Mostrando entradas con la etiqueta Fiestas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Fiestas. Mostrar todas las entradas

11 de enero de 2009 | | 4 comentarios

Lo gratis

Les recomiendo encarecidamente que lean el artículo titulado Nuestras autoridades contra el trabajo de El País Semanal de 11 de enero, donde, entre otros asuntos, Javier Marías expone un interesante tema, el derroche que supone el entretenimiento de los ciudadanos por parte de la Administración, notorio más que nunca en época de crisis.

Tiene toda la razón el Sr. Marías cuando manifiesta horripilado que no hay municipio español que no destine dinerales a las llamadas "Comisiones de Festejos" con el fin de organizar todo tipo de actividades que a mí, en particular, se me antojan superficiales desde hace mucho tiempo, pero que desde mi experiencia en ese sector, he podido comprobar que son un escaparate para las masas.

Intentaré ir más allá y decir que en muchas ocasiones he comprobado la querencia del ciudadano por “lo gratis”. Allá donde el ayuntamiento facilite algo – sea lo que sea, se lo aseguro – de forma gratuita, allá que se forman colas interminables. Ocurre con la cola de una hora que se forma para recibir un vaso de chocolate en navidad, las sardinas de carnaval o los almuerzos de las fiestas en verano. Quiero decir con esto, que la culpa de que se destinen partidas de dinero a actividades inútiles es del ciudadano, que pierde la percepción de que ese chocolate, sardina o almuerzo para el que ha esperado pacientemente (y a veces no tan pacientemente) durante una hora, ha salido de su bolsillo y que por tanto, no es gratis. Si el contribuyente rechazara que su dinero fuera destinado a estas actividades – por ejemplo, no arrimándose a ninguna cola – el ayuntamiento desistiría del gesto y el dinero iría a parar a otra cosa más o menos superficial, esa ya es otra historia.

Pero ¿qué ocurre cuando el ayuntamiento decide no hacer una actividad porque no considera conveniente acarrear con ese gasto, o porque no tiene suficiente tirón? que el ciudadano se enfada. Volví a comprobarlo el pasado día 5, en la cabalgata del municipio, cuando los ciudadanos vociferaban al paso de las carrozas contra el Ayuntamiento porque éstas no tiraban suficientes caramelos. ¡¡Rácanos!! – gritaba la señora que tenía al lado. Así – pensaba yo –
así me gustaría verte gritar cuando vayas a quejarte porque te impongan la ORA o porque te han subido algún impuesto o porque no te respondan con la eficiencia debida.

Caramelos, sardinas, chocolate...elementos que individualmente no valen nada y que casi cualquiera podría sufragarse y que multiplicados por 1000, suponen un mordisco significativo del presupuesto municipal. Cosas que el ciudadano debería rechazar pero que al contrario, acepta alegremente de manos de políticos que se sirven de estas cosas porque saben que el contribuyente, no se sabe por qué causas, tiende a fijarse más en la cantidad que en la calidad. Pueden comprobar esta estrategia ustedes mismos en los programas de festejos que precedan al año de elecciones municipales.

Que nadie se extrañe por tanto, si digo que miro mal a algún que otro ciudadano cuando se acerca a la biblioteca y pregunta perplejo ¿y todo esto es gratis?

1 de septiembre de 2008 | | 4 comentarios

Nuevo curso

1 de septiembre...junto al 1 de enero quizás sea la fecha que mayores buenos propósitos tenga. Ya saben...volver al gimnasio, embarcarse en un curso de algo, adaptarse al medio rutinario sin que resulte traumático...y envidiar a aquellos que gustan de irse cuando todos han vuelto, esos que pasan un verano sin complejos al sol de los halógenos y toman el testigo hasta que el verano toca su fin. Yo ya he disfrutado una tanda de vacaciones veraniegas pero también pertenezco a ese último grupo, así que me siento verdaderamente afortunada y sin motivo alguno de queja.

Además, estas tres semanas entre el aterrizaje vacacional y el próximo día 6 de septiembre han estado bastante ocupadas. Por un lado, fiestas de Sanse, con sus elementos festivo-taurinos típicos y la I quedada frikitecaria en Madrid, donde por fin pude ver las caras de los que se esconden tras el alceo de ceja. La crónica de la cena se puede ver
aquí y aquí gracias a Geekteca. Sólo añadiré que estuve rodeada de expertos en gastronomía japonesa y que voy a practicar habitualmente con los palillos para estar a la altura en la próxima ocasión.

Mientras eso ocurre y para ambientarme en el ambiente japo, esta misma tarde he vuelto a ver una joyita que hace años me cautivó y que está localizada en Tokio:
Lost in translation. Una historia dramática y cómica a partes iguales, de una profundidad que te obliga a ir más allá de la imagen, donde los protagonistas se encuentran para sobrevivir a la soledad y logran absorberte. En definitiva, una película en la que ocurre todo aunque parezca que no ocurre nada, obra de la directora Sofía Coppola, hija de Francis Ford Coppola y actual pareja de Quentin Tarantino. Totalmente recomendable.

8 de julio de 2008 | | 5 comentarios

Festejos populares

Confieso que es difícil hacer el amago de levantarse de la cama cuando no hay que fichar con puntualidad hasta las 14 horas, pero estas mañanas cumplo rigurosamente y a las 8 desayuno viendo el encierro.

Si no hubiera sido por las circunstancias, diría que a mí estos festejos taurinos ni fu ni fa...pero lo dicho, las circunstancias son otras y hay que atenerse a ello. Hace algún tiempo tuve un gran golpe de suerte y formé parte del departamento que organiza los festejos de un municipio de costumbres taurinas muy arraigadas, un entramado bastante complejo cuyo montaje dura algunos meses, cuya celebración dura apenas una semana y que milagrosamente, sale adelante con los mínimos recursos humanos que puedan imaginarse.

Llegué allí sabiendo de la organización de festejos lo que cualquiera puede saber, básicamente nada y sobre los festejos taurinos, menos. Cierto es que al haber crecido en el propio municipio tenía asimilado un orgullo autóctono sobre los mejores festejos populares de la Comunidad de Madrid, pero poner en marcha esa máquina y vivirlo desde dentro fue determinante en algunos aspectos de mi vida.

Aquella oficina fue una escuela. Además de una inmersión brutal en el mundo de la compleja administración local, allí aprendí que Sanse no es Pamplona ni quiere serlo y me empapé de cultura taurina, requisito imprescindible para sacar adelante el trabajo, lo que me ayudó a discernir sobre qué me gustaba y qué no en el arte de la tauromaquia.

Conocí a entendidos, a corredores expertos que cada año recorren la geografía para coger toro y hacer la carrera de sus vidas. Manejé las cifras que hay detrás del espectáculo, participé en la organización del tinglado, ví cómo se buscaba siempre la mejora, la excelencia, el encierro en estado puro lejos de la sombra de los sanfermines...y aprendí muchísimo, sobre todo que el encierro puede gustar más o menos, pero es un festejo en el que el toro y el hombre se miden en igualdad de condiciones y que hay quien se prepara para ello con suma seriedad. Son los mismos que desprecian a aquellos que se ponen delante de la manada de cualquier forma y ponen en peligro al resto.

Claro está que el encierro, un festejo considerado popular y menor, es precedente de otro espectáculo muy distinto, más conocido y bastante más controvertido. Considero que lo que sigue a la entrada del toro en la plaza es ya otro arte, harina de otro costal.