26 de junio de 2011 | | 0 comentarios

Mudanzas

Domingo por la mañana. Mala noche de sueño. No sé si las sábanas nuevas que andan un poco tiesas todavía tras dejar el envoltorio, no sé si los ruidos y silencios nuevos, no sé si el cansancio mismo de una mudanza que a estas horas ya va por su cuarto día. El caso es que no sé. Me levanto de la cama, ando por una casa que hemos estado acondicionando durante trece meses antes de que llegara esta primera noche en la que irse a dormir y despertarse. Busco algo de desayuno, miro los millones de libros y DVD que están repartidos por el suelo y me cercioro de que no hay nada en su sitio. Todo está por encontrarse. Como yo. Como nosotros.

Siento la aleta herida de los cambios. El piso nuevo, el barrio por descubrir y reconozco el corazón apretujado, contraído. Es algo muy personal, de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que mi punto inmaduro está en los grandes cambios y ahora que queda un tiempo largo por delante en esta casa, me vuelve el mismo sentimiento que cuando abandoné el hogar paterno hace unos meses. La independencia, esa salida necesaria en la vida, ha dado paso a otro traslado. Ahora que acababa de acostumbrarme a otro lugar, vuelven las cajas, los paquetes, el no saber dónde pusiste aquello, el a saber qué hacer con esto, el tirar lo innecesario para que no te estorbe.

Ahora que escribo esto admito que lo que me aterra es la palabra caja. Ese contenedor de apariencia sencilla encierra una multitud de significados. Las cajas que se llenan y se vacían, que llevan y que traen, que acercan y que alejan. Las cajas comunes o las compartidas. Las cajas frágiles que hay que dejar con cuidado en el suelo. Las cajas que van al trastero para ser profundamente olvidadas porque no tenemos el valor de tirarlas a la basura aunque sepamos que nunca jamás las abriremos. Todo cabe en una caja. Nuestra vida cabe en una caja. Pura verdad.

Para tranquilizarme me repito que todo volverá a su sitio, que todo acabará encontrando el lugar en el que sentirse cómodo y sentir que pertenecemos a esta casa, como podríamos pertenecer a cualquier otra y sin embargo la vida nos ha traído hasta aquí. Ante todo, me repito, todos sabemos que nuestro lugar no está delimitado por las paredes, ni por la puerta de entrada, ni siquiera por el número del portal. La realidad es que nuestro verdadero lugar ha de ser aquel en el que habita el que comparte con nosotros la etiqueta que identifica cuál es nuestro buzón.




20 de junio de 2011 | | 1 comentarios

Irresistible low cost

Lo de los billetes low cost es un vicio. Una vez que empiezas, ya no puedes parar. Comienzas mirando vuelo para un destino concreto que te apetece visitar y acabas comprando vuelos a donde quiera que sea porque estaban a 4 euros.

Un ejemplo: este verano Uri me sorprendió en diciembre con un viaje para agosto. La verdad es que no habíamos hablado de las vacaciones (en diciembre, lo de agosto suena remoto) y de pronto, aparecieron en mi buzón dos billetes a Estocolmo. El precio es absolutamente escandaloso (en sentido inverso) y uno no tiene más remedio que pensar que dónde va a estar más a gusto que en Suecia con una temperatura primaveral por un precio con el que dificilmente llegarías por cualquier medio de locomoción a cualquier playa española. Así que allá nos vamos, a disfrutar del norte, a hacernos los suecos durante unos días.

Lo siguiente es que una vez que empiezas ya no hay vuelta atrás y te picas. Acabas mirando vuelo para tal fecha, total, por si hay algo interesante y entonces es cuando aparece ante tus ojos un vuelo a Bolonia por 6 euros, la vuelta es un poco más cara, pero en total, ida y vuelta sale por menos de 60 euros...Bolonia...pues allá que nos vamos. Total, por ese precio...

Rizamos el rizo. A Burdeos nos vamos vía Easyjet y a Alicante, vía ryanair, sin competencia que valga por parte de Renfe o la empresa de autobuses. Ni siquiera compensa coger el coche cuando haces el viaje solo.

Cuatro destinos en un verano y entre todos poco más de 200 euros. Así es imposible estarse quieto.

8 de junio de 2011 | | 0 comentarios

Reflexionemos

Últimos coletazos de la acampada. El movimiento 15M instalado en Sol leva anclas y se va, no sé sabe muy bien a dónde, las posibilidades se inclinan hacia una acampada itinerante por la plazas de España, por un puesto fijo en el lugar donde germinó una idea que secundó una multitud e incluso quedan unos cuantos radicales que dicen que no se van, que el asentamiento es un símbolo que no debe desaparecer.


Opino que desde hace algunos días se estaba perdiendo el hilo. El movimiento estalló, tuvo una gran repercusión, un seguimiento social que se palpaba, pero poco a poco, como casi todo lo que ocurre, pronto acaba siendo sustituido por una noticia de mayor alcance o más reciente. Me ha parecido que la acampada perdía fuelle, que muchos secundamos la idea y la aplaudimos, pero que, desgraciadamente, en esta época de inmediatez y rapidez, todo está destinado a desinflarse, y en este caso, el movimiento debería transformarse en idea, en propuesta, en asociación, partido político, comisión o cualquier cosa que permita la adhesión de ciudadanos y canalización de ideas para su posterior encauzamiento administrativo o político.


Mientras esto ocurre, el movimiento ha permitido que durante estos días las conciencias se remuevan y grandes comunicadores escriban lo que muchos ciudadanos pensamos. Los puntos son claros y comunes: la corrupción, el despilfarro, la especulación, el desinterés de la clase política hacia la gestión limpia y transparente.


Ahí les dejo un artículo de Antonio Muñoz Molina de esos que a uno le gustaría escribir en un periódico, en una carta al director o en un blog de medio pelo como puede ser éste porque lo suscribe desde la primera a la última palabra y porque es necesario que se diga en voz alta todas las veces que sea posible y necesario para que todo el mundo, sea de izquierdas o de derechas, exija una forma de organización política que no desvirtúe la palabra democracia. A falta del don para la escritura que tiene en este caso Muñoz Molina, sólo nos queda leer y sobre todo, reflexionar.

23 de mayo de 2011 | | 1 comentarios

Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir

A estas horas de la mañana de un lunes, todavía estoy despertando. Me desperezo frente a la pantalla del ordenador cuando nadie me ve y bostezo involuntariamente cada 10 segundos. La apisonadora electoral parece que ha llegado a su fin, aunque queden coletazos de trabajo sobre la mesa. Esta mañana, el bucle electoral me ha pillado con el sueño profundo y con la insuficiencia de menos de 7 horas de sueño cuando se ha estado al pie del cañón durante 15 horas.

Ha sido más de un mes de inteso trabajo y aprendizaje, de toma de contacto con la realidad que muchas veces se oculta en un segundo estrato y que sólo se descubre cuando llega el momento de ponerse a trabajar en el relevo de una función que alguien conocía a la perfección y se posiciona tras tu nuca a la espera de ver cómo lo haces. Pensemos que hemos puesto toda la carne en el asador a la hora de acometer las responsabilidades que nos correspondían en el proceso electoral y que el mundo laboral tiene caras distintas según la ocasión, pero que estamos aquí para hacer un papel digno.

Entre tanto, mi primera experiencia electoral se ha convertido en inolvidable, ya no sólo por el carácter personal que pueda tener participar activamente en un proceso al que todo el mundo está convocado y por el que tantos han luchado activamente, sino también por la trascendencia que tiene para la sociedad la formación del Movimiento 15M. La verdad es que no tengo nada que añadir a lo que
el alba es difusa ha contado, tampoco puedo añadir nada al texto ¡Indignaos! de Herman Hesse o a lo que se puede leer al abrir los periódicos desde hace más de una semana. Lo que ví en la Puerta del Sol es un ejemplo de civismo, organización y heterogeneidad, las consignas son de todos, no sólo de unos pocos.

Como ciudadana y votante, espero que el movimiento continúe más allá de la acampada y de las concentraciones, más allá del resultado electoral que han arrojado las urnas el 22 de mayo. Espero que los cauces administrativos al alcance del indignado sean suficientes para impulsar esos cambios que se demandan y que considero necesarios para perfeccionar una democracia que ha de estar en constante evolución y no para mal.

Ojala podamos ver con nuestros propios ojos que otros políticos y otras formas de gobierno son posibles. Por encima de todo deseo, buenos profesionales que ejerzan la política desde la excelencia, la buena gestión, el interés general y empezar a castigar como se merece la corrupción. Sólo entonces pronunciaré la palabra político y no me sonará despectivo.

6 de mayo de 2011 | | 1 comentarios

Pamplona

Un viajecito puede tener varias intenciones: patearse una ciudad sin dejarse un monumento por ver o pasearla tranquilamente, sin prisas, encontrando los rincones sin buscarlos. En el caso de la escapada a Pamplona, optamos por la segunda forma. Anduvimos, anduvimos y anduvimos poco pendientes de la monumentalidad de la ciudad y más bien atentos al relax y al disfrute.

Tenía ganas de ver Pamplona y me he dado cuenta de que su dimensión turística gracias a los Encierros más famosos del mundo es inmensa. Pamplona tiene un casco viejo marcado por el recorrido que hacen los astados cada julio en honor a San Fermín y adornado por plazas, una ciudadela preciosa y sorprendente y algunas iglesias de interés. Una ciudad que se ve en poco tiempo pero, he ahí lo interesante, que permite que el viaje se prolongue todo lo que el visitante quiera en sus bares, con sus populares pintxos y vinos.

El capítulo de los pintxos merece mención aparte. La cocina en miniatura, cuidada hasta el máximo extremo es un placer para los que no decimos que no a una barra. La calle Estafeta es el lugar idóneo, los bares cuidan mucho su estética y es un placer acodarse para recorrer con la mirada los platos. No es barato, el pintxo oscila entre los 2 y los 3 euros, pero un buen pintxo bien lo vale.

No podemos imaginarnos cuál es el desbordamiento que debe sufrir cada verano la ciudad que atrapó a Hemingway y que supo reflejar en las novelas Fiesta o en Muerte en la tarde. El escritor está presente en el Hotel La Perla, en la Plaza del Castillo y se acoda eternamente en un rincón del Café Iruña, que mantiene su peculiar estética de los años 20. Nunca hubo mejor promoción para una ciudad que ésa.

Por último, un descubrimiento de esos que sólo Internet permite hacer cuando estás buscando información sobre lo esencial en Pamplona. En el número 22 de la calle Estafeta, la pastelería Beatriz, un modesto local, guarda en su interior un tesoro: los garrotes más ricos del mundo, napolitanas en miniatura que desbordan chocolate. No piensen en el aporte calórico ingente del dulce, simplemente disfrútenlo…como hemos hecho nosotros durante esta escapada.

19 de abril de 2011 | | 0 comentarios

Semana Santa 0 - Puente de mayo 1

Este año el resultado está así: Semana Santa 0 - Puente de mayo 1. No nos va la penitencia, pero sí las torrijas y la comida de Viernes Santo, que en mi casa es como si no fueras a comer más en tu vida pero sin carne. Es lo que tiene la Cuaresma, que menos filetes, la tradición permite que te pongas hasta arriba de todo, así que menudo esfuerzo para los que nos rendimos a la gula sin miramientos a la primera de cambio.

Además, no sé cómo lo hemos hecho, pero tenemos la agenda a tope y una intensa vida social de la leche y no precisamente dedicada a los actos religiosos, eso es que además de la penitencia, tampoco nos va el recogimiento, así que ya estamos por el mal camino.

El puente de mayo nos vamos a Pamplona, que también se dice Pampelune en francés que es una palabra que me hace mucha gracia sin saber muy bien porqué, es un regalito para Uri por los 31 que le cayeron el mes pasado para que siga completando el mapa turístico de España.

La verdad es que no sé muy bien qué vamos a hacer todavía allí, la ciudad debe ser pequeña, los monumentos unos poquitos y tenemos bastante tiempo, así que todo indica que si nada lo remedia, pasaremos mucho tiempo en bares bebiendo caldos navarros y probando sus pintxos por la zona vieja. Yo por si acaso, me llevo aprendidos dónde se comen los mejores pintxos y que no se me olvide tomarme un patxarancito de sobremesa.

Qué esfuerzo tan grande - Pienso al mirar la foto. Ya les digo yo que no sé si vamos a ser capaces...

7 de abril de 2011 | | 0 comentarios

Slow life

El otro día leía en un artículo un decálogo de diez puntos para no cerrar un blog. Entre otras cosas, un punto básico era la actualización. A veces, uno abre un blog con la sana intención de contar muchas cosas, pero no siempre se tienen muchas cosas que contar, y desde luego, éstas no siempre son interesantes. El caso es que como este blog no tiene un objetivo que le obligue a estar actualizado, ni pretende tener una legión de seguidores que a su vez estén interconectados por facebook y twitter, he decidido conmigo misma que a pesar de la tentación de no sentir nunca más el remordimiento de tener una cosa medio abandonada, este blog no cerrará por el momento. Quizás no hacía falta una explicación, pero era una buena excusa para contar algo.

La realidad es que para tener algo que decir, hace falta tiempo. Tiempo para leer, para contrastar y para desarrollar una opinión. El tiempo es una de esas palabras que más repito en estos días: tengo la sensación de no tener el tiempo suficiente para hacer todas las cosas que querría y eso, en ocasiones, me resulta tremendamente frustrante, ya saben todo aquello de: si tuviera tiempo leería, si tuviera tiempo escribiría, si tuviera tiempo...ay! si tuviera tiempo...y uno ya no sabe si lo malgasta o es que aspira a hacer demasiadas cosas.

Desde el principio de los tiempos no quise echarle la culpa al típico "ahora que me he independizado no tengo tiempo para nada, tengo que hacer muchas más cosas en casa que antes no hacía...", siempre creí en la máxima de que si te organizas, hay tiempo para todo, pero ahora estoy dándole vueltas a que la clave es no ser demasiado ambicioso, no querer abarcar tantas cosas, hacer menos en más tiempo.


La verdad es que no sé de qué voy a poder prescindir o qué es lo que hay que hacer, pero lo que tengo claro es que yo lo que quiero es pertenecer al movimiento slow.