14 de julio de 2009

Calma absoluta

Pues sí, ya estoy de vuelta de la tranquilidad, de hacer el muerto en el agua, de las carreritas matutinas por el paseo marítimo, de los desayunos, comidas y cenas en la terraza, de estar tirada a la plancha durante horas enganchada a un libro y...aunque había ganas de volver, esa vuelta siempre es agridulce, porque aquí están las terracitas de verano y los amigos y la falsa independencia y una vidilla que no había en estas fechas por allí, pero allá se quedan "las saludes" delicadas y un remanso de paz que alivia cualquier estado de ánimo trastocado. No sé si vengo nueva, pero sí descansada.

Como mi salida fue tan apresurada y no sabía si finalmente habría o no vacaciones, me llevé un solo libro, el primer volumen de Millenium de Stieg Larsson: novela negra sofisticada y objeto de culto gracias a una gran campaña de márketing. Cuando éste se acabó intenté hacerme usuaria de la biblioteca, pero me pedían fotocopia del DNI y fotografía y como no suelo viajar con ello, tuve que correr al Carrefour a buscar algo de bolsillo, así que me leí La bodega de Noah Gordon: ficción histórica ideal para tumbona.
Tampoco me llevé las películas que había recopilado, así que hice lo que no hago el resto del año: ver la televisión y pasó lo peor que podía pasar, que se murió una celebridad y he visto todos los especiales (funeral inclusive) y todas las repeticiones de We are the world que sean capaces de imaginar. A cambio, he descubierto un programa maravilloso al que le agradezco infinitamente los ratos de entretenimiento: Desafío extremo de Jesús Calleja.

Y después de esta tanda tan tranquila y relajada, quedan dos semanas en agosto muy bien repartidas: una en el Algarve y otra en Galicia. Una vez pasado lo difícil: la planificación y la búsqueda de rutas y hoteles, ya sólo queda lo mejor: disfrutarlas en la mejor compañía.

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