Este año, mi primera tanda de vacaciones iba a ser más pronto que nunca, pero debido a una urgencia quirúrgica de mi progenitor en tierras levantinas, tuve que recoger los bártulos antes de tiempo sin echar el preceptivo "cierre por vacaciones" como está mandado y como estaba dispuesto en mi lista de cosas que hacer antes de irme.
Así pues, salvadas felizmente las circunstancias en la sanidad pública, aquí me encuentro, a la orilla del Mediterráneo, cumpliendo con rigor las duras 4 ó 5 horas de jornada diaria que requiere un buen bronceado, imponiéndome una dura rutina de desayuno-playa-comida-siesta-playa-cena y tiempo libre que se prolongará unos cuantos días más.
A pesar de que estas ocupaciones tienen sus detractores (hay quien insiste en hacerme sentir mal por mi recreación en la nada cotidiana ¡qué mala es la gente!) creo que al fin tengo las vacaciones que este largo año se merecían. Cierto es que en mis sueños opositoriles pensaba ilusioriamente que en mis primeras vacaciones me encontraría paseando por un malecón...pero la realidad es otra y desde luego, yo no voy a quejarme...además, siempre nos quedará agosto.
Así que desde un remoto locutorio donde he podido conseguir acceso a Internet (previo paso e intento fallido en la biblioteca municipal), echo el cierre que se quedó entre las cosas que no pudieron hacerse por las prisas de partir apresuradamente de madrugada.
Hasta la vuelta.
Así pues, salvadas felizmente las circunstancias en la sanidad pública, aquí me encuentro, a la orilla del Mediterráneo, cumpliendo con rigor las duras 4 ó 5 horas de jornada diaria que requiere un buen bronceado, imponiéndome una dura rutina de desayuno-playa-comida-siesta-playa-cena y tiempo libre que se prolongará unos cuantos días más.
A pesar de que estas ocupaciones tienen sus detractores (hay quien insiste en hacerme sentir mal por mi recreación en la nada cotidiana ¡qué mala es la gente!) creo que al fin tengo las vacaciones que este largo año se merecían. Cierto es que en mis sueños opositoriles pensaba ilusioriamente que en mis primeras vacaciones me encontraría paseando por un malecón...pero la realidad es otra y desde luego, yo no voy a quejarme...además, siempre nos quedará agosto.
Así que desde un remoto locutorio donde he podido conseguir acceso a Internet (previo paso e intento fallido en la biblioteca municipal), echo el cierre que se quedó entre las cosas que no pudieron hacerse por las prisas de partir apresuradamente de madrugada.
Hasta la vuelta.


