Inauguremos el espacio hablando de libros, de bonitas actividades de extensión cultural, de todo eso que tenemos bien aprendido por activa (en el trabajo) y por pasiva (en el largo y tedioso temario de la oposición). Comencemos también quejándonos, algo que no se nos da nada mal, para seguir en la línea del blog que hemos dejado atrás.
Este mes de abril que se aproxima se celebra el día del libro, recuérdenlo: 23 de abril. En esta ilustre biblioteca que habito, sufro y amo a partes iguales, se va a proceder por primera vez a la lectura de El Quijote por parte de aquellos ciudadanos que tengan a bien inscribirse y leer un par de páginas. En definitiva, un acto cultural que enlaza con iniciativas similares que tienen como objetivo rendir homenaje al libro y a la obra más universal en lengua castellana.
Todo este mundo idílico de libros, de gente leyendo en voz alta en el hall de una biblioteca, de oyentes al estilo de las antiguas narraciones orales, fue mi pensamiento durante algunas horas, incluso pensé en participar, hasta que alguien me informó de que si bien, esto no es el Círculo de Bellas Artes, no podemos pretender leer el Quijote en su versión extensa, por lo que se va a proceder a leer una versión adaptada, pero no una cualquiera, sino una especialmente realizada para personas discapacitadas o con una comprensión lectora limitada con un vocabulario adaptado a nuestro tiempo.
Quede dicho que es necesario que existan adaptaciones para que esta obra llegue a todo tipo de público y me parece loable la intención de los autores, pero no llegaba a entender el por qué de la elección de esa obra en concreto, el usuario medio de una biblioteca pública suele tener un cierto nivel cultural y si es una cuestión de tiempo, podría leerse otra adaptación o extractos seleccionados…Mi extrañeza se resolvió pronto: la coautora de la obra es por casualidad, el punto más alto de la jerarquía política cultural de este municipio.
Por si les quedaban dudas, este tipo de imposiciones “desde arriba” siguen existiendo, como debía ser costumbre ya en los tiempos de Cervantes.Increíble pero cierto, nunca hubiera imaginado que iba a verme boicoteando la lectura del Quijote en el día del libro.