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24 de noviembre de 2008 | | 0 comentarios

Poesía en escena II

El sábado volvimos a apuntarnos al plan de Poesía en escena. Ya saben, ciclo de poesía de diversas modalidades, conjugando diferentes artes. Así, un día nos encontramos ante poesía teatralizada y otro musicada. En definitiva, poesía mezclada con diferentes elementos y hecha por distintos autores, poesía que siempre queda bien y combina con todo.

Esta vez, poesía femenina y joven: Vanesa Pérez-Sauquillo y María Eloy-García. La primera, muy espontánea con su poesía apoyada en el gesto preciso, en el recital lento y pausado, en el tema cotidiano como demostración de que se puede hacer poesía sobre la ropa tendida y la cajera del supermercado, por qué no. La segunda, más introvertida, más lírica, muy suave en el gesto y en el verso. Y haciéndoles compañía a la izquierda del escenario, un cuarteto de jazz fuera de lo común, con sus instrumentos al uso y con otros que no lo eran tanto y una voz sorprendente, inusual, que borboteaba al hilo de los versos.

Y después nos fuimos corriendo, que habíamos quedado. Las invitadas al plan de la tarde enlazamos con el plan de la noche, con el oriental que no pestañea y nos contamos, porque hacía mucho que no nos veíamos en sábado y nos animamos con los futuros viajes y planeamos nuestro fin de año, que esta vez, caerá en día 3.
Y después de todo nos despedimos, porque creo que volveremos a coincidir más pronto que tarde, porque el sábado que viene puede que haya poesía en escena o puede que un musical, aún no se sabe con certeza. Lo iremos decidiendo sobre la marcha, según llegue el cuerpo al final de la semana.

31 de octubre de 2008 | | 2 comentarios

Variedades

Realmente no es que tenga mil motivos para no aparecer por aquí, si no simplemente dos: el estudio y el trabajo. Queda un hueco mínimo para otras cosas y algún entretenimiento ha de quedar relegado, esta vez le ha tocado al blog, para desgracia de los amantes de Sibelius en las inmediaciones de Pintor Rosales.

El hueco mínimo aún guarda ratos para el cine y para la poesía. Lejos quedan las series y la media de películas ha bajado sustancialmente, aún así, se me amontonan unas cuantas bajo el epígrafe
¡¿no me digas que no has visto la de...?! que últimamente se repite más de lo que quisiera, dejando al descubierto las lagunas que anteriormente podía, mal que bien, disimular. Son los efectos de frecuentar la compañía de un cultureta. Aún así, he visto cosas: Quemar después de leer, a lo Coen, Il y a longtemps que je t'aime, soberbia Kristin Scott Thomas y El niño del pijama de rayas, bonita pero sin llegar a la lágrima para la que suscribe, que no ha leído el libro.

Por otro lado está la poesía. Para disfrutar de ella en profundidad se necesita tiempo y tranquilidad, factores de los que ahora mismo no dispongo, así que sufro en silencio las consecuencias de no estar a la altura en la lectura que precisa Rilke o los simbolistas franceses que vendrán. Aún así, no me doy por vencida y sigo persistiendo en el intento desesperado de adaptarme a las circunstancias.

Como nunca está de más ver lo que la poesía pueda dar de sí en su modalidad escénica, el sábado 25 me fui a ver en compañía de poetas y no poetas a Gracia Iglesias, dentro del ciclo Poesía en escena organizado por el Centro de Estudios de la Poesía de Sanse. Ella misma aporta la crónica en su
blog.
Mientras el invierno sigue abriéndose paso a través del otoño, me quedo pensando en la cena japonesa que me espera esta noche, en la celebración familiar y en la visita nocturna al sur de la capital que me espera mañana para brindar por esos nuevos techos que esperamos sean capaces de soportar lluvias como las de estos días. Pienso en eso y en algún futuro viaje que ya va tomando sabor a vino tinto y por qué no...en quedarme encerrada durante unas horas entre cuatro paredes vacías.