16 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

Etapa 1: Villafranca - Trabadelo

Nuestro punto de partida del Camino fue Villafranca del Bierzo. Nuestra idea era comenzarlo en Ponferrada, una etapa antes, pero antes del viaje, cuando repasamos los kilómetros, nos dimos cuenta de que no habíamos reparado en una etapa que tenía nada menos que 40 kilómetros y que necesariamente, teníamos que partir en dos, y que por lo tanto, nos faltaba un día.

El día 4 de mayo cogimos un autobús en la estación de Méndez Álvaro a las 10.30 de la mañana y llegamos a Villafranca a las 16.15, hacía un sol espléndido y tomamos la sabia decisión de cargarnos las mochilas y comenzar a andar aquella misma tarde con la idea de quitarle 10 kilómetros a la etapa del día siguiente y que es la más dura del camino francés: la subida a O'Cebreiro.

Con esos diez kilómetros llegamos a Trabadelo, un pueblo pequeñísimo donde, a falta de albergue municipal, nos alojamos en el privado Crispeta y que era más bien una casa rural. En la habitación dormíamos ocho en literas y allí conocimos a Ingrid, una mujer alemana que venía desde la frontera con Francia y que nos explicó que venía con un grupo de mujeres que habían padecido cáncer de pecho. Una mujer encantadora a la que nos encontramos casi todos los días en algún punto del Camino hasta llegar a Santiago.

15 de mayo de 2010 | | 0 comentarios

El Camino de Santiago (Conclusiones)

La verdad es que una vez aterrizada y puesta delante del ordenador para relatar cómo han sido las vacaciones más cansadas de mi vida, es difícil saber por dónde empezar, así que elijo de forma aleatoria empezar por las conclusiones y después iré contando etapa a etapa.

La primera conclusión que traigo del Camino es que es duro de c*****s. Seguramente la belleza de este viaje está en que si no fuera por este recorrido a pie, habría sitios que no pisarías en la vida y paisajes que te perderías, pero indudablemente todo eso tiene un precio y se ajusta al dicho "sin dolor, no hay gloria" que tanto gusta decir a los peregrinos. La primera semana es la mala, lo dicen los que para mí, tienen un mérito que no alcanzo a medir y que empiezan el camino en la frontera con Francia o incluso más lejos, dicen que después de esa semana, el cuerpo se acostumbra. Yo he estado caminando ocho días y no puedo asegurar que mi cuerpo se hubiera acostumbrado del todo a recorrer como mínimo 20 km. durante muchos más días.

La culpa de que el camino se vuelva en ocasiones tortuoso no es de la capacidad física, ni del cansancio, ni de las incomodidades de vivir con lo básico metido en una mochila que pesa, sino los pies con ampollas, los músculos doloridos y las lesiones que acaban apareciendo por estas causas. Si no fuera por esto, el camino no tendría pegas, porque el cuerpo se adapta a todo y aguanta lo que le echen.

También me habían comentado que el camino francés es un negocio. Ciertamente, hay pueblos que si no fuera por el camino, estarían totalmente abandonados, por lo que su existencia es una necesidad económica para Galicia, pero también es cierto que hay etapas en las que puedes estar algunos kilómetros sin encontrar un sitio donde parar, vamos, que aquello no es Las Vegas. Lo que es evidente es que hay descompensaciones, por ejemplo: los albergues de la Xunta cuestan 5€, hay albergues mejores y otros que necesitan ser reformados, pero en todos tienes un colchón, una ducha (el agua caliente no es un factor seguro) y un lugar donde descansar algunas horas, el precio es más que razonable. Si decides irte a un albergue privado para dormir con menos gente y cuyas instalaciones suelen estar más cuidadas, el precio nunca será superior a 10€. Sin embargo, un café en Villafranca te cuesta 1,5€ o por ejemplo, el llamado menú del peregrino que hay en todos sitios como casi única opción si quieres comer caliente, tiene un precio único de 10€ vayas donde vayas. Ni caro, ni barato, simplemente descompensado.

Por el camino, te vas encontrando a gente de todo tipo. En nuestro caso íbamos tres y la verdad es que todo han sido ventajas, tener con quien hablar, buen rollo y un estado físico muy similar. Creo que el camino puede complicarse mucho si vas con alguien que no tenga tus mismas condiciones porque siempre hay alguien que va a acabar quemado porque no puede tirar más o porque siempre tiene que andar despacio. Nos hemos encontrado a mucha gente que iba sola, pero al final nadie acaba solo porque como las etapas están tan marcadas, en los albergues te acabas encontrando todos los días con las mismas personas y se acaba haciendo grupo, en nuestro caso, así ha sido. Acabamos 20 personas haciendo comida y cena comunitaria en el último albergue y cenando juntos en un restaurante el día que llegamos a Santiago. Quizás no nos veamos más en la vida, pero conocer a gente es una de las cosas bonitas del viaje, entre otras muchas, hemos conocido a tres jubilados de Málaga que nos han hecho pasar momentos increíblemente divertidos.

Y la conclusión final es que es un viaje que queda en el recuerdo para siempre, simplemente por el esfuerzo que se hace, por los malos ratos que se pasan y que hacen que luego seas capaz de recordar más vivamente los buenos momentos, por esa entrada triunfal en la Plaza del Obradoiro cualquiera que sea tu motivo para haber llegado hasta allí. Doy por seguro que ningún peregrino olvida ese momento.

1 de mayo de 2010 | | 1 comentarios

Cuenta atrás a la aventura

Ya nos queda muy poco para unas cuantas cosas, por un lado ya están vistos los fallos del piso con buen resultado: algún fallo más grande que espero se solucione y otros menores. Es algo ilusionante, claro, y me apetece que llegue la entrega de llaves y demás historias, pero por otro lado, me alegro de que se me haya cruzado en estas fechas un viajecito...me sirve para pensar en otras cosas que no sean números y para airearme, que cuando empiezo con el run-run de las preocupaciones me pongo muy pesada.

Así que estos días estoy ultimando la equipación, algo que no se acaba nunca. Parece que para hacer el camino basta con cuatro cosas y salir andando, pero no es así, como te pongas a visitar foros y opiniones, al final metes la casa entera en la mochila y luego queda elegir las cosas, porque puedes comprártelas muy baratas, sí, pero como no quieras ir muy de cutre, la equipación deportiva puede ser muy cara.

El viaje apetece mucho, aunque ya sabemos los inconvenientes que nos podemos encontrar: mi tendinitis en la pierna derecha lleva días sin dolerme absolutamente nada, veremos cuántas jornadas aguanta, me gustaría que todas, pero creo que desgraciadamente acabará apareciendo aunque espero que lo haga de forma leve. Los bichitos son otro punto conflictivo, parece ser que por mucha limpieza que exista, la realidad es que los peregrinos vamos transportando los bichos del camino a los albergues y es imposible librarse de ellos. Rezaremos por que no se meta ninguno en el saco.

El cansancio y el sueño...con la ayuda de los antihistamínicos, que son puros somníferos, espero caer como un saco de patatas todas las noches. Si me molestan los ronquidos, espero que con los tapones sea suficiente. No espero nada en concreto del camino, hay quien busca soledad, encontrarse a sí mismo y todo eso...yo sólo espero pasármelo bien, que la experiencia merezca la pena, disfrutar del paisaje y las cosas típicas y que mi cuerpo aguante lo que tenga que aguantar. A todos nos gusta viajar cómodamente, pero si soy sincera, la idea de un viaje con lo básico me resulta muy atractiva.

Aquí se queda la tramitación de la hipoteca, el foro de futuros vecinos con los últimos rumores y la mesa de trabajo donde se irán apilando día a día las tareas. Ahí se quedan, que yo...me voy.

A la vuelta, como siempre, crónica exhaustiva.


21 de abril de 2010 | | 4 comentarios

Paso previo: los fallos

¿Srta. Mentxu? - Sí, soy yo -
Le llamamos para comunicarle que el día 27 se realizará la visita para ver los fallos del piso.

Así empezó todo. Conatos de ilusión, de emoción y también preocupación a raudales. Todo eso cabe en una visita a ver los fallos y la evidencia de que queda muy poco.

El día que me compré el piso creo que no sabía ni lo que hacía: no tenía trabajo fijo ni sabía cuánto tardaría en tenerlo...simplemente pensé que en un par de años, necesitaría una vivienda en mi vida y que las cosas progresarían hacia donde yo deseaba. Los cálculos salieron bien. ¡Menos mal!

Ahora que se acerca el momento, todo se traduce a $$$$$$$. Lo curioso de todo esto es la facilidad con la que nos hipotecamos durante los próximos treinta años de nuestra vida y este enfrentamiento repentino con la cruda realidad que supone saber que el banco va a pasar a tener más dominio sobre ti que tú mismo.

Además he sacado otras conclusiones no menos valiosas: da igual las cuentas que hagas, que estimes en base a el peor de los casos, que hagas números por lo alto...la cantidad siempre será mayor de la esperada cuando eres tú el que tiene que abonarla y menor siempre que te la tienen que abonar a ti...así son los números.

Acojone señores, eso es lo que se me ocurre ahora. Este momento es una mezcla de crisis de madurez porque ya ha llegado el momento de volar, de sensaciones encontradas con respecto a lo que se ha de dejar y a lo que se ha de construir, de hacer números de forma constante hasta tener ganas de mandar la hoja excel a tomar viento fresco y de racionalizar como si estuviéramos en periodo de entreguerras para que todo llegue, para que todo cuadre...

Por eso, a veces no me extraña mi falta de emoción, es que el panorama es tan ambivalente que uno no sabe si reír o llorar.

En todo caso, tengo ganas de entrar por la puerta de esa casa y verla con mis propios ojos. Tengo la esperanza de que en ese momento, se me quiten todos los miedos.

15 de abril de 2010 | | 0 comentarios

Credenciales

Ya se va acercando ese día de mayo que será día de partida a la aventurilla. Poco a poco nos hemos ido haciendo con la equipación gracias a que hemos podido tomar prestado de aquí de allá (por cierto, gracias a todos porque no sé si todavía queda alguien a mi alrededor que no me haya dejado algo) y al Decartón, que para algunas cosas, aunque sinceramente no todas, no tiene competencia.
Así pues, estamos en fase de entrenamiento y de concienciación de lo que parece que va a ser el camino: madrugones, dormir con tropecientas personas en literas (si es que no tenemos problemas de masificación peregrina) y las caminatas en torno a los 25 km. diarios con los utensilios básicos colgados a la espalda.
Parece un plan poco apetecible, pero les puedo asegurar que las tres que nos aventuramos, tenemos muchísimas ganas, que es lo fundamental y estos días andamos mirando foros, pidiendo opiniones, repartiendo peso entre las mochilas y por último, el otro día nos acercamos a la Asociación de Amigos del Camino de Madridpara hacernos con la credencial.
Ahora mismo está en blanco, pero al final del camino estará repleta de sellos que nos habrán puesto en aquellos sitios por los que habremos pasado a fin de que podamos demostrar que hemos hecho andando al menos los últimos 100 km. del recorrido y que se nos reconozca como peregrinas a la llegada a Santiago.
Por ahora no nos imaginamos todo lo que está por suceder, sabemos que el tramo del camino francés que vamos a recorrer es un negocio económicamente muy rentable, pero aún así, seguro que encontramos tranquilidad, naturaleza, gente de todo tipo y dificultades. Por otra parte no he encontrado todavía (y creo que he leído todos los foros habidos y por haber) una mala opinión de nadie que haya hecho el camino sobre la experiencia y a duras penas cuesta averiguar si hay alguien que no lo ha acabado.
Así que, como se dice entre peregrinos para dar ánimos: ¡ULTREIA!

9 de abril de 2010 | | 0 comentarios

Un viernes como cualquier otro

La verdad es que hacía mucho que no tenía una tarde así, de viernes tranquilo. Sólo empaña la escena la presencia de un libro de Macroeconomía que para más inri, no me cae mal, se me atragantan un poco los gráficos y tengo que volver una y otra vez a releer los conceptos para no perder el hilo, pero no está del todo mal esta materia que hasta la fecha no existía en mi vida.

Aparte de eso, todo está en orden, sospechosamente en orden. Supongo que alguien habrá vivido esas épocas en la vida en la que todo está bien, tan bien hasta que de repente todo se tambalea. La primera vez todo esto te sacude, pero las siguientes ya te acostumbras y empiezas a tener esa sensación que tengo yo...la de que todo está sospechosamente bien, lo que en términos económicos se traduce a un período de expansión y al que siempre le sigue un período de recesión, me temo.

Esta reflexión es la prueba irrefutable de que soy una pesimista al más puro estilo Woody Allen, pero no crean, que todavía queda un resquicio de esperanza, porque de vez en cuando me da por decir: bueno, mientras tanto, disfrutemos del momento. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para Mentxu.

Así que este fin de semana me invade el carpe diem y pienso en
esto y en aquello. También pienso en que mañana me estaré probando un maravilloso vestido para la boda del fin de semana que viene y espero con todas mis fuerzas entrar en él y que me iré de cañas con mis amigas un sábado por la noche. También pienso que esta noche me voy al cine a ver En tierra hostil y que espero encontrar un belicismo bien hecho y no cualquier cosa.

Por último, aunque el fútbol me da igual, espero que nadie tenga mala cara el domingo. Ya ven, me conformo con poco. Tan poco como que soy feliz cinco minutos mientras acabo de escribir este post con la nueva canción de Ismael Serrano de fondo. Ya lo decían las viejas inscripciones en latín de los relojes: Acuérdate de vivir.

4 de abril de 2010 | | 3 comentarios

Toletum

Se acaba la cortísima Semana Santa. Como viene a ser costumbre no he salido de Madrid, porque el tema de los atascos para ir y para volver me desmotiva y aburre soberanamente, así que ya habrá otras fechas más propicias. Para estas fechas me reservo el viernes para comer en familia, que como buenos andaluces que son mis padres, celebran la Semana Santa con una mesa repleta y muchos platos tradicionales.

El sábado, para quitarnos la espina de no participar en la operación salida, Uri y yo nos fuimos a Toledo, ciudad que yo no pisaba desde hace diez o doce años, ahí es nada. El tiempo fue regular, cielo gris y bastante viento y al final, cuando cogíamos el coche para volver, comenzó a llover, así que nos libramos por poco del aguacero. No obstante, lo pasamos muy bien subiendo y bajando cuestas empedradas y rememorando rincones que a pesar de los años, a uno no se le olvidan.

Para darnos el gustazo, recabamos información en Internet sobre dónde podíamos comer y reservamos en el restaurante La Abadía. Las referencias acertaban de pleno, el sitio era muy bonito y dimos buena cuenta de una sartén de huevos con patatas y txistorra, solomillo de ciervo, solomillo ibérico con envoltura de foie y boletus y un brownie. Todo buenísimo, así que si alguien va a ir a Toledo próximamente, que tome nota.

Sólo una pega a esta ciudad: los precios prohibitivos. Entiendo que la forma de conservar las cosas es pagando por verlas, pero haciendo cálculos, si se quiere ver bien Toledo y entrar en todos los monumentos, el presupuesto sale por unos 50€, lo cual es una barbaridad. Punto y aparte es pagar 2,30€ por entrar a ver El entierro del Conde de Orgaz y no recibir ni una simple cuartilla (no hablamos ni de visita guiada ni mucho menos) en la que venga explicado mínimamente el cuadro y los personajes, tan sencillo como eso. No sé, creo que hay que esmerarse un poco ya que se cobra.

La visita a la Catedral de Toledo eran ni más ni menos que 7€ y lo que más nos interesaba, el Alcázar y la casa-museo de El Greco, estaban cerrados por reformas, así que nos quedamos con las ganas. Aparte de eso, mi flamante carnet de estudiante sólo sirvió en un sitio, así que pobres de los padres de familia que quieran enseñar Toledo a sus hijos porque tendrán que ahorrar para ir en familia.

Pero no todo son pegas, porque pasear por ciudades como Toledo, que está a apenas una hora de Madrid es una delicia. Espero que no pasen otros diez años antes de volver.