me divierto intentando que una receta quede bien porque no estoy acostumbrada a cocinar diariamente, pero también he de admitir que no soy tan buena cocinera como comensal.

En definitiva...no sé qué cualidades se requieren para ser crítico gastronómico, pero no sería mala ocupación...mientras tanto, nos conformaremos con recomendar los sitios que nos vayan gustando (y a los que humildemente pueda acceder nuestro bolsillo) e intentaremos iniciarnos en otra de nuestras inquietudes: la cata de vinos, cuando sea posible.