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9 de enero de 2011 | | 1 comentarios

Nuevas formas de año nuevo

Tengo que reconocer que la alternativa navideña de este año ha sido perfecta. Aunque confieso que me resultó un poco raro desanclarme de las formas tradicionales de celebración de fin de año y año nuevo, el resultado no pudo ser mejor. Una vez celebrada la nochebuena en su vertiente más tradicional y familiar, pusimos rumbo a Las Palmas de Gran Canaria el mismo día que 2010 llegaba a su fin, en tan sólo unas horas estábamos a 15 grados más de lo acostumbrado, en una terraza estupenda desde la cual divisábamos toda la ciudad y sus confines, agasajados por un amigo y su familia de la forma más espléndida que uno pueda imaginar y agradecer. En definitiva, un lugar nuevo, unos acompañantes diferentes y un año a estrenar una hora más tarde como mandan las leyes del "una hora menos en la Comunidad Canaria".


El día de año nuevo como nunca: en la playa. Concretamente en Maspalomas. El faro, las dunas y también el viento y las piedras que traía la playa, hicieron del primer baño del año un momento algo accidentado, pero momento con mayúsculas al fin y al cabo. Excelente comida de año nuevo en un chiringuito rodeado de guiris, excelente conversación y compañía...planes de que esto no sea excepcional y se repita.


Por la noche, paseo de rigor por el precioso y colonial barrio de Vegueta con un guía insular derrochando historia y conocimiento de calles y localizaciones, para acabar cenando en un sitio canario pero no tanto, el Macabeo, una sugerencia para tener en cuenta si alguien pisa la capital de la isla.

El día 2 de enero también fue día de playa a 27 grados que fueron disfrutados en una playa urbana pero de las mejores que yo haya visto: Las Canteras. Ambiente dominical y aunque no lo parezca, de enero: una playa llena a rebosar, baños en el agua fresquita pero no congelada y comida en el paseo antes de poner rumbo al aeropuerto a poner fin a un fin de semana relámpago pero bien aprovechado y cundido. Esperemos que los pensamientos de año nuevo se hagan realidad y alguna que otra isla nos invite a pasar otro invierno, tengo que asegurar que la inyección de energía que da el sol es impresionante.

P.D. A pesar del mayúsculo enfado, gracias Uri.

22 de agosto de 2010 | | 0 comentarios

Alicante

Mi cumpleaños dejó para más adelante uno de esos regalos que una vez recibidos, uno está impaciente por que lleguen. Uri me había regalado las entradas para ir al concierto de Sabina en Alicante el día 14 de agosto, así que aprovechando que yo estaba por allí, cogió un vuelo y vino a pasar el fin de semana.

Las entradas del concierto también incluían el alojamiento en el Meliá Alicante, un megahotel entre el puerto y la Playa del Postiguet al más puro estilo turismo de Levante, con sus recepciones brillantes, sus tarjetas para todo, innumerables habitaciones, salones, ascensores y restaurantes, en definitiva, un mundo para bolsillos de americana y bolsos Gucci.

Al mediodía nos acercamos a comer a una taberna recomendada por la guía de 11870, a la que siempre acudo cuando voy a un sitio que no conozco y que una vez más, ha resultado ser 100% acertada y útil. Se trataba de la Taberna del Gourmet (Carrer Fernando, nº 10), un sitio que te recibe con un enorme cartel en el que indica que es Premio Nacional a la mejor barra del año 2009. La entrada es una barra de bastante amplitud en la que se puede tomar algo y al fondo, el local se divide en dos plantas con mesas a modo de restaurante.

La decoración frente a la barra estaba hecha con cristaleras decoradas con productos tradicionales y grandes pizarras en las que se podían leer los platos y sugerencias, así como los innumerables tipos de vinos. Dentro de la barra, había un espacio en el que el cliente puede ver la elaboración de las tapas y raciones frías. La carta era extensa, así que por elegir algo, probamos la ensaladilla de la taberna, los huevos rotos con patatas y el rulo de cabra con hierbas y miel de níspero. De postre, el helado de vainilla con toffee. Todo buenísimo. Como apunte curioso, uno de los camareros que nos atendía, nos comentó que en ese momento, al fondo del restaurante, estaba comiendo Benicio del Toro, que estaba esos días rodando una película en Alicante, así que antes de irnos pude hacer un barrido visual por la sala y le ví en la última esquina del local, casi de espaldas. Sinceramente, esperaba encontrarme al Ché y más bien me encontré a un tipo con camiseta negra y gafipasta, en fin, no deja de ser curioso ese tipo de casualidades, uno no siempre se topa en un bar con un galán con Hollywood.

Encantá de la vida

Por la tarde estuvimos en la Playa del Postiguet, playa urbana con hamacas y arena finísima donde el sol no acompañó demasiado pero sí lo suficiente como para darnos un buen baño. Después de eso, tocaba prepararse para ir al concierto.

De camino a la Plaza de toros de Alicante, teníamos otro sitio apuntado donde hacer un alto en el camino para picar algo antes de entrar. Se trata de El Foc (Carrer Tomás López Torregrosa, nº 13), otra taberna un poco más modesta que la que habíamos visitado al mediodía, pero con mucha solera. Como eran poco más de las ocho, conseguimos una mesa, pero cuando nos fuimos una hora después, el sitio ya estaba completo, así que debe ser uno de esos sitios muy conocidos entre los alicantinos. La taberna encalada con estilo rústico también ofrecía ensaladas, tostas y sobre todo, una amplia variedad de vinos, así que elegimos un par de tostas, una de focaccia de roast beef de caballo con ceboll, otra de solomillo y un hojaldre de queso de cabra con mermelada de tomate.

La entrada a la Plaza de toros no tiene nada que ver con las colas monumentales de Las Ventas, una entrada mucho más tranquila puesto que la plaza es más pequeña. Convencí a Uri para ver el concierto sentados en vez de estar de pie en el coso, así que cogimos un buen sitio casi frente al escenario.


Puntualísimo, a las 10 en punto comenzaron los acordes. Sabina saltó al escenario con un “Buenas noches Alicante” y cantando Tiramisú de limón, a partir de ahí seguiría Viudita de Cliquot y después, una sucesión de clásicos como Medias negras, Pacto entre caballeros, Aves de paso, Llueve sobre mojado, Peces de ciudad (una de mis favoritas), Y sin embargo, Por el bulevar de los sueños rotos, Contigo…Sabina hace un buen repaso a su carrera y sabe hacer pausas para que su voz, ya bastante cascada aunque inconfundible, aguante las dos horas cuarenta minutos que dura el espectáculo. Su acompañamiento toma las riendas del espectáculo en varias ocasiones, su fiel guitarrista Pancho Varona canta Conductores Suicidas, Antonio García de Diego canta la genial Amor se llama el juego y su nueva corista Marita Barros se arranca con Como un dolor de muelas y escenifica con Sabina muchas canciones de forma bastante digna. Por cierto, que a esta chica, que parece que ha salido de la nada, la recuerdo perfectamente de aquel concurso que emulaba a la primera edición de OT que se hizo en Telecinco y que se llamaba Popstars. Otra curiosidad más.

Feliz, Feliz

Eché de menos un poco más de movimiento en la plaza de toros, cierto es que las canciones de Sabina son en su mayoría nostálgicas, pero hay unas cuantas en las que el público podía haberse arrancado más. No obstante, Sabina jugaba con su fina ironía y acertaba en los comentarios, los adaptaba a Alicante (incluso cantó la primera estrofa de Contigo en valenciano) y no paraba de dedicar canciones e incluso el concierto entero a sus amistades. Con dos bises el concierto llegó a su fin con La del pirata cojo y con Pastillas para no soñar.

A la mañana siguiente no nos perdimos el desayuno buffet del hotel. Para los que no frecuentamos esas categorías hoteleras, las mesas repletas de cualquier cosa que te pueda apetecer al levantarte nos sigue pareciendo un espectáculo en sí mismo, y así acabó el maravilloso fin de semana, desayunando junto a la cristalera que daba a la Playa del Postiguet, con unas estupendas vistas, huevos fritos con bacon y unas tortitas con chocolate de pecado mortal un domingo por la mañana.

Las vistas de la ventana y de la mesa. Difícil elegir cuál era mejor.

P.D. Gracias infinitas Uri.

4 de agosto de 2010 | | 0 comentarios

El veraneo

Me quedan 48 horas para decir: Me largo, ahí os quedáis. Aunque no hace tanto que tuve vacaciones, recordemos que eso fue a principios de mayo y las dediqué a hacer 185 kilómetros del Camino de Santiago, así que de descanso, nada de nada.
Así pues, queda la tanda anual de vacaciones en Levante con la familia. No es que sea mi destino vacacional favorito porque me encantan las playas desérticas como a todo hijo de vecino y ésta precisamente no lo es, pero significa estar con mi familia, en mi segunda casa, en la playa a la que llevo yendo los últimos veinte veranos, que se dice pronto, por lo cual, es un lugar al que siempre me apetece ir y como tal, me voy con ganas de desconectar, de descansar y de coger aire para el largo y crudo invierno.
Me llevo el portátil para ver si consigo encontrar wifi y estar mínimamente conectada, me llevo unos cuantos libros para pasar el rato y sobre todo, me llevo mucha paciencia, porque durante unos días ejerceré de tía con dos fieras...Creo que los libros de la universidad se quedan aquí, este año la convocatoria de septiembre me parece que queda anulada...creo que me he ganado un verano sin tocar un libro y que ya remontaré el año que viene.
Entre medias, Uri se viene de visita y disfrutaremos del regalo que me hizo por mi cumpleaños: concierto de Joaquín Sabina y noche en un hotel de ensueño...Dolce vita, ni más ni menos.
Lo dicho, nos vemos a la vuelta, al menos con otro color más saludable.

15 de agosto de 2009 | | 4 comentarios

Algarve

Del Algarve me traigo sensaciones encontradas. Por un lado, vuelvo con un regusto decepcionante de una zona que creía que me iba a gustar más y por otro, reconozco que tiene algunas cosas muy interesantes.

Lógicamente, al Algarve se va a hacer turismo playero y playas hay de todo tipo, urbanas y atestadas de gente (las más) y escondidas y desérticas (las menos). Eso sí, todas con el mismo problema: agua congelada, tanto que resulta duro aguantar los 40 grados bajo la sombrilla con el añadido de tener que contar hasta diez o hasta veinte para conseguir meterse hasta la cintura, o más allá si uno le echa valor. El problema de la masificación se simplifica evitando ir en pleno agosto, pero el del agua me temo que no tiene solución, exceptuando los efectos del cambio climático.

De un lado a otro del Algarve hay un montón de playas. En este viaje nos orientamos por las indicaciones de la guía y por las cosas que habíamos visto en Internet, así que durante 5 días hemos seguido la siguiente ruta.

Playa de la Isla de Tavira. Para llegar a la playa hay que ir aTavira y coger un barco que tarda 5 minutos en llegar a la isla. Una vez allí, la extensión de playa es enorme y aunque da la impresión de que no va a estar urbanizado, la realidad es que allí hay de todo: un camping, chiringuitos, hamacas...pero aún así, merece la pena alejarse un poco y buscar hueco. El barco no para de ir y venir continuamente, así que al final, lo que sería una estupenda playa desértica, acaba siendo una playa con bastante gente. La vuelta a tierra firme vuelve a hacerse por barco, como todo el mundo suele recoger las cosas a media tarde, al final hay que hacer cola como si estuvieras esperando el autobús.

Playa da Rocha. Un gran error, playa urbana, enorme a lo largo y a lo ancho y atestada, yo creo que la más masificada que he visto en mi vida. La playa en sí es bonita y está super equipada, pero le sobra un 90% de ocupación para poder ser disfrutada. Además nos encontramos con el problema de las algas, que en grandes cantidades, pueden arruinar un gran día de playa.

Playa de Alvor. Cuando escapamos del horror de da Rocha nos movimos a esta playa, igual de familiar pero, menos ancha y con menos gente. Más de lo mismo.

Playa de Figueira. Para mí fue la mejor playa del viaje. Desierta, a mitad de camino entre playa y cala, es toda una sorpresa que en agosto no esté invadida y debe ser por varias razones: no es fácil encontrarla, no está muy publicitada y hay que andar un buen trecho a pie por el campo hasta llegar a ella. Estupendo día, de los de playa y neverita.

Playa de D. Camilo. Aprovechando que fuimos a Ponta da piedade, elegimos una playa cercana, la playa de D. Camilo, que durante la bajamar comunicaba también con otras playas. Un poco más grande que una cala, a esta playa se accedía mediante una escalera de 200 escalones, bastante más duros a la subida que a la bajada y que tampoco impedían el lleno completo. En mi opinión personal, como playa no era muy allá, pero reconozco que el entorno merecía la pena.

Playa de Porto de Mós. Playa de gran extensión, hay gente pero sólo en los accesos, por lo que si uno quiere andar un poco, en breve tendrá todo el espacio y la tranquilidad que quiera.

Playa da Marinha. En el absurdo intento de clasificarlo todo, dicen de ésta que es una de las cien mejores playas del mundo. El entorno es muy bonito, las rocas acotan la playa y la perspectiva es de gran belleza. La existencia de un chiringuito a la entrada arruina bastante la estampa y la presencia de grandes montones de algas hizo el baño casi impracticable.


A parte de las playas, que es lo principal, en el Algarve hay algunas cosas de interés que salen un poco de la rutina playera:

La ciudad de Faro. Con un casco histórico bastante bonito.

Ponta da piedade. Rocas que emergen del mar con formas caprichosas en lo que puede denominarse como versión atlántica de la ciudad encantada de Cuenca. Una excursión que merece la pena, el recorrido en barco dura 25 - 30 minutos y cuesta alrededor de 10€.


Feria medieval de Silves. La típica feria medieval pero a lo grande, ocupando por completo el casco antiguo de la ciudad.

Cabo de San Vicente. Imprescindible pasar por aquí para ver el atardecer, que a pesar de ser un espectáculo masificado gracias a la llegada de autobuses enteros, sigue siendo igual de bonito.

De Albufeira, centro por excelencia del Algarve y ciudad en la que nos alojamos, poco se puede decir más que es la típica ciudad costera dedicada al turismo extranjero. En resumidas cuentas: el Benidorm de Portugal.

14 de julio de 2009 | | 0 comentarios

Calma absoluta

Pues sí, ya estoy de vuelta de la tranquilidad, de hacer el muerto en el agua, de las carreritas matutinas por el paseo marítimo, de los desayunos, comidas y cenas en la terraza, de estar tirada a la plancha durante horas enganchada a un libro y...aunque había ganas de volver, esa vuelta siempre es agridulce, porque aquí están las terracitas de verano y los amigos y la falsa independencia y una vidilla que no había en estas fechas por allí, pero allá se quedan "las saludes" delicadas y un remanso de paz que alivia cualquier estado de ánimo trastocado. No sé si vengo nueva, pero sí descansada.

Como mi salida fue tan apresurada y no sabía si finalmente habría o no vacaciones, me llevé un solo libro, el primer volumen de Millenium de Stieg Larsson: novela negra sofisticada y objeto de culto gracias a una gran campaña de márketing. Cuando éste se acabó intenté hacerme usuaria de la biblioteca, pero me pedían fotocopia del DNI y fotografía y como no suelo viajar con ello, tuve que correr al Carrefour a buscar algo de bolsillo, así que me leí La bodega de Noah Gordon: ficción histórica ideal para tumbona.
Tampoco me llevé las películas que había recopilado, así que hice lo que no hago el resto del año: ver la televisión y pasó lo peor que podía pasar, que se murió una celebridad y he visto todos los especiales (funeral inclusive) y todas las repeticiones de We are the world que sean capaces de imaginar. A cambio, he descubierto un programa maravilloso al que le agradezco infinitamente los ratos de entretenimiento: Desafío extremo de Jesús Calleja.

Y después de esta tanda tan tranquila y relajada, quedan dos semanas en agosto muy bien repartidas: una en el Algarve y otra en Galicia. Una vez pasado lo difícil: la planificación y la búsqueda de rutas y hoteles, ya sólo queda lo mejor: disfrutarlas en la mejor compañía.

29 de mayo de 2009 | | 0 comentarios

Escapada pre-veraniega

En dos horitas, dos, pongo rumbo a la playa y esta vez no es una metáfora, sino verdad de la buena. Mañana por la mañana pondremos los pies sobre la arena, la vista en el horizonte y el cuerpo al sol...aunque caliente poco, porque parece que habrá más nubes que claros y temperaturas más bajas que en Madrid, pero da igual, es playa y estamos lejos de la urbe, con eso basta.



Ver mapa más grande

Para que se hagan una idea de lo que me espera cuando cruce la península, fíjense en la primera urbanización con piscina en la parte inferior izquierda de la imagen del google maps y sitúenme bajo alguna de las sombrillas de la playa. El camino entre un punto y otro será lo que más veces recorreré.

Ya les haré el parte de lo que he hecho, aunque tenga casi por seguro que me voy a limitar a no hacer nada.

21 de agosto de 2008 | | 2 comentarios

Menorca II: Calas

Hablar de playas en Menorca es hablar de calas, lugares en los que sí se nota la temporada alta, ya que si uno quiere asegurarse un hueco en la arena tiene que madrugar. Casi todas las calas que mantienen su carácter salvaje tienen un acceso complicado, caminos sin asfaltar o carreteras de doble sentido por las que a duras penas cabe un coche. A veces se puede dejar el coche bastante cerca y otras es obligatorio darse una buena caminata. Lo mismo ocurre si se quiere acceder de una cala a otra cercana, por lo que además de las chanclas es imprescindible llevar calzado deportivo en el maletero. El sistema para controlar la afluencia de visitantes se realiza mediante la ocupación del parking de la cala, en cuanto el parking está lleno hay que dar media vuelta y buscar otro lugar donde extender la toalla. El tope máximo de hora de llegada en temporada alta está en torno a las 10 de la mañana.

La isla está rodeada de calas en su totalidad, cada una con su encanto. Constatamos que las que más éxito tienen son las del sur, pero hay calas en el norte que no desmerecen nada. Lo más acertado es elegir las playas en consonancia con la dirección que lleve el viento para asegurar el buen tiempo. Cabe mencionar que hasta este mismo año había que pagar para entrar en algunas calas dado que los propietarios de los caminos que llegan a ellas exigían una tasa por el tránsito de vehículos, pero después de muchos años de lucha se ha conseguido abolir esta injusta medida. Este fue nuestro recorrido:

Cala de Algaiarens: El aterrizaje a las 9 de la mañana nos aseguraba la mañana de playa, pero en previsión de que no tendríamos opción a entrar en ninguna playa del sur, el primer chapuzón en aguas baleares tuvo lugar en la zona norte. Una cala muy bonita y tan sólo un anticipo de lo que estaba por venir.

Santa Galdana: La parte más explotada turísticamente de Menorca. La cala es una maravilla, una concha de aguas muy tranquilas donde es un lujo sumergirse. Lejos del entorno salvaje de la mayoría, Santa Galdana se ha visto invadida por grandes moles de cemento a pie de playa que le restan encanto pero que han de existir en toda ciudad con costa. Más adelante volveríamos a Santa Galdana, pero esta vez como punto de partida para visitar unas cuevas en kayak.


Pregonda: El viento nos jugó una mala pasada la mañana que fuimos a Pregonda. Cuando llegamos a la cala, era imposible aguantar el aire, incluso una embarcación había encallado, así que nos fuimos por donde vinimos, un precioso paraje verde con arenas rojizas que nos hizo sentir muchísima pena por lo que podía haber sido un gran día. A cambio, y en vistas de que a esas horas no podríamos acceder a ninguna otra playa, aprovechamos para hacer turismo por Ciudadela y Mahón.

Macarella y Macarelleta: Las calas más famosas de la isla con bastante razón. El acceso es bastante complicado y existe la posibilidad de dejar el coche en un parking gratuito que está a 20 minutos andando o en un parking a 5 minutos por el que cobran 5€. Macarella es un entrante precioso de aguas color turquesa, pero pronto nos encaminamos a Macarelleta, una pequeña cala anexa a la que hay que llegar por un camino que dura en torno a un cuarto de hora y que en principio estaba calificada como playa nudista. Fuimos para echarle un vistazo pero no pudimos resistirnos a ese entorno paradisíaco y nos quedamos toda la mañana. A continuación está Cala Turqueta que también estaba en nuestro itinerario pero a la que no pudimos ir finalmente. Queda como plan prioritario para la próxima vez que viajemos a la isla.

Mitjana: Tiene dos parkings, ambos gratuitos. Uno junto a la playa y otro a un kilómetro, quien llega antes, se acerca más. La cala es una preciosidad, te brinda la posibilidad de acceder a un acantilado en el que hay unas vistas impresionantes y también se puede acceder mediante un camino a un entrante de mar en el que nos dimos un baño después de sortear algunas piedras sin que tan siquiera nos amilanara la presencia de medusas que toparon con alguna que otra pierna y mano sin llegar a mayores consecuencias.
Volvimos a esta playa de nuevo, pero esta vez, en vez de por tierra, lo hicimos por mar ya que hicimos una ruta en kayak desde la cercana Santa Galdana para ver las cuevas naturales. La ruta fue accidentada como todo deporte que se practica por primera vez y por la presencia de algo de viento. No obstante, y a pesar de que tardamos dos minutos en volcar una embarcación que nos habían asegurado que tenía casi nula posibilidad de vuelco, superamos las adversidades con mucho ánimo, algunas risas (sobre todo de los que pudieron ver la escena) y agujetas al día siguiente.

Cala Tortuga: Enclavada en la Albufera des Grau. Hasta el parque natural se accede a través de una carretera estrecha que llega hasta el final de la isla, donde está situado el faro, pero a partir de ahí, el acceso a las calas es a pie. El paisaje está protegido y es una maravilla y si se elige el camino que va bordeando los acantilados, las vistas son insuperables. Existen varias calas seguidas y nosotras optamos por quedarnos en cala tortuga por una recomendación. Allí pasamos la tarde y aunque Macarella, Macarelleta y Mitjana eran como estar en el paraíso, esta cala, un poquito más larga que las anteriores, me encantó.

20 de agosto de 2008 | | 0 comentarios

Menorca I

Leí hace poco en líneas de Rafael Reig que estamos demasiado acostumbrados a viajar a sitios que si bien nunca hemos visitado in situ, los reconocemos al momento casi como si ya hubiéramos estado allí. Decía también que ya no es fácil viajar por el placer de descubrir un lugar nuevo, sino de hacerse la foto en ese lugar que nos resulta tan familiar. Y es que parece que tiene razón, que en esta aldea global no hay rincón mínimamente interesante que no haya sido masivamente documentado.

Me viene a la cabeza esto ahora que voy a hablar de Menorca. Aprovecho que he abandonado la isla hace muy poco y que todavía conservo la euforia de la cantidad de detalles desconocidos que me han impresionado. Vengo dispuesta a describir lo que he visto por si alguien acepta un buen consejo y piensa en la isla balear como próximo destino vacacional. Quizás lo ideal sería no caer en la mala costumbre que apuntaba Rafael Reig y llegar a la isla sin ideas preconcebidas. Sólo así se disfrutará como lo he hecho yo, o nosotras, no olvidemos que en esta aventura éramos tres, que hemos empleado todos los superlativos que conocemos a medida que hemos ido recorriendo la isla.

Para entender ciertas cosas hay que saber que Menorca fue declarada reserva de la biosfera por la Unesco en 1993, lo que unido al fervor de sus ciudadanos por proteger a la isla de las hordas turísticas y urbanísticas hace que ni siquiera en la época de mayor afluencia de visitantes se perciba sensación de aglomeraciones ni multitudes, ni en las ciudades, ni en las playas.

Hay mucho por ver. Es imprescindible dedicar jornadas enteras, neverita en mano, a disfrutar de las calas, pero si el tiempo no acompaña o se prefiere otro tipo de turismo, hay muchas cosas que hacer: visitar las ciudades más grandes como Ciudadela y Mahón, con sus casonas, calles estrechas y sus respectivos puertos y también Fornells, en el norte. Hay puntos muy bonitos como Cap de Cavallería junto a Fornells y el punto clave de la isla como reserva de la biosfera: el parque natural Albufera des Grau muy cerca de Mahón. Es imprescindible pasarse un día a cualquier hora por Cova d’en Xoroi en Cala’n Porter, cueva con una bonita leyenda que existe desde tiempos inmemoriales en un acantilado y que según las guías es la discoteca más bonita del mundo, lo que no es ninguna exageración y visitar los monumentos prehistóricos, talayots y taulas repartidos por toda la isla, algo que no hemos podido hacer por falta de tiempo y que queda para una hipotética y deseada vuelta.

Nos fuimos con la recomendación gastronómica de probar el plato por excelencia: la caldereta de langosta, pero su precio, que no está al alcance de cualquier bolsillo nos hizo conformarnos con otras especialidades como el arroz con bogavante y el arroz caldoso a la marinera, más económicos e igualmente excelentes. Gracias a la recomendación de la oficina de turismo, recalamos en las Fiestas de Sant Climent donde probamos la bebida típica: gin amb limón, más comúnmente denominada como “pomada” y pudimos ver el jaleo, la fiesta típica de Menorca, donde se jalea a los caballos de raza menorquina al son de la música y que consiste en increpar al caballo sobre el que va montado un jinete para que se ponga sobre sus patas traseras mientras los mozos intentan sostenerle por la parte delantera el máximo tiempo posible.
Probamos también el queso menorquín, que los restaurantes utilizan en muchísimos platos y al igual que en Mallorca, en Menorca también es típica la ensaimada.

Menorca hay que recorrerla entera de norte a sur y de este a oeste por su única autopista central que une Ciudadela y Mahón y por sus estrechas carreteras secundarias. Los cinco días se nos han quedado un poco cortos, y aunque es difícil estimar el tiempo ideal para disfrutar de la isla que sin lugar a dudas sería un largo período, entre 7 y 10 días sería una buena opción para ver lo imprescindible.

Lo dicho, nos han quedado muchas calas por ver, muchos baños que darnos en esas aguas paradisíacas y muchos paisajes que disfrutar, pero tenemos la sensación de haberle sacado el máximo provecho a cada uno de los días. El regreso es un pensamiento recurrente que empezó a inundarnos antes de tomar el vuelo de vuelta a casa, por lo que deseamos que se cumpla. Mientras tanto, nos recrearemos en los máximos beneficiados de este viaje: nuestros sentidos, porque hay cosas que definitivamente no se pueden expresar, simplemente hay que vivirlas.

31 de julio de 2008 | | 0 comentarios

De ida...y hasta la vuelta

No me digan que no son maravillosos esos días preludio de un período largamente esperado. Yo, que adoro todos los viernes del año, estoy recreándome como nunca en el último día de trabajo. Me motiva especialmente ver cómo está remarcado en el calendario que cuelga de la pared, cómo suena en el aviso del móvil y cómo centraliza todos mis temas de conversación. De repente el mundo gira en torno a la libertad vacacional que colapsa carreteras, cierra comercios de barrio y te empuja a compartir metros, centímetros mejor dicho, de arena con la misma marea de gente que se traslada a tu mismo ritmo desde la urbe hacia la costa, o hacia la montaña, o hacia cualquier capital de país que figure en la guía del trotamundos.

Sí, lo sé, que mañana cuando busque la sombrilla que mi padre habrá puesto religiosamente a primera hora de la mañana para poder ver al niño de cerca, cuando sienta que una inoportuna paletada de arena me caiga sobre la espalda, incluso cuando tope con caras conocidas, caeré en la cuenta de que Madrid tiene playa y que aunque esté a 500 kilómetros, ahí está, como el primer año que la visité, y de eso hace ya mucho tiempo, tanto que los recuerdos son ya mayores de edad.

Hoy también me recreo en el placer que supone dejar algo realmente bueno para el final. Volveré a Madrid, para tocar pared e impulsarme hacia Menorca. No me digan qué es lo que viene después, la rutina también tiene su marca en el calendario y su pertinente aviso en el móvil, por si se me olvidara que existe el mundo en aquella isla.

Nada más les digo que hasta la vista, au revoir, arrivederci...sólo queda que alguien me entregue en mano un hipotético testigo vacacional y yo cogeré las maletas y el coche y me adentraré en la meseta hasta avistar agua firme.