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15 de diciembre de 2009 | | 0 comentarios

Artes mayores y menores

Mi trabajo actual es burocracia con mayúsculas, procedimiento administrativo puro y duro y un sinfín de formalidades que llevan nombre, firma y sello para ser válidas en este ámbito cuadriculado por necesidad que es la Administración Pública.

Según lo pienso, mi trabajo tiene sus artes mayores, a saber: los edictos y el cementerio. Los primeros se han ganado el título por ser una parte importante de mi tiempo, lo segundo me ha hecho cambiar las lentillas por una lupa para que no se me escape un detalle...creo que nunca había sentido una responsabilidad tan grande hacia algo que estuviera en mis manos. Ahora ya tengo cierta sensación de saber por dónde me ando, pero los primeros días fueron terribles.

Siempre digo lo mismo...un aprensivo lo pasaría mal. Yo no lo soy, pero reconozco que el tema me saturaba los primeros días. El vocabulario fúnebre es de todo menos divertido, igual que lo que ocurre en torno al cementerio, nada especialmente chistoso. Pero hoy ya se ha convertido en un procedimiento y además, me he dado cuenta del dineral que mueve un tema tan presente en la vida del que sin embargo, nadie quiere oír hablar. Y es que...ojito con la de situaciones que se pueden ver desde la mesa de un despacho en relación a los fallecidos que nadie quiere, que nadie paga para mantener donde están, o que los allegados no se ponen de acuerdo sobre qué hacer con ellos.

Me contaban el otro día algunos compañeros nuevos en una comida prenavideña que estando en el puesto de trabajo, habían visto como alguien se les ponía a llorar. Había ocurrido en Hacienda y Urbanismo y me parecía sumamente curioso, porque si lo piensan, sería más lógico que ocurriera en mi sección y por lo contrario, eso todavía no me ha ocurrido, aunque no es descabellado que cualquier día ocurra.

Al revés, en mi puesto de trabajo he visto a más de una pareja besándose mientras acabo el trámite, sin pudor, allí ¡en mitad del Ayuntamiento! No es broma, es que una de mis artes menores es el registro de parejas de hecho, que aunque sea un trámite de lo más soso y sencillo, resulta muy gracioso ver como muchos, sobre todo los más jóvenes, no pueden evitar la sensación de pensar que se están casando o algo así y sienten el ímpetu de besarse antes de levantarse de la silla.

En fin...cualquier día me salgo del traje de funcionaria gris y me arranco con un poemilla benedittiano, un "puedes besar a la pareja de hecho" y un puñadito de arroz. Aunque hay quien es más práctico, como mi compañero de al lado y me aconseja que cambie todo eso por un "os deseo que duréis más de una semana".

15 de octubre de 2009 | | 2 comentarios

Metidos en harina

Semana de cambios drásticos: cambio de horario, de lugar de trabajo, de funciones...y sin sacar la cabeza de los montones de papeles y expedientes que he tenido sobre la mesa, salvo para desayunar, entiéndase que el desayuno es sagrado.

Pues sí, hay un mundo más allá de las bibliotecas, un gran universo burocrático, donde no paran de sonar los teléfonos, la gente se llama a voces de un despacho a otro y ¡oh! esto es lo mejor, tengo una mesa propia que para satisfacción mía, no es un mostrador.

He pasado de decir que trabajo en una biblioteca con la consecuente cara de vaya ¿y eso te gusta?...a decir que trabajo en Asuntos generales, que es como muy misterioso y queda así como que no se sabe muy bien lo que haces. Hay quien se atreve entonces a preguntarme en qué consisten tales Asuntos generales (qué descaro) y yo cuento que llevo los edictos, las uniones de hecho, las familias numerosas, las elecciones (cuando lleguen) y atención, el punto freak del tema: el cementerio.

Habrá por ahí quien piense que si lo que quería eran usuarios silenciosos, he tenido la suerte de mi vida. Hombre...por fortuna no hablo con ellos, sino con los familiares y allegados que aún pueden venir al ayuntamiento a hacer los trámites, con ellos y con los chicos del cementerio que de vez en cuando se pasan por mi pecera, que son la mar de majos y para nada tienen pinta de enterradores.

Pero no se crean que es tan fácil desvincularse, la morriña me ha invadido en algunas ocasiones, pero en general, estoy contenta con el cambio y sobre todo con mi elección, creo que no me he equivocado y ése era, sin duda, mi mayor temor. De todas formas, lo que más añoro, que son algunas compañeras, están ahí para compartir cualquier desayuno (otra vez la palabra).

Así que ahora disfruto las mieles del turno de mañana y de las larguísimas tardes (en comparación con las cortísimas mañanas) ociosas. Ahora por fin tengo esa mesa que puedo decorar con las artilugios "indispensables" que me regalaron con el aprobado aquellos malpensados que piensan que los funcionarios no trabajamos.

2 de octubre de 2009 | | 4 comentarios

Adiós con el corazón

No sé qué echaré de menos, tendría que hacer inventario. Ójala tuviera la memoria de Rafael Reig, que se acuerda de los libros que ha leído cada verano desde los 15, o la de aquellos que pueden presumir de recordar todos los resultados de las ligas de fútbol desde el año 90. Me gustaría que fuera así para no olvidarme de algunas caras, de algunas situaciones, en definitiva, de la sensación que se tiene tras un mostrador, de cara a todo aquel que viene a entretener a los niños, que tiene prisa porque dejó el coche en doble fila o que trae la carcasa vacía porque olvidó sacar el disco del DVD después de ver la película.

Allá se van a quedar las risas flojas porque tienen tres meses de sanción, las mujeres que hacen acopio de revistas de labores y el hombre que no ha escrito nunca un e-mail. Allá también van a quedar los malos modos y la falta de cortesía, el desorden y la mala costumbre por la que casi nadie dice hola y mucho menos hasta luego y gracias. Por quedar, va a quedar hasta una fórmula científica, la que dice que la velocidad de huida del usuario escaleras abajo es directamente proporcional al tiempo de retraso en los préstamos.

Sobre ese mostrador he soñado despierta, me ha pasado un larguísimo proceso de oposición por encima y he recibido buenas y malas noticias mientras los usuarios iban y venían con sus preguntas. Me he asombrado de la capacidad que se puede llegar a desarrollar para saber cuál es el título de una película o de un libro con datos absolutamente mínimos y ya sé que se puede estimar u odiar a una persona con tan sólo tratarla un par de veces y sin saber ni siquiera su nombre. Así de sencillo.

Ahora siento la necesidad de trabajar de puertas para adentro. Había olvidado los nervios de tener un trabajo nuevo y de no dominar la situación y es que creo que ahora voy a echar en falta la sensación de estar abajo pero con los conocimientos suficientes como para entender qué hacen los de arriba, tener muy claro en lo que soy experta y de lo que puedo hablar. Pero entiendo que la vida es esto: cambio y a veces también es algo más, es borrón y cuenta nueva.

Sé que parto de cero, pero lo hago con mucha ilusión en hacer una buena elección y en aprender cosas nuevas. El tiempo dirá. Lo importante es, como dice Antonio Muñoz Molina, encontrar tu sitio y sobre todo, ser feliz.

En plena faena ordenadora

El equipo

Bye Bye mostrador

30 de septiembre de 2009 | | 1 comentarios

Cosas

Vivo en una de las calles más grandes de mi localidad. La ventana de mi habitación, situada en un primer piso, tiene vistas a esa calle por la que transita a diario un montón de gente. Esta mañana cuando me he despertado y he subido la persiana como cada día, mi primera visión ha sido ver pasar a un usuario de la biblioteca. No sé vosotros, pero yo pienso que esto no puede ser bueno.

1 de septiembre de 2009 | | 3 comentarios

Dilemas

Es difícil que septiembre no sea un mes raro...síndrome clarísimo del fin del verano, reencuentro de las cosas que siguen como estaban, incluso las que nos hubiera gustado que cambiasen en nuestra ausencia. Este mes sigue teniendo nombre de retorno, aunque sea mes de vacaciones para muchos y sigue, al menos para mí, hermanado con enero por la vuelta a empezar y la ristra de propósitos.

Ya lo hemos pasado bien, ya hemos agotado los días de vacaciones y quedan unos cuantos días sueltos que tendrán que ser distribuidos de aquí a fin de año para no perder la paciencia. Ahora, en septiembre, hay que recordar las cosas que se dejaron para después del verano, la toma de decisiones retrasada toma vigencia y yo, aunque intento hacerme la loca, no puedo evitarlo y empiezo a inquietarme.

La situación es la siguiente: aprobé una oposición y obtuve una plaza que teóricamente (salvo cambios drásticos) me garantiza cierta seguridad económica de aquí al fin de mis días...pero también obtuve una plaza que se aleja un poco de mi formación y del trayecto que tenía marcado en mi imaginario. Dada mi situación personal y la mundial, no me quedaba otra.

Poco después del aprobado, se presentó otra oportunidad que se circunscribía a mi área de conocimiento: las bibliotecas, con posibilidades de acceder a una categoría superior y consolidarla dentro de unos años...y por un tiempo, he dedicado mi empeño a hacerme con esa plaza porque de lo contrario, tomaré posesión de la plaza que he sacado por oposición y me veo en la obligación de empezar de cero, de cambiar completamente de profesión. Podría quedarme en bibliotecas tal y como estoy, pero ni las funciones ni las condiciones son las mejores a las que podría optar si cambiara de área. Por poner un ejemplo, si cambio, podría optar por una plaza de mañana, que a la larga, me va a resultar apetecible.

Después de una lucha infructuosa, de darme de cabezazos contra la pared del ayuntamiento y de agotar las posibilidades para no tirar por la borda mis años de intensa especialización, no me han permitido optar a dicha plaza, tengo que decidir dónde quiero desempeñar el puesto ganado por oposición y aunque tengo muy claro que no me disgusta el cambio ni me asusta el aprendizaje, soy consciente de que después de tener cierto currículum, el cambio total es bastante duro.

Tengo que tomar una decisión y no acabo de tenerlo claro, las alternativas que preferiría no son las óptimas (me encantan cultura y juventud pero no son buenas opciones por diversas causas) y las que reúnen las mejores condiciones, no acaban de convencerme (tesorería, intervención y áreas económicas que no me resultan muy amigables), así que estoy en una encrucijada de la que no sé muy bien cómo salir y que me tiene estos días de bajón anímico.

Hoy por hoy sólo veo dos alternativas: independientemente del departamento en el que recaiga, seguir estudiando al mismo nivel de siempre y seguir optando a una escala más alta en bibliotecas o hacer borrón y cuenta nueva e iniciar nuevos estudios universitarios con la idea de aprovechar las hipotéticas promociones internas acordes con la plaza que voy a ocupar.

La primera opción se me hace cuesta arriba porque tengo una sensación de hartazgo bastante grande y no me veo con fuerzas para volver sobre mis pasos y la segunda me produce un poco de frustración porque me da la sensación de que mis estudios universitarios y mi experiencia no son suficientes y que tengo que formarme de nuevo si no quiero estancarme.

En definitiva, llevo unos días sin salir de esta espiral y he pensado en lanzar mis dudas al exterior, a ver si alguien las recoge y quiere decirme qué le parece todo esto.