20 de agosto de 2008 | | 0 comentarios

Menorca I

Leí hace poco en líneas de Rafael Reig que estamos demasiado acostumbrados a viajar a sitios que si bien nunca hemos visitado in situ, los reconocemos al momento casi como si ya hubiéramos estado allí. Decía también que ya no es fácil viajar por el placer de descubrir un lugar nuevo, sino de hacerse la foto en ese lugar que nos resulta tan familiar. Y es que parece que tiene razón, que en esta aldea global no hay rincón mínimamente interesante que no haya sido masivamente documentado.

Me viene a la cabeza esto ahora que voy a hablar de Menorca. Aprovecho que he abandonado la isla hace muy poco y que todavía conservo la euforia de la cantidad de detalles desconocidos que me han impresionado. Vengo dispuesta a describir lo que he visto por si alguien acepta un buen consejo y piensa en la isla balear como próximo destino vacacional. Quizás lo ideal sería no caer en la mala costumbre que apuntaba Rafael Reig y llegar a la isla sin ideas preconcebidas. Sólo así se disfrutará como lo he hecho yo, o nosotras, no olvidemos que en esta aventura éramos tres, que hemos empleado todos los superlativos que conocemos a medida que hemos ido recorriendo la isla.

Para entender ciertas cosas hay que saber que Menorca fue declarada reserva de la biosfera por la Unesco en 1993, lo que unido al fervor de sus ciudadanos por proteger a la isla de las hordas turísticas y urbanísticas hace que ni siquiera en la época de mayor afluencia de visitantes se perciba sensación de aglomeraciones ni multitudes, ni en las ciudades, ni en las playas.

Hay mucho por ver. Es imprescindible dedicar jornadas enteras, neverita en mano, a disfrutar de las calas, pero si el tiempo no acompaña o se prefiere otro tipo de turismo, hay muchas cosas que hacer: visitar las ciudades más grandes como Ciudadela y Mahón, con sus casonas, calles estrechas y sus respectivos puertos y también Fornells, en el norte. Hay puntos muy bonitos como Cap de Cavallería junto a Fornells y el punto clave de la isla como reserva de la biosfera: el parque natural Albufera des Grau muy cerca de Mahón. Es imprescindible pasarse un día a cualquier hora por Cova d’en Xoroi en Cala’n Porter, cueva con una bonita leyenda que existe desde tiempos inmemoriales en un acantilado y que según las guías es la discoteca más bonita del mundo, lo que no es ninguna exageración y visitar los monumentos prehistóricos, talayots y taulas repartidos por toda la isla, algo que no hemos podido hacer por falta de tiempo y que queda para una hipotética y deseada vuelta.

Nos fuimos con la recomendación gastronómica de probar el plato por excelencia: la caldereta de langosta, pero su precio, que no está al alcance de cualquier bolsillo nos hizo conformarnos con otras especialidades como el arroz con bogavante y el arroz caldoso a la marinera, más económicos e igualmente excelentes. Gracias a la recomendación de la oficina de turismo, recalamos en las Fiestas de Sant Climent donde probamos la bebida típica: gin amb limón, más comúnmente denominada como “pomada” y pudimos ver el jaleo, la fiesta típica de Menorca, donde se jalea a los caballos de raza menorquina al son de la música y que consiste en increpar al caballo sobre el que va montado un jinete para que se ponga sobre sus patas traseras mientras los mozos intentan sostenerle por la parte delantera el máximo tiempo posible.
Probamos también el queso menorquín, que los restaurantes utilizan en muchísimos platos y al igual que en Mallorca, en Menorca también es típica la ensaimada.

Menorca hay que recorrerla entera de norte a sur y de este a oeste por su única autopista central que une Ciudadela y Mahón y por sus estrechas carreteras secundarias. Los cinco días se nos han quedado un poco cortos, y aunque es difícil estimar el tiempo ideal para disfrutar de la isla que sin lugar a dudas sería un largo período, entre 7 y 10 días sería una buena opción para ver lo imprescindible.

Lo dicho, nos han quedado muchas calas por ver, muchos baños que darnos en esas aguas paradisíacas y muchos paisajes que disfrutar, pero tenemos la sensación de haberle sacado el máximo provecho a cada uno de los días. El regreso es un pensamiento recurrente que empezó a inundarnos antes de tomar el vuelo de vuelta a casa, por lo que deseamos que se cumpla. Mientras tanto, nos recrearemos en los máximos beneficiados de este viaje: nuestros sentidos, porque hay cosas que definitivamente no se pueden expresar, simplemente hay que vivirlas.

13 de agosto de 2008 | | 2 comentarios

Culturetas desenmascarados

Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años! – Groucho Marx -

Recalo en Madrid unas horas para vaciar el buzón y cambiar la ropa de maleta. Entramos en la segunda y definitiva tanda de vacaciones. Durante 10 días he tenido tiempo de ejercer de entretenimiento y salvaguarda de mi sobrino y lo más difícil, me he enfrentado a su arma más poderosa: la curiosidad, esa que te deja en KO técnico cuando hay que explicar lo que tú crees haber asimilado por obra y gracia de la madurez y que resulta tan difícil de expresar cuando alguien te pide que le pongas palabras, razones y lo simplifiques para que cuando llegue la temida ¿lo has entendido? no te sacuda el orgullo pedagógico un derrotista NO, por que en esto no hay medias tintas y un niño nunca asentirá hasta estar convencido o hasta que tú reconozcas con lágrimas en los ojos, que no sabes más.

Es entonces cuando te das cuenta de tus limitados conocimientos sobre ciencia, o sobre el mundo, o lo muchísimo que no sabes y que no podrías transmitirle. En un retiro vacacional sin libros, ni wikipedia que te ponga a salvo, hay que echarle imaginación, enseñar como nos enseñaron algún día a nosotros, con papel y lápiz y ejemplos ilustrativos.

De esta forma mi sobrino me ha puesto a prueba en el apartado de ciencias sociales acompañándome a comprar el periódico y preguntándome por qué compro el periódico si puedo ver las noticias en el telediario y por qué con la pila de periódicos que tenía la señora he elegido ése. También le tocó el turno a las ciencias naturales con la lluvia de perseidas en la noche de San Lorenzo, ¿qué es una estrella fugaz?, ¿por qué había que irse al campo para verlas bien? Hay que ver...tanta oposición y tanto temario para saber que lo mismo ni estoy preparada para concursar en ¿sabes más que un niño de primaria? Y eso sin mencionar que algún cultureta me ha corregido últimamente algún tiempo verbal...Desolada me hayo.

En fin, breve incursión en la realidad parar volver a irse, pensando que hay que volver a volver y que estaremos volviendo al tajo en un abrir y cerrar de ojos...Mientras tanto me voy imaginando las calas menorquinas y lo interesante que está resultando el turismo de bronceado y de contemplación de la nada.
A la vuelta les cuento qué hay en esa isla para que todo el mundo hable maravillas de ella.

31 de julio de 2008 | | 0 comentarios

De ida...y hasta la vuelta

No me digan que no son maravillosos esos días preludio de un período largamente esperado. Yo, que adoro todos los viernes del año, estoy recreándome como nunca en el último día de trabajo. Me motiva especialmente ver cómo está remarcado en el calendario que cuelga de la pared, cómo suena en el aviso del móvil y cómo centraliza todos mis temas de conversación. De repente el mundo gira en torno a la libertad vacacional que colapsa carreteras, cierra comercios de barrio y te empuja a compartir metros, centímetros mejor dicho, de arena con la misma marea de gente que se traslada a tu mismo ritmo desde la urbe hacia la costa, o hacia la montaña, o hacia cualquier capital de país que figure en la guía del trotamundos.

Sí, lo sé, que mañana cuando busque la sombrilla que mi padre habrá puesto religiosamente a primera hora de la mañana para poder ver al niño de cerca, cuando sienta que una inoportuna paletada de arena me caiga sobre la espalda, incluso cuando tope con caras conocidas, caeré en la cuenta de que Madrid tiene playa y que aunque esté a 500 kilómetros, ahí está, como el primer año que la visité, y de eso hace ya mucho tiempo, tanto que los recuerdos son ya mayores de edad.

Hoy también me recreo en el placer que supone dejar algo realmente bueno para el final. Volveré a Madrid, para tocar pared e impulsarme hacia Menorca. No me digan qué es lo que viene después, la rutina también tiene su marca en el calendario y su pertinente aviso en el móvil, por si se me olvidara que existe el mundo en aquella isla.

Nada más les digo que hasta la vista, au revoir, arrivederci...sólo queda que alguien me entregue en mano un hipotético testigo vacacional y yo cogeré las maletas y el coche y me adentraré en la meseta hasta avistar agua firme.

30 de julio de 2008 | | 0 comentarios

Autoengaños

Qué ilusa…cuando rellené mi parte de vacaciones por allá por el mes de abril, elegí partir las vacaciones en dos quincenas, la primera en agosto, mes inhábil en la administración, con lo que me aseguraba que ninguna convocatoria me aguara la fiesta y otra quincena en septiembre, para cumplir con mis obligaciones opositoras para con el Ministerio de Cultura, que este año, mira tú por dónde, ha decidido retrasar el examen y ha mandado un poco al traste mi planificación.

En aquel momento, cuando me preguntaban por las vacaciones adoptaba la cantinela de: tengo dos quincenas, una para descansar, y otra para estudiar y decía y pensaba cosas como…a la playa no me pienso llevar ni un libro…voy a desconectar totalmente…este año las vacaciones son sagradas…pero así, visto desde cerca, esta semana no hago más que pensar…pero cómo no me voy a llevar ni un libro!...se me va a olvidar todo en 15 días sin repasar el temario, con la de huecos que hay en el día…si me levanto pronto saco una hora, a la hora de la siesta otra hora y si alguna tarde no bajo a la playa, también sacaría tiempo…así que el autoengaño me ha durado hasta que me he puesto a mirar qué apuntes me caben en el maletero. Además de eso, está el maravilloso invento del mp3, que posibilita que vaya a poder estar tumbada en la playa escuchando cómo canto el maravilloso temario en versión estéreo.

Además de eso, ya estoy haciendo acopio de literatura veraniega. Me he empeñado en leer un clásico, así que me llevo Crímen y castigo (por si no tenía bastante) y un par de libros más ligeritos por si ése se me atraviesa: Pura Anarquía de Woody Allen y Un trabajo muy sucio, novela satírica de Christopher Moore. En fin, que ya nos queda poquito.

28 de julio de 2008 | | 0 comentarios

Bodas

Después de este puente es lógico que me dé por hablar de la familia. Familia que aumenta con la llegada de Marcos, otro niño, por parte de hermano primerizo al que le llegan las ojeras al suelo estos días y familia que se junta para celebrar una boda a la manera tradicional, esto es, pasando por la iglesia, pero con el descubrimiento de que hasta eso puede tener su toque modernito. No sé cuál será la tendencia de los seminarios en la actualidad pero por lo menos el párroco que ofició esta boda, era un cruce de coleguita versado en religión y presentador de programa de testimonios...la misa convertida en show para reaproximar la religión al pueblo. O eso supongo.

Lo bueno de las bodas es que reúne a los que no suelen reunirse por otro motivo, todo el mundo viste sus mejores galas, se pasa revista a los invitados, te pones al día, se baila lo imbailable y de vez en cuando acontece alguna movida familiar que acaba aplacándose con un venga, que para una vez que nos juntamos...en fin...bodas, un acontecimiento enternecedor para los novios y muy allegados, que pasan meses desplegando energías e ilusión para que todo sea perfecto durante unas horas.

Este sábado fue una de esas bodas a las que no se podía faltar por dos razones principales: parentesco, ya que se casaba una de las componentes del clan primal (y ya van 3 de 5) y afinidad, porque toda una vida da para conocer cada uno de nuestros pasos y saber que éste era con total seguridad, uno de sus sueños.
Como siempre, en el margen izquierdo, queda el testimonio gráfico del evento.

23 de julio de 2008 | | 0 comentarios

El cómic: ese gran desconocido

Seguramente, el género que más he ignorado durante toda mi vida ha sido el cómic, exceptuando a Mafalda, de la que lo he leído absolutamente todo y El Jueves, que me alegra la jornada de trabajo todos los miércoles, mis inmersiones en las historietas gráficas han sido prácticamente nulas.
Durante algunos meses, he ignorado por completo la sección de cómic de la biblioteca, hasta que un día cayó en mis manos un precioso libro llamado El árbol rojo de Shaun Taun, que despertó mi curiosidad. Desde entonces, de vez en cuando indago en la sección con más o menos éxito, obviando, eso sí, el manga, que lo tengo atravesado.
Supongo que la dificultad que tengo para encontrar comics que me enganchen estriba en que no soy buena lectora de ciencia ficción y literatura fantástica, por lo que la oferta se reduce drásticamente. No obstante, he encontrado cosas verdaderamente buenas totalmente recomendables, es el caso de dos comics que he devorado en dos tardes: Pyongyang y Shenzhen de Guy Delisle.
Delisle plasma en ambos libros su traslado durante unos meses a ambas ciudades para llevar a cabo proyectos de animación que las grandes productoras de occidente han deslocalizado a China y Corea del Norte. Es increíble cómo Delisle puede esbozar en una historieta en blanco y negro la férrea realidad de la dictadura norcoreana con todos sus matices y hacerlo con tanto humor. Lo mismo ocurre en su traslado a la monótona y aburrida Shenzhen, en China, donde el choque cultural y lingüístico provoca un montón de situaciones peculiares para un occidental.
Háganme caso, si quieren enterarse de cómo se vive en esa parte del mundo y sacarle la gracia a lo que aparentemente no la tiene, no tienen que complicarse la vida con grandes volúmenes de índole político-histórica, pueden hacerlo con unas viñetas absolutamente brillantes.

21 de julio de 2008 | | 0 comentarios

Intensos

La verdad es que es fácil, sólo hacen falta tres cosas: amigos, comida, bebida et voilà, ya tenemos la base...el resto corre de cuenta de la improvisación, del ingenio cada año más agudo de las que preparan los regalos. Este año cayó un kit para las futuras casas (con estropajo, enseres para jugar a las cocinitas y un pack para el dormitorio que dejo a su imaginación). A parte de eso, hubo atrezzo deportivo para mi compañera de cumpleaños y unas Converse y un bolso para mí.

A pesar de que la celebración fue un viernes, lo que nos dejó a algunos sin poder de maniobra para hacer reposo vespertino, se aguantó bien el tirón por este orden: tapeo, copas y bailes. La cámara de fotos que iba de mano en mano, echó humo, se ha hecho una exhaustiva criba por que ya nos ha quedado claro que si sobrios no tenemos el don de la fotografía, no les quiero contar lo que resulta cuando los reporteros van cargaditos...en fin, écheles un vistazo y háganse una idea de lo que dio de sí la noche.

Esta celebración fue sin duda, la más larga y multitudinaria, pero hubo muchas versiones del cumpleaños, cada una de ellas fue especial por unas circunstancias y sobre todo, por las personas con la que compartí esos momentos, en grupo o individualmente. Me quedo con ese conjunto maravilloso que resulta de ese todo.

Al final, con tanto ajetreo, parece que el cuerpo no te va a dar ni para llegar al mediodía del lunes, pero aquí estamos, así que démonos ánimos y pensemos que lo que se ve al fondo es un puente y que la semana acabará como lo hacen las películas con final feliz, en boda.