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13 de octubre de 2010 | | 1 comentarios

Historias de supervivencia

Imposible no emocionarse al ver cómo van saliendo uno a uno a la superficie los trabajadores de la mina en Chile que llevan atrapados desde el 5 de agosto. No me extraña que los compatriotas de todo el mundo se hayan apostado frente al televisor para ver cómo se obra ese milagro llamado rescate y se sientan identificados, orgullosos y emocionados.

Curiosa similitud la de esta historia con la que vivieron los supervivientes de la tragedia de los Andes. Busco información y me encuentro con que precisamente hoy se cumplen 38 años del accidente del avión que trasladaba al equipo de rugby desde Montevideo hasta Santiago. La coincidencia es estremecedora.

Sesenta y nueve días de dura espera, a expensas de lo que se decida y programe en la superficie. Una experiencia extrema para unos hombres que unos días bajaron para trabajar y se vieron obligados a paralizar sus vidas durante más de dos meses. Algunos de ellos no bajarán nunca más, pero apuesto a que la mayoría sí lo harán. Ójala que todo esto sirva para mejorar las condiciones de este colectivo en Chile y en cualquier país del mundo.

13 de julio de 2010 | | 1 comentarios

Triunfadores

Parece que ya escampa el subidón futbolístico. No está mal ganar de vez en cuando y ver cómo todo el mundo ensancha su ego y se siente el mejor del mundo, aunque sólo haya participado en la gesta mirando a una pantalla, eso sí sujetando con todo el arte del que es capaz, un botellín de cerveza, como es mi caso y el del 99,9% de los que se desgallitan con eso del yo soy español, español, español...

Pero viene bien ese baño de masas para entretenernos, anima el verano una barbaridad, nos hace a todos más felices, la humanidad se une y se echa a la calle y de repente, del resto del mundo no queda ni rastro. El telediario es rojo, los periódicos son rojos, la gente se viste de rojo aunque no favorezca y el país sale a la calle para gritar que somos los mejores. Sin complejos...y así durante horas.

En estos días he hecho un esfuerzo y me he dejado arrastrar por la marabunta...ya saben aquello de "si no puedes con ellos, únete a ellos". Al principio ví un par de partidos sola en casa, después fue imposible, la sensación de ser un bicho raro si no me unía a la comitiva o de ser una marginada social pudo conmigo, me convertí en carne de bar con pantalla gigante, de botellín en la mano y de ¡¡¡uyyyyyy!!! cuando el balón no entraba en la portería y pasaban los minutos.

Al final, transformación absoluta, acabé gritando desaforadamente con banderitas en las mejillas. Por si hubiera pocos, el Mundial había creado otro monstruo. Al final ví llorar e hice el esfuerzo de entenderlo, me tomé una copa a la salud del triunfo e incluso hice algo tan extraordinario como restarle horas al sueño.

Menos mal que ahora la perspectiva magnificada vuelve a su lugar. Ya solo envidio saber cómo se sentirán en la cima del mundo aquellos pocos elegidos para la gloria, algo que no está hecho para el común de los mortales...eso... y el beso del capitán a Sara Carbonero.

11 de julio de 2008 | | 2 comentarios

Escalofríos

No sé si es mi percepción, pero esta semana ha habido una oleada de titulares, a cada cuál más escalofriante. Confieso que lo que más llamó mi atención fue el testimonio de los supervivientes de la patera que consiguió llegar a tierra después de perder a la mayoría de la tripulación. La noticia hablaba de que las madres de los niños que murieron y fueron arrojados al mar, estaban visiblemente afectadas cuando fueron recogidas por los cuerpos de salvamento. La verdad es que me imagino poquitas cosas peores que esa escena macabra, por lo que lo de visiblemente afectadas se queda corto.

Seguimos con la reunión a mesa repleta del G-8 para hablar de los problemas de alimentación que sufre la parte invisible del mundo y para firmar un protocolo sobre el medioambiente que debe tener mucha letra pequeña a juzgar por el poco caso que le hacen.

Punto y seguido, la recesión, la desaceleración...la palabra maldita: crisis. Casi siempre sufrida por el ciudadano en el que repercuten las medidas de los empresarios que cumplen con su obligación de seguir enriqueciéndose. Mañana sin ir más lejos, entra en vigor la ley que permite extender el horario de los centros comerciales en Madrid, así que una gran empresa ya ha decidido inaugurar una nueva era de puertas abiertas al consumo de 9 a 23 horas. Dicen que el nuevo horario creará más puestos de trabajo, yo lo que creo es que se les ha olvidado que los trabajadores suelen tener familia y que a este paso no sé quién va a poder conciliar.

En fin...vayámonos de fin de semana, que es lo único que hoy por hoy, está en nuestras manos.

30 de mayo de 2008 | | 0 comentarios

Vistos

La media jornada de reposo prescrita por el médico me dejó recuperar la otra media invertida en urgencias. Entre tanto, dos cosas interesantes vistas esta semana:

La primera es la película
La Soledad, ganadora del premio Goya a la mejor película de este año. Cuando ganó apenas la echaban en un par de cines en Madrid, así que hemos vuelto a tirar de DVD. La película diferencia dos historias principales, la de una mujer que se muda con su hijo de un pueblo a Madrid y la de una familia de clase media.

Ambas historias están interrelacionadas por un hilo muy fino, pero ambas son historias abiertas que abarcan muchos más temas: las relaciones familiares, de pareja, las circunstancias sobrevenidas. La película, que dura algo más de dos horas, se sustenta en el peso de los personajes principales y secundarios, muy corrientes y muy humanos, por evidente que parezca esto último.

Lo que más destaca es la utilización de varios planos en la misma escena. En múltiples ocasiones la pantalla se desdobla para ofrecernos la misma acción desde distintos ángulos. Un diálogo o la simple acción de un personaje que se mueve de un lugar a otro, cobra así una dimensión mucho más cercana.

La historia es intensa, pero también se construye sobre largos silencios y sobre la visión de largas escenas rutinarias que quizás le dan esa lentitud a la que no acabamos de acostumbrarnos. En definitiva, me ha parecido muy buena y sobre todo, distinta.

Lo segundo es un reportaje de Documentos TV llamado Mi vida x 1000 Euros. Una visión sobre los denominados mileuristas contada por varios jóvenes en situación precaria: investigadores que no cotizan, licenciados en letras que buscan la estabilidad mediante una oposición, ingenieros mal remunerados y un vistazo al problema en el que parecen confluir todas esas vidas: la imposibilidad de acceder a la compra de una vivienda.

El reportaje aborda el problema de la espiral que produce una sociedad sobrecualificada en la que tener un título universitario no equivale a tener más posibilidades, sino a que el mercado, ante esa gran oferta de universitarios, no tenga la necesidad de compensar económicamente la mano de obra formada y los sueldos no estén en consonancia con el esfuerzo invertido y el coste real de la vida.

Muy interesante, de verdad.

4 de abril de 2008 | | 0 comentarios

Cualquier parecido con la realidad

A veces uno no sabe muy bien si lo que ve es fruto de alguna mente rebosante de imaginación o algo que podría ser llevado realmente a cabo por una mente enferma. A veces, tragamos televisión y cine con la tranquilidad de que todo acaba cuando nos levantamos de la butaca y recorremos el camino inverso a casa, como si la violencia, los asesinatos y las noticias truculentas, no existieran en la vida real, sólo en la gran pantalla, en los bajos fondos de las ciudades con skyline.

Cuando una película comienza diciendo que está basada en hechos reales, asumimos que guardará cierta similitud y que estará aderezada con los componentes esenciales para atraer al espectador, porque el cine es eso: entretenimiento, ficción, piezas con las que jugar a contar una historia perfectamente ensamblada. El problema es cuando se da un paso más allá y en vez de hacer una película basada en un hecho real, al espectador se le muestran en el telediario unos hechos y unas personas reales (ciudadanos con nombres y apellidos) que se podría jurar que están sacadas de alguna película.

Un hecho de actualidad me ha inspirado esta reflexión. Si alguien ha visto Plenilunio, la película basada en la novela homónima de Antonio Muñoz Molina, entenderá el paralelismo realidad-ficción que puede llegar a producirse con algunos sucesos. Sólo hay que tomar como ejemplo al presunto asesino de Mari Luz, la niña ovetense y al asesino encarnado por Juan Diego Botto en Plenilunio para tener la sensación de que la realidad muchas veces supera con creces la ficción.