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12 de octubre de 2008 | | 1 comentarios

Los Secretos

Se podían haber quedado sobre el escenario Manolo García o Sabina o Fito. Se podían haber quedado tranquilamente y nadie se hubiera quejado del cambiazo, o sí, porque las entradas se agotaron en nada y estaba todo vendido y cuando se dice vendido se refiere a que al parecer no tuvieron que regalar un cuarto de aforo de la plaza para que aquello luciera como lució: lleno hasta la bandera con una media de edad que puede contar algo sobre la movida madrileña y no sólo de oídas.

Comenzaron con el obligado homenaje dentro del homenaje. Difícil era hacer un concierto aniversario y que la figura de Enrique Urquijo no planeara sobre el escenario, el coso y la grada, de ello se encargaron las imágenes proyectadas y las letras, que ahora tienen otra voz, pero que siempre tuvieron otra alma: nostálgica, triste y tan profunda que ha arraigado en el tiempo como sólo pueden hacerlo los buenos temas que acogen en su estribillo un puñado de sentimientos universales.

Enrique Urquijo podría haber estado allí, pero la vida es así y a los seres atormentados que son capaces de crear mientras intentan salir del hoyo, se los lleva para que lo que perdure sea su esencia desgarrada e introvertida. La posibilidad de que Enrique fuera hoy un compositor acabado y alejado de los escenarios sería motivo para que a más de uno se nos rompiera el corazón. Hay que creer en la muerte a veces, en la muerte digna acorde con la vida que se haya vivido, no lo digo yo, lo dice Rilke.

No me podría quedar con un solo tema, porque siempre queda algo que no he escuchado de Los Secretos, alguna canción inédita que no me llama la atención por su ritmo sino por su letra No creo que sea fácil perdurar 30 años con un éxito aceptable, sin caer en el ridículo, sin anclarse en los orígenes, adaptándose a las pérdidas. Así que gusten o no, tienen un mérito indiscutible.

15 de septiembre de 2008 | | 4 comentarios

Noches en blanco

Es la primera Noche en blanco a la que me he dignado a ir. En otras ocasiones me venció la pereza, las temidas muchedumbres, la imposible vuelta a casa. No tener nada en concreto que quisiera ver con mucho interés también contribuyó, pero en esta edición eso ha cambiado.

Después de esperar la reglamentaria cola de 3/4 de hora para conseguir las invitaciones el día de antes, el sábado atravesamos Madrid hasta Legazpi para ver el espectáculo
Canciones para Pedro en el Matadero, un espectáculo-homenaje a Pedro Almodóvar, centrado en la música creada por Alberto Iglesias para acompañar a gran parte de sus películas.

La primera parte estuvo en manos de la Orquesta de RTVE que ejecutó piezas al son de las imágenes que se iban proyectando en la pantalla gracias a la videoartista SOLU y que intentaban agrupar con bastante acierto los rasgos que han hecho característico lo que todos identificamos como estilo Almodóvar.

Tras un descanso más largo de lo esperado,
Concha Buika, a la que la misma Chavela Vargas ha reconocido como su hija negra, inauguró la parte interpretada acompañada a la guitarra por Javier Limón, el productor que le ha permitido darle un nuevo giro a la copla. Con su voz desgarrada cantó, entre otras, una inolvidable versión de Volver que nos dejó sin respiración. Con el último trago se unió a la portentosa voz de Miguel Poveda, un nuevo valor del flamenco que ha obtenido el Premio Nacional de Música y que cantó un Piensa en mí muy difícil de olvidar y que fue mi gran descubrimiento musical de la noche, de hecho, pienso dedicar algunas horas a escuchar lo que haya grabado hasta la fecha. El broche final lo puso Eva Yerbabuena, que bailó acompañada de la voz de Poveda y más tarde, con su cuerpo de baile al completo.

Tras eso, la hora se nos echó encima para ir a ver al funambulista que iba a recorrer el espacio que hay entre el Banco de España y el Instituto Cervantes, otro de los actos que me apetecía ver y que posteriormente nos hemos enterado por los medios que fue suspendido por el viento. A cambio nos encaminamos hacia Plaza de España para ver cómo la gente había tomado la Gran Vía y muchos hacían cola a la puerta de casi todos los teatros que ofrecían ver el backstage de la Bella y la Bestia o conversar con el elenco de la compañía la Cubana.

Camino a Callao paramos a conocer uno de esos bares que la Gran Vía guarda en la trastienda y en cuya barra bien podría acodarse Juan Madrid. Sólo le pusimos cara, porque apenas pudimos franquear el medio cierre para encontrarnos con unos amigos que apuraban la primera copa de la noche. La segunda tuvo lugar en la barra de
Destino Gran Vía, otro de esos pubs que no estaría mal tener a mano como comodín para dejarse caer cualquier noche. De ahí a casa, aprovechando que el metro hace horas extras en contadas ocasiones.

Y para rematar el fin de semana, lo último visto en cine ha sido
El rey de la montaña, película protagonizada por Leonardo Sbaraglia y María Valverde de la que desconocía por completo la sinopsis y a la que confieso haber llegado guiada por una elección de último minuto frente a la taquilla. La crítica queda en blanco debido a que, además de no saber muy bien qué contar sobre ella, mi opinión y la de los críticos profesionales que he leído a posteriori, son dos mundos opuestos entre los que media una distancia insalvable. Así pues, mejor lo dejamos estar.

22 de junio de 2008 | | 0 comentarios

Fenómeno Fan

Sábado 21. El Palacio de los deportes lleno hasta la bandera. Convertido en una gran sauna durante media hora de teloneros y dos de horas de concierto, frente a un escenario que, admitámoslo, ha sido la gran inversión de la gira y por sí sólo, ya logra la mitad del show. De la otra mitad del espectáculo que queda, un cuarto lo pone Madrid desde la grada y el resto lo pone él, el niñato que nunca dejará de serlo aunque se haya borrado el tatuaje y lo haya sustituido por una flecha que no sabemos muy bien a dónde apunta, que analizado técnicamente, no despunta en nada, no canta de maravilla, ni actúa bien, pero que tiene para algunos un poderoso don que impera en la industria del artisteo: el morbo. Producto neto de la mercadotecnia que si se aprovecha bien, puede abarcar mucho más que el imperio adolescente.

Los orgullosos herederos de Hombres G, cantan loas entre canción y canción al rock patrio, a Los Ronaldos, a M-Clan y a Pereza. Un ejercicio de coherencia para un grupo musicalmente inferior a alguno de los mencionados (y vocalmente inferior si aludimos a la insuperable voz de Carlos Tarque) pero que ha sabido subirse al carro del merchandising como ninguno y de paso, colman de atenciones y agradecimientos personalísimos a la madre que los parió, novias, amigos y demás congéneres en una mala costumbre que no se les quita con los años y que quedaría feo en cualquier otro grupo, pero que a ellos parece serles útil para aferrarse a esa humildad y normalidad de la que no quieren desprenderse, aunque tengan un pabellón con todo vendido desde 6 meses antes.

Pero para verlo tan claro y opinar así el día después, primero hay que dejarse deslumbrar por los decibelios, chillar los estribillos (inclusive los ripios), alcanzar el delirio en cada pose chula del cantante y meterse en la dinámica que mueve a las masas en los conciertos. En definitiva, nunca es tarde para experimentar el fenómeno fan al borde la treintena.

14 de mayo de 2008 | | 2 comentarios

Sin secretos

Las buenas canciones perduran en el tiempo, se enredan en la memoria del oyente, superan la indiferencia de los medios y se transmiten mediante el boca-oído, premian a sus autores con la gloria de haber hecho feliz a algún oyente, o a miles...

Eso pone en el libreto de la edición especial con motivo del 30 aniversario de Los Secretos que hoy me llevo a casa para escucharlo en los ratos tontos en los que entre hoja y hoja, bostezo y bostezo, se me vaya el santo al cielo.

Cierto es que en mi memoria, hay momentos que sólo caben en una canción de Los Secretos, y que en su inmensa mayoría son atisbos tristes del pasado, lógico si tenemos en cuenta la línea melancólica del repertorio del grupo. Pero mi teoría es que son canciones de las que te hacen tocar fondo para luego resurgir de tus cenizas y poder pasar a otras notas más animadas, una especie de transición musical para la superación de dificultades. Algo similar me pasa con Revólver.

Me hubiera encantado ver en directo al grupo original, pero he tenido que conformarme con ver en acústico a la formación que, desde el fallecimiento del alma del grupo, lidera Álvaro Urquijo. Excelente concierto, buenísimo sonido en el Conde Duque en el 2003, pero sin Enrique, algo descafeinado.

Son 4 CD's entre audio y video, pero voy a empezar por buscar qué corte hay que poner para que cuando monte en el coche suene Cambio de planes.